El Norte de Castilla

Alberto García Gil interviene, ayer, en San Quirce. A. de Torre
Alberto García Gil interviene, ayer, en San Quirce. A. de Torre

«Hace falta
un manual de conservación riguroso y unos protocolos claros»

  • Alberto García Gil, arquitecto al que se encomendó el plan de gestión, defiende la colaboración entre lo público y lo privado

Alberto García gil fue elegido para elaborar el plan de gestión del Acueducto, cuando en 2012 la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Segovia acordaron, por fin, su redacción para regular la conservación del monumento. Por una parte, era un deber encomendado por la Unesco; pero por otra una tarea «enormemente comprometida porque se trata de un programa para que la gente se implique, y para eso hace falta valor». El arquitecto reconoció a ambas instituciones ese paso dado hace ahora cuatro años en su ponencia de ayer durante las jornadas sobre el Acueducto que se han desarrollado esta semana en la Academia de San Quirce.

García Gil expuso ante los asistentes el arduo y extenso trabajo de estudio y análisis que derivó en una serie de programas aplicados a distintos aspectos de la protección del monumento. Desde la delimitación y la identificación del territorio hasta el examen al estado de salud del bien. Precisó en su explicación que «el plan de gestión no sustituye ni corrige lo hecho, sino que está dedicado a programar un tren e el que todos se monten de manera coordinada para asegurar el mantenimiento continuado» del Acueducto.

El experto hizo especial hincapié en la identificación social con el santo y seña de la ciudad, el «icono» de Segovia que ha traspasado fronteras. A pesar de existir ese plan de gestión, el arquitecto deslizó que «el mejor mantenimiento que ha tenido el Acueducto fue desde los romanos hasta el siglo XIX», ya que esa tarea de limpieza y adecentamiento era constante al haber personas dedicadas a ello.

La eficacia del plan de gestión se asienta en la colaboración entre lo público y lo privado, apostilló. La singularidad de la edificación bimilenaria hace que tenga «su norma y su método de trabajo del que emergen respuestas a los problemas». Alberto García Gil admitió que el plan de gestión debería «asumir los asuntos normativos para agilizar» la tramitación administrativa de las actuaciones a seguir, y añadió que «hace falta un manual de conservación riguroso y unos protocolos claros» que sirvan de modelo de éxito.