El Norte de Castilla

Venta Magullo, la aldea gala de la fiesta de la burbuja

Álvaro Moreno (i), Gregorio Domingo, Nacho Tapia y Manuel Lucio. Ramiro Doldán
Álvaro Moreno (i), Gregorio Domingo, Nacho Tapia y Manuel Lucio. Ramiro Doldán
  • otoño enológico

  • Á la volé trae hasta Segovia a 270 personas en el ‘Champagne weekend’

A los chicos de Á la volé se les está yendo de las (copas) manos esto del champán. Comenzaron hace pocos años con catas discretas, acompañadas de sushi y quesos, siempre dentro del Otoño Enológico de Caja Rural, y hoy esos casi clandestinos encuentros gastronómicos se han convertido en una masificada fiesta, que bajo el nombre de ‘Champagne weekend’ ha congregado este fin de semana en Segovia a 270 personas venidas desde todos los rincones de España para participar en la segunda edición de esta apoteosis del vino más famoso del mundo, y que Álvaro Moreno, Nacho Tapia, Manuel Lucio y Gregorio Domingo, ‘Los cuatro magníficos de la burbuja segoviana’, han materializado en catas, ponencias y eventos que ya quisieran las grandes urbes para sí.

Y si tuviéramos que elegir una aldea gala para la fiesta de la burbuja esa sería, sin lugar a dudas, Venta Magullo, donde la cita se convirtió, copa a copa, en una noche de vino y rosas; de ocho champanes y de una cascada de tapas mecidas por la mano del chef Óscar Calle, que un año más sorprendió con sus sencillas, pero envolventes, propuestas culinarias que abarcaron desde un humilde torrezno, más rico que el pan, a tartaletas de langostinos, croquetas de jamón o de rabo de toro, pasando por frituras de verduras que le venían a la burbuja como anillo al dedo. Como así también fueron los quesos de Quesería Cultivo, algo más que una tienda de quesos en Madrid, ya que tres de los grandes  de la maduración de la cuajada de la leche, como son las vallisoletanas Granja de Cantagrullas, Los quesos de Juan y la cántabra La Jarradilla, están detrás de este paraíso donde se pueden encontrar los mejores quesos del mundo, ineludibles para beber los mejores champanes low cost que Á la volé volvió a traer a Segovia.

Ocho champanes ocho. Así como suena, fueron los catados en la noche molona de Venta Magullo, convertida en un ágora gabacha donde numerosos dialectos e idiomas (castellanos, andaluces, madrileños, valencianos, catalanes, gallegos…) confluyeron en un espacio común en el cual el vino y la armonía de los fogones de Óscar constituyeron un todo, del que muy bien podrían beber nuestra clase política en aras de buscar ese punto de encuentro con el diálogo en una mano y con una copa de champán en la otra.

Yo, sin lugar a dudas, les ofrecería para buscar la confluencia un Jean Pierre Launois Brut-Millésime-Gran Cru, elaborado por uno de los vigneron más ecológicos de Francia. Un vino que solo se embotella cuando la cosecha ha sido magnifica y merece ser resaltada. Un blanc de blancs (uva exclusivamente chardonnay) que arrancó la cata y que yo personalmente lo hubiera dejado para el final como broche burbujeante a una cita épica en la que hubo de todo un poco, con el chardonnay, una vez más, como el gran triunfador de la noche de la mano de Laherte Freres, pasando por el clasicismo aportado por el blanc de noirs Charlot-Tannerus, hasta alcanzar al rosé Huré Fréres Insouciance (me encanta). De los que no me gustaron, e incluso alguno me desagradó, me reservo los nombres.

Lo que no deberíamos reservar es la gratitud que le debe Segovia a estos cuatro amigos del vino, porque no solo han puesto de moda el champán, aunque sea catarlo de pie durante tres largas horas, que de tratarse de otro vino sería considerado tortura, también llevan a cabo una tarea solidaria a través de sus vinos 2C2 que merece, como mínimo, el aplauso de la sociedad y la gratitud de todos los bebedores del néctar de la vida, del antioxidante más potente que se conoce y del elixir de la eterna juventud: El vino.