El Norte de Castilla

«No te rindes, pero lo pasé mal con la ‘quimio’, no quería que mi hijo me viera sin pelo»

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María del Barrio, en el Ayuntamiento en el acto del Día Contra el Cáncer de Mama. / Antonio de Torre

  • María del Barrio, Profesora de baile, operada hace once años, ha recaído

Es una luchadora. Hace once años que comenzó su guerra particular contra el cáncer, que creía haber ganado. Pero han vuelto a detectarle células malignas. Once años después. «Pero no te rindes nunca, por supuesto», asegura. Ni en los malos momentos. «Que hay muchos», reconoce María del Barrio. Profesora de baile, no dejó de enseñar hasta hace poco y aún hoy se resiste a andar con la muleta. A su lado, su marido le acompaña en esta lucha, y también ella recalca que «el apoyo de la pareja y de la familia es fundamental».

María recuerda que fue al médico al notarse un bulto, que se veía pero que no detectaba la mamografía, y la ecografía posterior tampoco. Fue la biopsia posterior la que confirmó el diagnóstico. «Me dijeron directamente que me tenían que cortar el pecho, pero yo me negué. Por el choque me puse mala y me dejaron ingresada, y como insistí en que no me hicieran la mastectomía subió Lupe García y me dijo que me iban a poner una ‘quimio’ muy agresiva, que no sabían si iba a hacer efecto o no».

La primera quimioterapia redujo el tumor, y le operó después también el doctor Jiménez Covaleda, sin mastectomía radical. «Me hizo una operación estupenda, y luego me dieron otra vez ‘quimio’ y cuarenta y seis sesiones de radioterapia». Este tratamiento lo soportó mejor porque «mi marido me pudo llevar todos los días a Valladolid, pero yo veía a toda la gente que iba a dárselo y el mismo doctor Varas decía que era denigrante, que no entendía por qué los pacientes tenían que pasar por eso».

Son recuerdos duros para María. Por lo que pasó ella y por lo que vio en los demás. «Había gente que iba a ‘quimio’ por la mañana y a darse la radioterapia por la tarde. Había gente mayor que empezaba por la mañana y hasta la noche no terminaba; yo tuve la suerte de que mi marido me podía llevar todos los días, si no, no sé cómo lo habría llevado», declara.

El apoyo de la familia «es fundamental», insiste. «Sin la familia no sé si se saldría adelante. Supongo que sí porque las mujeres somos muy luchadoras, pero el apoyo familiar es muy importante». Ahora, unos años después, quita importancia a la caída del pelo que provoca la quimioterapia porque «es una tontería», pero reconoce que a ella le marcó «muchísimo». Al principio no se lo quiso cortar, no quería que le viera sin pelo su hijo pequeño. «Luego ves que se te cae y te lo tienes que rapar, pero me dejaba la peluca al lado de la cama para ponérmela cuando se levantara mi hijo y no me viera. Pero al final un día te ve y ya está, lo superas», explica.

Han pasado once años. Entonces no se realizaba el protocolo del ganglio centinela y se cortaba por lo sano. Por eso María también tiene linfedema, «aunque el ejercicio que he hecho como profesora de baile me ha venido muy bien». También la alegría, porque es una mujer muy alegre. Incluso ahora, cuando después de once años «y creía que tenía todo superado, me empezó a doler un costado». El cáncer había pasado del pecho a un pulmón y a metástasis ósea. «Ha sido otro palo para nosotros», dice en plural porque incluye a toda su familia. Pero no se rinde: «¡Qué me voy a rendir! ¡Sigo luchando!».