El Norte de Castilla

Los conejos campan por el cementerio de Segovia

Un conejo entre las tumbas del cementerio municipal de Segovia.
Un conejo entre las tumbas del cementerio municipal de Segovia. / M. A. L.
  • Con la bonanza del clima en octubre han proliferado las colonias de roedores que suben del valle del Eresma y entran al camposanto a comerse las flores

El cementerio municipal de Segovia ocupa casi la totalidad del cerro del Ángel, desde el que se divisa el Acueducto y el recinto amurallado de la ciudad vieja. Es un espacio rodeado de zonas verdes, un parque al sur que se extiende hasta las calles de San Gabriel y Bomberos y a su espalda el valle del Eresma, ya fuera del casco urbano. En estos días cercanos a la festividad de Todos los Santos el cementerio ha estado muy concurrido, sobre todo por mujeres que han subido a cambiar las flores y adecentar las lápidas de sus deudos. Y muchos visitantes de estos días se han encontrado con unos inesperados habitantes que no esperaba hallar en el camposanto.

Los conejos campan a su anchas entre panteones y galerías. Son muchos. Más que otros años. Y se esconden en los huecos entre los laúdes, detrás de los cedros o entre las sepulturas más descuidadas. El encargado del recinto municipal, Ángel Llorente, comenta que es fácil verlos, que en el cementerio siempre ha habido bastantes de estos roedores de color gris, de movimientos pausados y poco asustadizos.

Presume el encargado que los conejos suben desde el valle del Eresma, y cree que este año han proliferado por la bonanza del clima, porque el mes de octubre ha sido muy suave y las temperaturas no han bajado mucho por la noche. Y en estos días cercanos al puente de Todos los Santos se han visto más. Se comen las flores que adornan las tumbas, una fuente de alimento con la que quizá cuentan en estas fechas.

Advierte Ángel Llorente que ha habido gente que se ha llevado un disgusto al ver las flores que había colocado el día anterior mordisqueadas, o que han desaparecido y apenas quedan los tallos. Pero a los ocho empleados del cementerio los conejos les alegran el quehacer cotidiano, están acostumbrados a ellos. «Casi conocemos a todos, y a algunos les hemos puesto nombre», bromea el encargado.