El Norte de Castilla

Estas son las gallinas más pequeñas del mundo

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El juez John Benoot (i) y Sergio Amien valoran una de las aves. / Antonio Tanarro

  • El pueblo segoviano de Ochando acoge la primera competición monográfica de serama, la raza de gallináceas importada de Malasia para la cría con fin ornamental y como animal de compañía

El porte, el tamaño y la postura, sobre todo la postura, son lo más importante. El juez John Benoot tiene en cuenta varios parámetros para valorar una gallina serama, el color, el aspecto de las plumas, la forma de las alas o el tamaño, pero sobre todo mira la posición del cuerpo, el ángulo de la cabeza y de la cola cuando estas aves miniatura, «las gallinas más pequeñas del mundo», posan sobre la mesa. Es una raza tranquila, que no se asusta y no es agresiva. Machos y hembras se quedan quietos ante el juez que las examina con una pose gallarda, se diría que un poco chulesca, la cabeza atrás, sacando pecho y la cola erguida. En Ochando, un pueblito de apenas 15 habitantes en invierno anejo al Ayuntamiento de Santa María la Real de Nieva, se han reunido este sábado una docena de criadores. Han sido convocados en la pequeña población segoviana para participar en la primera competición monográfica de gallinas serama que se celebra en España, un 'table contest' (concurso de mesa) en el que exhibirán a sus animales.

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Las pequeñas aves son de origen malayo y fueron introducidas aquí hace menos de cinco años. Criadores de Almería, Murcia, Cantabria, Galicia, Asturias, Tenerife, Madrid... acudieron a la cita de Ochando. Sergio Amien vive allí y fue quien hizo la convocatoria a través de su página de Facebook. Este costarricense, veterinario especialista en perros de raza para concursos caninos (entre sus clientes está el presidente de Samsung), es el responsable de que esta gallinácea ornamental de Malasia esté en el punto de mira de muchos aficionados a la cría de aves, y de que el ‘hobby’ crezca de manera exponencial. También el juez John Benoot, del Club Serama de Bélgica, pues el trajo los huevos a Europa desde Malasia de los que nacieron los pollos que luego Amien ha introducido en España. Y ha venido a valorarlos.

En Malasia (y en todo el Sudeste Asiático) las exhibiciones son todo un espectáculo y los ejemplares mejor valorados pueden alcanzar precios de entre 5.000 y 15.000 euros. Son todo un fenómeno si se considera que la gripe aviar de 2004 diezmó esta pequeña raza de gallinas, denominada serama desde 1990 como contracción de los nombres Sri y Rama, el antiguo título en hindú de los reyes de Tailandia. Quizá porque sus posturas cuando posan son aristocráticas.

En apenas dos años ya hay criadores en todas las comunidades españolas de las Ayam Serama, reconocidas por la federación española de razas gallináceas. La de Ochando ha sido la primera exposición-competición monográfica dedicada a las serama en España. Alejandro Gallut ha viajado desde Murcia y está orgulloso de sus pequeñas aves, lleva dos años con la cría y la selección continuada es la clave para lograr ejemplares hermosos y que los linajes sean bien valorados –«de cada cien valen un 10% o menos», explica– porque los jueces como John Benoot lo miran todo, los cuernos de la cresta, las alas en forma de tijera o no, el lustre de las plumas, el color, el tamaño (entre 250 y 400 gramos, como mucho, los machos) y, sobre todo, la postura, el porte erguido.

Los premios serán un reconocimiento para los criadores que han acudido a Ochando, y un impulso a la difusión de esta novedosa modalidad de cría que, por ejemplo, motiva al joven Alejandro a salir a las tres de la madrugada de Almería para acudir a la localidad segoviana y mostrar el resultado de sus desvelos para sacar adelante los pollos, primero, y los ejemplares adultos, después, hasta que con un año de edad (aunque pueden reproducirse a partir de los seis o siete meses) estén en condiciones adecuadas para crear una nueva generación.

Es sencillo y complicado a la vez lograr gallinas serama de calidad, para obtener parejas con «el estandar correcto» en las tres categorías de tamaño y peso, A (entre 225 y 350 gramos los machos y las hembras algo más menudas), B (entre 350 y 500 gramos) y C (de más de 500 gramos de peso, aunque estas casi no se consideran para la competición). Cuando se consigue un ejemplar de buen porte, puede ponerse a la venta por entre 200 y 400 euros y hasta por 1.500 si es muy bueno.

La alimentación no es cara, porque son aves pequeñas y consumen poco; comen grano y piensos compuestos, y hay que tener cuidado con las infecciones. Por eso es bueno tenerlas en jaulas adecuadas y limpias... y en lugares donde no molesten a los vecinos, pues aunque en Malasia tienen a las serama también como mascotas dóciles, sus cacareos tienen menor volumen pero son audibles.

Es uno de los motivos que llevó a Sergio de Madrid al pequeño pueblo segoviano de Ochando, un lugar tranquilo donde no molesta a los vecinos y donde ha reunido a muchos de los criadores españoles que iniciaron la afición y que han acudido a esta primera competición monográfica para que el juez belga valore el desarrollo de su cría. Y también para mantener vivos los contactos y los intercambios entre criadores para facilitar la selección y evitar los problemas que ocasiona la consanguinidad.

Y, como decía Sergio Amien durante el concurso en la antigua escuela de Ochando, en la cría «no hay que descartar a los hermanos feos. Las aves mejores para competir, las más hermosas y con mejor porte, a veces no son las mejores para la reproducción y salen buenos ejemplares de las menos vistosas». Las gallinas serama tampoco vuelan alto, como el resto de gallináceas, pero en esta reunión de Segovia inician su despegue, una mayor difusión que, sin duda, impulsará la cría. Son pequeñas, pacíficas y orgullosas, y han llegado de Asia para quedarse.