El Norte de Castilla

«Hay potencial en los pueblos, solo hay que descubrirlo y desarrollarlo»

«Hay potencial en los pueblos, solo hay que descubrirlo y desarrollarlo»
/ Los segovianos Sergio Arranz (i) y Javier González posan con sus socias madrileñas. El Norte
  • Sergio y Javier, junto con tres socias madrileñas, han creado una cooperativa con la que ayudan a inocular la semilla del emprendimiento rural en los jóvenes segovianos mientras contribuyen a crear comunidad

Sergio Arranz (40 años) y Javier González (37 años) son la cara segoviana de una cooperativa dedicada al coaching y la innovación que también cuenta con tres socias en Madrid. En lugar de asesorar o formar a multinacionales, ellos han decidido aplicar a los pueblos de la provincia las mismas metodologías que hacen crecer a las grandes corporaciones. Su empresa Enproceso acompaña a niños de instituto o a comunidades rurales en el viaje hacia la colaboración y el emprendimiento.

Su trabajo se entiende mejor a través de su proyecto más conocido en el ámbito rural: Cuál es tu vaca. Se trata de un proceso de formación y prácticas en creatividad, innovación y emprendimiento para jóvenes. Financiado por el área de Promoción Económica de la Diputación de Segovia, cuenta ya con cinco años de recorrido. «Ahora mismo es uno de nuestros proyectos principales. Trata de ofrecer motivación emprendedora a los jóvenes de zonas rurales. Que sepan que tienen la posibilidad de emprender en sus pueblos y no sólo la de irse. Son chavales muy jóvenes así que no les pedimos que hagan una empresa ya, pero que al menos lo contemplen», dice Sergio.

Javi asegura que este proyecto es el que le «toca la fibra». «Yo empecé en la cooperativa con Cuál es tu vaca, con un pequeño piloto en Ayllón. De 4 centros y 6 sesiones hemos pasado a hacer hasta 10 sesiones en 17 institutos de la provincia y la capital. Además, trabajamos con emprendedores que van a las aulas, vamos a visitar empresas, tenemos una parte de concurso… –enumera–. Les enseñamos con metodología ‘coaching’, les hacemos plantearse qué quieren hacer, y todo con juegos y dinámicas. A veces te dicen: ‘si no se nota que estamos aprendiendo’, y de eso se trata».

Otro de sus proyectos es Haciendo hacenderas, que pretende recuperar una tradición que reunía a los vecinos en una jornada mitad de trabajo y mitad festiva. «Se juntaban los vecinos y resolvían una necesidad entre todos. Se hacían trabajos de manera colaborativa por el bien común, como reparar la ermita, arreglar un camino… y luego había una merienda. Nosotros hemos tratado de recuperar esta tradición. Llevamos a los abuelos al colegio para que busquen un proyecto junto a los jóvenes y que la gente se vincule más a la comunidad», cuenta Sergio. La idea fue seleccionada en un concurso de inciativa social entre otras 3.000 propuestas. Su principal valor es incorpora técnicas de ‘design thinking’ y modelos lean ‘start up’ a una costumbre de siempre.

Con esta filosofía han creado también uno de sus mayores éxitos: la Adobera. Situada en un espacio municipal de San Martín y Mudrián es una plataforma que empezó siendo «cuatro paredes y un techo» y ha acabado atrayendo a más de mil personas a un núcleo de tan solo 10 habitantes. «Es un proyecto no productivo, sin cliente, de carácter voluntario, pero hecho profesionalmente», dice Sergio. Como en los procesos de innovación basados en el ‘design thinking’, todo empieza con un llamamiento para que los vecinos acudan y encuentren ellos mismos sus necesidades. «Convocamos por redes el Foro Chico para testar si era viable. Acudió gente de toda la provincia, pero también de Zamora, Palencia, Valladolid y Burgos», explica. De ahí salió una asociación «que ha estado moviendo el espacio durante dos años, viajando por Europa… Participó en un proyecto internacional, Oasis, que trata de convertir un rincón sin gracia en una especie de oasis para la comunidad. Aquí se hizo a través de un mural», relata Sergio, que añade que «en Mudrián somos mucho de enredar».

La cooperativa tiene como fecha de inicio oficial agosto de 2008, pero el camino ha sido más largo. «Las primeras acciones fueron de 2006. Luego, recibimos el premio de 3.000 euros como mejor proyecto de emprendimiento social y es con lo que arrancamos mientras manteníamos nuestros trabajos. Hasta 2011 ó 2012 no nos pudimos dedicar plenamente a esto», explica Sergio. Para Javi todo empezó cuando su socio le dijo «que tenía un sueño, que le gustaban las cosas que estaba haciendo en el pueblo, como dinamizar grupos de chavales. A raíz de eso entré a trabajar a Enproceso hace cinco años».

Su manera de emprender ha sido «de guerrilla». Lo importante, en palabras de Sergio fue «ir validando el proyecto poco a poco, generando valor con pocos riesgos. Hemos ido consolidando clientes, proyectos y equipo con una lógica de emprendimiento tranquila y proactiva, de valle. Te mueves mucho, pero mesuras mucho las inversiones, vas sin prisa, pero sin pausa».

Aunque ambos participan en todas las fases, especialmente en la de ideación, la labor principal de Javi es la de dinamizar sobre el terreno. «Aterrizo los proyectos a los colectivos con los que vamos a trabajar. Cuando desarrollamos ideas Sergio las lleva al plano teórico, se centra en las propuestas. Yo luego me encargo de hacerlo atractivo para los chavales, de la fase de hacerlo cercano», explica.

La filosofía de Enproceso «es trabajar en la sostenibilidad social, en ayudar a construir o reconstruir el entramado de redes que mantiene a los pueblos vivos. –explica Sergio–. Empezamos atendiendo a personas con vulnerabilidad relacional, personas que salían de prisión, drogodependientes o víctimas de la violencia de género».

En cuanto a las posibilidades de futuro, Javi tiene claro que «hay potencial en los pueblos, solo hay que descubrirlo y desarrollarlo. Se dice que los chavales son muy vagos, lo que pasa es que todos tenemos etapas. La idea de nuestro trabajo es potenciar sus posibilidades. Trabajemos con quien trabajemos buscamos que haya luego una autonomía, que sepan trabajar solos después, que no dependan de nadie y menos de nosotros».

Javi ha encontrado en la cooperativa «lo que llevaba buscando toda la vida, algo en lo que creer. Trabajo en lo que quiero sabiendo que vamos a tener que trabajar mucho y a deshora, pero con la recompensa de que hay posibilidades, de que consigo cambios en personas y organizaciones, en los pueblos. En realidad, lo que quería era no estar relajado nunca, tener algo a lo que siempre darle vueltas y tirar hasta para adelante hasta el final con una idea. Y, además, el trabajo en equipo es lo mejor de todo. En una cooperativa como la que tenemos con Esther, Macu y Estefanía lo importante es la confianza, yo no sé cuántas horas trabajan los demás ni ellos cuántas trabajo yo. Hemos tenido mucha suerte».

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