El Norte de Castilla

La corona portuguesa

Panorámica, con el edificio de la Junta de Castilla y León a la izquierda.
Panorámica, con el edificio de la Junta de Castilla y León a la izquierda. / A. de Torre
  • La plaza de la Reina Doña Juana rinde homenaje a la mujer de Enrique IV de Castilla

La Plaza Reina Doña Juana se encuentra en pleno casco histórico de la ciudad, entre las calles Plazuela de los Espejos, Domingo de Soto, Cronista Ildefonso Rodríguez, Angosta y Jerónimo de Alcalá. A este espacio de la ciudad se le conoció hasta el año 1892 como Plazuela de las Arquetas, tal y como recoge Mariano Sáez y Romero en su libro ‘Las Calles de Segovia’, de 1918. El motivo del nombre lo explica el escritor segoviano ya que «pasaba por el centro de esta plazuela, en la dirección del Seminario a Los Huertos, una antigua cañería de piedra que recogía el agua que venía por el Acueducto y surtía a los lados norte y Saliente de la Capital, y en la plazuela había y a poca distancia unos de otros, ocho o diez registros para la toma y derivación de las aguas, cerrados por gruesas piedras de granito y constituyendo arquetas o pequeños recipientes y de lo que tomó nombre la plazuela».

De todo aquello no queda nada hoy en día, pero el lugar sí sigue manteniendo similitudes un siglo después, al ser una zona de paso y transitada por muchos segovianos, sobre todo por las mañanas, que acuden a hacer papeles o a trabajar a la sede de la delegación territorial de la Junta de Castilla y León, ubicada en uno de sus lados.

Hoy en día el nombre de Plaza Reina Doña Juana está más que asumido por los ciudadanos, pero el cambio en la época no gustaba a muchos, como recogía Sáez y Romero, criticando que «el cambiar el nombre de las calles es muy frecuente por los Ayuntamientos, sin preocuparse de los inconvenientes y perjuicios que ocasionan y muchas veces sin justificación». La plaza está dedicada a la reina Juana, Infanta de Portugal y reina consorte de Castilla, quien contrajo matrimonio con su primo segundo el rey Enrique IV de Castilla en 1455, quien acaba de anular sus nupcias con Blanca de Navarra, hecho que tampoco gustaba hace un siglo porque, a juicio de Saez y Romero, «fue una reina consorte y discutida, y aún más desdichada que su marido y sin ningún rasgo saliente en su vida, y parece que postergando el homenaje de la ciudad al rey verdadero».

Lo que está claro es que la Reina Juana está marcada por su descendencia ya que tras siete años sin hijos, el 28 de febrero de 1462, la reina Doña Juana tuvo una hija, a la que llamaron Juana, cuya paternidad se vio cuestionada por los adversarios de Enrique IV, quienes apodaron a la pequeña como ‘La Beltraneja’, por considerarla hija de un privado de Enrique IV, Beltrán de la Cueva. Se abre entonces una lucha entre los nobles a favor de Enrique IV y el infante Don Alfonso, que falleció en 1468 posiblemente envenenado, para pasar a apoyar a la princesa Isabel. Enrique IV falleció en 1464 pero confirmó la voluntad que su hija fuera la heredera de Castilla, al igual que lo hiciera su madre, el 1475. Finalmente, la guerra terminó a favor de Isabel I de Castilla y su esposo, Fernando El Católico, en detrimento de Juana La Beltraneja.

Edificio recuperado

De la importancia del reinado de Enrique IV en la plaza se sigue conservando el palacio de verano que mandó construir allí para alejarse de la Corte instalada en el Alcázar queda poco. El edificio original del siglo XV fue transformado a lo largo del tiempo desde que fuera puesto a la venta y adquirido en 1499 por tres familias de la nobleza segoviana, los Campo, los Mercado y los Peñalosa, que iniciaron ya entonces una serie de reformas importantes en la parte que compró cada clan.

Una parte sustancial del palacio, el ala que ocupaba la actual plaza de los Espejos, ya no existe, y de lo que sobrevivió al abandono y la piqueta se conserva la parte que ocupa el Museo Esteban Vicente, con la capilla habilitada como auditorio, y los restos de la edificación que tienen fachada a la plaza de la reina Doña Juana y la calle Ildefonso Rodríguez. En el lateral de esta calle se levantaba la torre de la reina, cuyos gruesos muros permiten adivinar su porte en el interior, en la parte del edificio que fue la última en estar ocupada, donde hubo una vetusta tienda de antigüedades. En realidad, la edificación consolidada corresponde al palacio de la reina, de estructura mudéjar y organizado en torno al patio interior. La austeridad de la construcción, propia del siglo XV, está reflejada en las fachadas, de materiales pobres (tierra, cal, ladrillo y trozos de teja), porque la riqueza se reservaba para el interior, en las espléndidas yeserías y las alfarjías policromadas (alguna utilizada no hace mucho para apuntalar muros). Y de un edificio que en los últimos años se ha rescatado de la ruina que presentaba, a otro edificio que hace escasamente un mes se ha quedado vacío, el edificio del Instituto de la Seguridad Social, el Inss, antigua sede del Instituto Nacional de Previsión que fue construido por los años cincuenta del siglo pasado.

Los funcionarios tienen ahora su lugar de trabajo en el barrio de la Comunidad Ciudad y Tierra, en una parcela de 6750 metros, en un edificio moderno de más de 8000 metros cuadrados útiles que ha costado 12,5 millones de euros y en el que trabajan 140 funcionarios.