El Norte de Castilla

La aristas del cáncer de mama

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Ana Sanjosé charla con el consejero de Sanidad. A, Tanarro

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  • «No sería admisible que se pretenda que el nuevo mamógrafo en el hospital de Segovia no esté equipado con la última tecnología a nuestro alcance»

La celebración del Día Mundial del Cáncer de Mama debe servir para dar visibilidad a un problema de enorme calado, por su elevada incidencia sobre la población femenina y por las consecuencias y secuelas, no solo físicas, sino también de los proyectos de vida de las afectadas que en ocasiones quedan supeditadas a la enfermedad.

Aunque cada año aumenta el éxito en la lucha contra la enfermedad y la supervivencia de las afectadas, también es cierto que el número de casos también aumenta año tras año. Una de cada ocho mujeres sufrirá a lo largo de su vida cáncer de mama y eso debería ser suficiente motivo para que esa franja de la población interiorice como una responsabilidad ineludible su propio control a través de la observación del pecho por las propias interesadas y mediante las diferentes técnicas diagnósticas.

La revisión periódica es la mejor recomendación para prevenir males mayores y en caso de presentarse el tumor, detectarlo cuanto antes, tanto a efectos de pronóstico, como de tratamientos. La misma lesión pasa de ser fácilmente curable, cuando es milimétrica, a ser mortal, si el mal está extendido por el paso del tiempo.

Por este motivo, desde la AECC mantenemos con firmeza la reivindicación de que se dote al hospital de los mejores sistemas de detección precoz. Reclamamos hace tiempo para Segovia un mamógrafo digital que ofrezca la máxima resolución e imágenes en tres dimensiones que permiten localizar las lesiones más pequeñas, además de reducir el número de pruebas a las que deben someterse las mujeres. No sería admisible que se pretenda que el nuevo mamógrafo en el hospital de Segovia no esté equipado con la última tecnología a nuestro alcance, que además incrementa la eficacia diagnóstica en torno al 20% respecto a los ya anticuados aparatos en dos dimensiones.

Pero cuando la prevención falla y la enfermedad se desarrolla hay otros aspectos del cáncer de mama que deben ser atendidos. Una mujer diagnosticada de esta enfermedad se enfrenta a un grave problema que llega a paralizar todos sus proyectos vitales hasta llegar a conocer su alcance y durante su tratamiento cuando este es necesario. La planificación del futuro, la supervivencia económica, los planes de maternidad o la vida profesional se convierten de repente en interrogantes que pueden llegar a empobrecer a muchas personas afectadas si no reciben la atención adecuada y no se palían las secuelas.

La AECC trata, mediante el trabajo de sus psicólogos y voluntarios de apoyo, de reducir al máximo esas consecuencias, aunque poco puede hacer ante la situación de indefensión socioeconómica en la que pueden verse atrapadas estas enfermas, que no siempre pueden recuperar su vida normal, ignoradas o al menos, perjudicadas por la legislación y, habitualmente, por la incomprensión de las empresas.

La vida laboral de las afectadas por un cáncer de mama conlleva cambios desde el mismo momento del diagnóstico y, especialmente, en la fase de los tratamientos. Es frecuente que, al menos durante los seis primeros meses, la afectada permanezca de baja laboral y tras ese periodo vuelva a su trabajo con normalidad.

Pero si el trabajo requiere un esfuerzo físico continuo de carga, o supone ejercer tareas manuales repetitivas, esas actividades físicas suelen resultar incompatibles con el grado de funcionalidad postquirúrgica o con las recomendaciones de prevención del linfedema y las empresas no siempre tienen suficiente sensibilidad como para reubicar a la trabajadora convaleciente en un puesto más adecuado a esa condición y en ocasiones, tampoco los compañeros de trabajo, una falta de comprensión que suele llevar a sentirse cuestionadas, excluidas o discriminadas, dificultando enormemente el regreso al trabajo.

Tal vez las empresas, pendientes de la exigente ‘realidad laboral’, no sepan tampoco como afrontar esta situación con solvencia por carecer también de una orientación práctica sobre la dimensión de la enfermedad y su incidencia sobre la trabajadora y ya hay países que trabajan en sistemas que fijen las pautas de comportamiento en estos casos.

Del mismo modo, hay que acabar con las discriminaciones que suelen hacer las entidades aseguradoras y financieras hacia estas personas, que bien podrían solucionarse con leyes como la que rige en Francia desde este año –ley del Olvido–, que trata de garantizar que haber sobrevivido a un cáncer no discrimine injustamente eximiendo a las personas que han sufrido cáncer de declararlo ante esas entidades cuando negocien pólizas o créditos.

Hemos conseguido grandes logros con el trabajo multidisciplinar sanitario pero queda por abordar el enfoque multidisciplinar social.

Como se observa, queda mucho trabajo que hacer, lo que justifica la celebración de jornadas como el Día del cáncer de mama por su capacidad de desvelar las múltiples aristas de una enfermedad que puede prevenirse y curarse y que debe dejar de ser un elemento estigmatizador para quien la sufre.