Dime qué vermú bebes...

Masterclass en torno al vermú, ayer, en Palacio Quintanar.
Masterclass en torno al vermú, ayer, en Palacio Quintanar. / Diego Gómez
  • Masterclass de Óscar Solana y Alfonso Fraile en Palacio Quintanar

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Los segovianos mantienen intactas las tradiciones verbales castellanas, a pesar de que lo expresado nada tenga que ver con el fin último, ¿o sí? El caso es que en Segovia se tiene la bendita costumbre de ir de vermú después de misa, cuando en realidad ni se va a misa ni se bebe vermú, pero la quedada es la quedada e ir de vermús se convierte en todo un acto social de ineludible seguimiento para todos aquellos que tienen en el bar un punto de referencia más allá de tomar un vino, una cerveza, y, por qué no, un vermú. Y de eso se trató en Palacio Quintanar, de quedar para degustar una de las bebidas de moda, cuyo revival en todo el país ha situado al vermú a la altura de la que nunca debería haber bajado.

Y si a todo esto le añadimos la extraordinaria y aterciopelada voz de Henar López, bajo los acordes de la guitarra de su partenaire en el dúo Wine Not, sumado a la masterclass ofrecida por los cántabros Óscar Solana y Alfonso Fraile, entonces, nos encontramos ante una cita cargada de un destacado puñado de razones para beber, siempre desde la moderación, este vino de moda, convertido ya en todo un rito matutino y dominguero que cuenta entre sus filas con un buen número de adeptos gracias, en parte, a los profesionales que como Solana han devuelto al vermú un aura de autenticidad que ha calado con fuerza entre la población veinte o treintañera que ha hecho suya esta bebida, generalmente de vino blanco, ajenjo y otros botánicos amargos, cuando no hace mucho era el aperitivo de sus padres y abuelos.

Una nueva cultura gastro que tiene sus particulares popes, como es el caso de los segovianos Luis Carlos Martín, de La Cava, y Juan Carlos Garrido, de Momentos, que asistieron al ganador del mejor gintonic del mundo, que no es otro que el mencionado Óscar Solana, preparando tres vermús diferentes, pero buscando convencer a los alegres paladares que escuchaban ensimismados las canciones de Henar. Un Rox Mut, Miró y La Pepa fueron las referencias elegidas, vaporizadas con agua marina alguna de ellas, elegidas para inundar de vermú el acogedor espacio de Palacio Quintanar, no sin antes saborear la referencia del bartender cántabro, de homónimo nombre.

En resumidas cuentas, los segovianos se fueron de vermú, recuperaron las viejas tradiciones y ya de paso no dejaron de alternar bebida con bocado japonés servido por Sushicatessen; ibéricos, quesos y jamón cortado a mano de Montenevado, aunque a un servidor le hubiera gustado maridar estos fantásticos vermús con una anchoa de Santoña, una ‘Bomba’ de la Cova Fumada de Barcelona, o unas ‘Gildas’ de Casa Vallés de Donostia, o ya puestos unas bravas de Casa Pellico, en Madrid. Sea como sea, me gustó ir de vermús, aunque siempre me pasa lo mismo, se me olvidó ir a misa.