El Norte de Castilla

«Los niños de Larabanga te agradecen todo»

Elena González, estudiante de la UVA. Tanarro
Elena González, estudiante de la UVA. Tanarro
  • «El proceso fue complicado, porque con 20 años tus padres no lo terminan de entender», afirma Elena González, estudiante del programa de prácticas internacionales

Estudiante de Educación Primaria en la actualidad, Elena González acudió hace tres años a Larabanga para realizar sus prácticas gracias a este programa. En aquel momento, el proyecto todavía no estaba tan consolidado como en la actualidad, por lo que las dudas fueron mayores. «No se sabía si iba a salir adelante. Yo lo primero que pensé fue en irme si tenía el dinero para hacerlo. El proceso fue complicado, porque con 20 años tus padres no lo terminan de entender. Pero después de muchas charlas en las que también participó la familia me decidí a ir» recuerda Elena, quien contestó a las dudas sobre la escuela de sus compañeros.

«Estuvimos setenta días y nada más llegar te das cuenta de que el contexto es muy diferente y que el comportamiento de los niños también. Allí el ritmo de vida no tiene nada que ver. Teníamos en torno a setenta y ochenta niños en la misma clase en un espacio muy reducido» relata, reconociendo que durante los primeros días al terminar las clases la desesperación se adueñaba de ella porque no sabían muy bien que podían hacer para ayudar en tales condiciones. «Lo más complicado fue buscar estrategias para lograr captar la atención de los alumnos. En lo sentimental, una de las cosas más difíciles era ver cómo muchos niños tenían que beber agua marrón directamente del río mientras tú estas bebiendo de una botella sin poder darles nada, ya que si le dabas a uno al instante te venían 200 personas» afirma.

Sin embargo, la mayoría de los recuerdos de aquella experiencia son positivos. «Los niños agradecen todo. Da igual que les des la mano, que juegues con ellos, que cantes... todo te lo agradecen» indica sobre los alumnos a los que dio clase, muchos de los cuales no sabían ni la edad que tenían. «Los niños no sabían ni escribir correctamente el número uno. Nosotros lo que intentamos era enseñarles matemáticas y lengua porque en el futuro seguramente se van a dedicar a la venta y tienen que aprender a sumar y restar para poder ejercer ese trabajo».

Elena González deja un claro y único consejo a los compañeros que cogerán su testigo y realizarán sus prácticas en la escuela ghanesa de Larabanga: «Que cierren los ojos cuando vayan a salir de España, que los abran una vez estén allí y que se empapen de todo».

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