El Norte de Castilla

La entrada de los reyes

Vista de la Bajada de la Caneleja, con las primeras casas del barrio de San Millán.
Vista de la Bajada de la Caneleja, con las primeras casas del barrio de San Millán. / A. de Torre
  • La Bajada de la Canaleja se construyó para eliminar un túnel que comunicaba la Calle Real con el barrio de San Millán

Muchos de los espacios del centro de la ciudad se han mantenido prácticamente inalterables durante siglos. Sin embargo, en pleno corazón del recinto histórico ha habido un espacio cuyo aspecto ha dado un giro de 180 grados.

Es la Bajada de la Canaleja. Hoy es un espacio que tiene su entrada por la calle Cervantes y finaliza en la intersección de las calles de Doctor Pichardo, Arturo Merino y la de Santa Engracia. Actualmente, es una gran pendiente con numerosos escalones, y una rampa que une la parte más alta de la ciudad con el barrio de San Millán. Los que suben y los que bajan hoy en día hacen un importante ejercicio, viendo unas casas bajas que van descendiendo a medida que disminuye la calle.

Con un característico empedrado en el suelo, es una travesía con apenas un bar de establecimientos hosteleros, uno de ellos con flecos metálicos en su exterior, a los que más de uno ha intentado dar para hacer alguna gracia dándose un fuerte golpe en la mano.

Pero la Canaleja no era ni muchos a menos así ya que entorno a 1882 era un lugar sucio, de olor insoportable y donde se cometían todo tipo de fechorías. De hecho, el Ayuntamiento de Segovia recibió un año antes, un escrito donde un centenar de vecinos pedían su desaparición. Los vecinos aseguraban que el lugar se hallaba convertida «en letrina con tanta frecuencia, exhalando miasma fétidos, que obligan al transeúente á pasar con ciertas precauciones y á presenciar algunas veces espectáculos repugnantes».

El proyecto planteado por el arquitecto Odriozola se veía con buenos ojos, por ser al aire libre así como acortar las distancias por lo que «apoyados en el interés general y la mejora del ornato y la sanidad públicas, la propuesta será aprobada tanto por las Comisiones de Obras y Policía Urbana como por el pleno municipal…ni las murallas, ni el arco y puerta de San Martín deberían ser un impedimento para acometer la empresa», explica Miguel Ángel Chaves en su libro ‘Arquitectura y Urbanismo en la ciudad de Segovia (1750-1950’). Por tanto, la construcción de la Bajada de la Canaleja también supuso la pérdida irreparable para la ciudad de la Puerta de San Martín, adosada a la Casa de los Picos.

La conciencia por conservar el patrimonio histórico no se parecía en absoluto al actual. De ahí que fueran muchos los que apoyaron el derribo de este tipo de monumentos que impedía el entonces desarrollo urbanístico de la ciudad, bajo la sombra de la línea de ferrocarril Medina-Segovia.

Apenas un par de voces autorizadas se escandalizaron por aquel despropósito, como Ezequiel González, que formaba parte de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País. González fue quien alertó del valor «artístico e histórico» de aquel arco, al ser el lugar por donde los reyes juraban los fueros de la ciudad antes de entrar. De nada sirvió su intención de que se aboliera el acuerdo municipal para realizar el ensanche, que a su juicio, «no iba a ser la panacea».

El Ayuntamiento de Segovia, con el alcalde, Mariano de la Torre Agero, al frente, aprobó el derribo de este monumento el 11 de julio de 1883, obras que se iniciarían el 27 de julio de aquel año, según desvela Carlos Álvaro en sus ‘Crónicas retrospectivas II: Lugares, vivencias y sucesos en la Segovia de nuestros abuelos’. «Todos los vecinos, todos, y en particular los más inmediatos a la peligrosa bajada, daban señales de júbilo y manifestaban al que quería oírles, el reconocimiento que guardan hacia el nuevo alcalde, á quien deben su salvación si las obras no se interrumpen».

La prensa de la época también defendió este tipo de derribos, días después de que comenzara su destrucción, como el semanario ‘La Tempestad’, texto que también recoge Álvaro en su libro. El editorial del periódico, titulado ‘¡Adelante!’, lo dejaba muy claro: «Bueno fuera que el ayuntamiento, lejos de paralizar las obras de la puerta de San Martín, emprendiera además el derribo de las otras puertas, que no valen seguramente las molestias que al vecindario ocasionan. Y el arco de Santiago, ruinoso desde tanto tiempo hace, y la puerta de San Juan, que impide el ensanche reclamado por la calle del mismo nombre y su continuación, debieran venir al suelo para dar más amplitud á la vía pública, y evitar desgracias que son inminentes mientras subsistan esos ‘monumentos cursis’».

Hoy desde la parte superior de la Canaleja, ya sin la puerta de San Martín, al menos existe un formidable mirador, desde el cual se puede contemplar una fantástica vista de Segovia y sobre todo de la Mujer Muerta, que en meses como los actuales, muchas veces se ve cubierta de nieve.

El frío también hace que en este espacio se sitúe en esta época del año un puesto de castañas asadas, cuyo aroma se hace sentir desde bastantes metros más atrás, que atrae a segovianos y turistas hasta este lugar donde las frías corrientes de aire son frecuentes en una época que roza prácticamente la invernal.