El Norte de Castilla

«Soy una narradora de distancias cortas»
/ La escritora Sara Mesa, apoyada en el Acueducto, este sábado. Antonio de Torre

«Soy una narradora de distancias cortas»

  • La escritora Sara Mesa presenta en la librería Intempestivos de Segovia 'Mala letra', un conjunto de relatos que cuestiona la corrección y los renglones establecidos

¿Puede acaso salir buena letra de un lápiz torcido? Ésta es una de las cuestiones que planean sobre 'Mala letra' (Anagrama), un conjunto de cuentos en los que Sara Mesa (Madrid, 1976) destroza los recuerdos y hace de ellos otra cosa. La tarjeta de presentación de la autora define su narrativa como «indócil, libre y acelerada». Desde niña residió en Sevilla. Su acento la delata, al igual que un rezumante inconformismo revolucionario. Los renglones no van con ella, que prefiere desatar corsés narrativos, en fondos y formas. Por eso le gusta utilizar las elipses y los sobreentendidos en su escritura, porque al fin y al cabo son reflejos de la libertad de interpretación y de la pluralidad de visiones que, en su opinión, es la vida real.

Este sábado, a las 19:30 horas, la también colaboradora de El Norte de Castilla, presenta en la librería Intempestivos de Segovia su obra en un reunión con lectores en la que estará acompañada por Carlos Rod, editor de La Uña Rota. A pesar de ser un escritora tardía, ya que no fue hasta los 30 años cuando sintió la necesidad de pasar de lectora a narradora, esa tarjeta de presentación está laureada con el Premio Herralde de Novela con 'Cuatro por cuatro' y con el galardón Ojo Crítico con su anterior trabajo, 'Cicatriz', con esta se colocó también en la lista de los mejores libros del año de varios medios de comunicación y suplementos culturales. En 'Mala letra' aborda temas como la culpa y la redención, la falta de libertad y esos «pequeños instantes, epifanías, revelaciones, imágenes que se abren, palabras que se desdoblan», cuando «algo se quiebra, y todo cambia».

¿Le preocupa no cumplir con las expectativas generadas con tanto premio y tras tantos halagos?

Preocupación hay siempre, pero la presión a la hora de escribir es la misma. Que te den un premio no significa que te confíes, pero tampoco lo contrario.

¿Esa presión puede llegar a ser imposición, ya sea por su parte o provocada por actores externos?

Nadie me impone nada de sacar unos libros con una frecuencia determinada. Durante los últimos años que me he dedicado a escribir he ido bastante a mi ritmo. No creo que haya un número perfecto de publicaciones. Empecé a los 30 años, pero antes ni lo había intentado ni me lo había planteado. No había escrito nada. Sí, leía, pero no soy de esos autores que son vocacionales y que tienen claro desde niños que van a ser escritores y que encaminan sus lecturas y aprendizajes hacia ese fin.

Lectora ecléctica

¿Esa llamada tardía a la escritura le ha permitido masticar mejor lo que quería plasmar y cómo quería hacerlo?

No lo creo. En mi caso directamente me senté y empecé a escribir. Lo de empezar antes o después ni es mejor ni peor. Por ejemplo, hay un escritor, de los que se pueden considerar tardíos, Jesús Carrasco, que a mí me encanta.

Se ha definido como una «lectora anárquica». ¿Hay algo de esa Sara Mesa lectora en la Sara Mesa narradora?

A lo mejor sí. El espectro de lectura que tengo es muy amplio, soy muy ecléctica en cuanto a los libros que leo, lo que no quita que tenga mis gustos y tendencias por ciertos tipos de narración. De hecho, cuando me preguntan por las influencias, me cuesta trabajo concretar porque hay una mezcla muy rara.

Proviene del mundo audiovisual, ¿quizás esa forma de ver la realidad condiciona su manera de escribir?

Mi narración es muy visual, pero no creo que sea por ese rasgo audiovisual, sino por partir de una premisa estética. No me gusta tanto explicar las cosas como mostrarlas. Considero que las atmósferas visuales están muy trabajadas, pero surgen de la narración.

¿Cómo es esa manera de contar?

Además de esa narración visual, trabajo mucho las elipses o sobreentendidos porque nuestra percepción de la realidad está llena suposiciones. Es contar sin contar y también mostrar las cosas de otra forma y obviar el centro. Y que quede claro que un lenguaje despojado hay que trabajarlo más porque, al fin y al cabo, lo que se quita no se ve.

¿Al final podría decirse que es una forma de narrar que intenta hacer partícipe al lector de la historia?

Bueno se puede captar al lector o provocar su estampida (sonríe).

También sortea de los ornamentos y adornos.

Me gustan las miradas laterales y distintas porque pueden ser más profundas. A veces, la literatura nos impone un realismo que no deja de ser la simplificación de la vida. Defiendo la libertad, pero no solo en la expresión escrita, sino en cualquier expresión cultural y artística. Es definir lo que hay con la propia mirada de cada uno, aunque sea difícil no contaminarse en este mundo, para bien o para mal.

¿Es 'Mala letra' un conjunto de relatos reivindicativo de un estilo narrativo frente a, por ejemplo, a aquel profesor que le decía que no cogía bien el lápiz?

Es un libro reivindicativo pero con varios significados. Se cuestiona la corrección literaria que se ajusta a los temas de hoy en día y a formas de contar. Eso, para mí, no desprende personalidad. A mí me gusta salir de lo esperado, aunque no sea perfecta. 'Mala letra' también guarda relación con la definición de las normas, con el ser obediente con un renglón que han escrito otros antes. Prefiero a la gente que no está encorsetada y que guía sus propios pasos.

¿Hay mucho seguidismo en la narrativa actual?

Lo que hay son modas y no somos ajenos a ellas. Hay tendencias que empiezan gente con gran talento y que con el tiempo surgen en torno a ellas sucedáneos que se cargan lo del principio. Soy partidaria de que uno ha de escribir de lo que le apetezca. Luego están las etiquetas que colocan las editoriales o los medios de comunicación, algo que no es muy bueno.

En el libro hay algunos temas recurrentes, como la infancia y la adolescencia o la culpa y la redención. ¿Para usted es una manera de romper esos corsés o de purgar y hacer penitencia?

El hecho de escribir sobre la etapa de la niñez o la adolescencia llega en un momento de recuperar aquellos recuerdos que se estaban procesando. Si escribes, buscas un sentido; por lo tanto lo veo como una forma de comprender. En la vida nos pasan cosas que originan desconcierto, que no entiendes y que se quedan ahí latiendo.

Novela, poesía, cuentos... ¿En qué género se siente más a gusto?

Soy una narradora en distancias cortas o medias. Es decir, cada vez tiendo a relatos más cortos, por lo que el cuento puede decirse que es donde más a gusto puedo sentirme, pero sin obviar otros géneros.