El Norte de Castilla

Rodrigo González: «Las zonas que crecieron caóticamente generan muchos problemas»

Rodrigo González, con la memoria del año.
Rodrigo González, con la memoria del año. / Antonio de Torre
  • El Defensor de la Ciudadanía hace balance de su primer año en el cargo

Hace algo más de un año que desempeña la función y el pasado lunes presentó al pleno municipal su primera Memoria Anual, la 2015-2016. Rodrigo González habla de su labor al frente de una institución a la que los segovianos recurren cada vez más.

–¿Qué balance hace del año, desde un punto de vista personal?

–Es una experiencia un poco desconcertante, diría. Por una parte, hay una responsabilidad, una tarea que has aceptado; por otra, sé muy bien que mi papel es concreto, modesto, tasado. También sé que mi actuación es absolutamente independiente, autónoma... Esta sería la visión objetiva. Subjetivamente, puedo decir que mi satisfacción es grande, aunque moderada, porque nos movemos en un terreno en el que las satisfacciones son agridulces: consigues cosas, pero muy relativamente, y los asuntos que afrontas no dejan de ser complicados, fastidiosos.

–¿Qué quejas o demandas destacan sobre otras?

–Hay de todo y es normal. Al fin y al cabo, la administración local es la más próxima, y aunque se han ido recortando las competencias municipales, buena parte de la calidad democrática pasa por el municipalismo. Queramos o no, nuestra vida cotidiana está muy en contacto con la administración municipal. En cuanto a los asuntos, hay algunos que sobresalen más que otros. Sí puedo decir que solo dos concejalías se han ‘librado’ de las reclamaciones. Sobre todo, ha habido muchas quejas relacionadas con Urbanismo, Hacienda y Tráfico, pero también con Medio Ambiente, Cultura, Patrimonio Histórico...

–Usted canaliza esas quejas y las pone en conocimiento de las concejalías, del equipo de gobierno.

–El estatuto del Defensor de la Ciudadanía marca el procedimiento. Cualquier persona –o colectivo, claro– pide cita y después la recibimos en la Defensoría. Una de mis tareas fundamentales es precisamente esa, la de recibir, escuchar, hablar pacientemente, accesiblemente, educadamente. Esto forma parte de la mediación: que las personas se sientan escuchadas, que puedan incluso desahogarse, porque a veces se dan situaciones muy desagradables.

–También hace de psicólogo...

–Bueno, yo no soy un psicólogo, ni mucho menos, pero en la mediación subyace un componente personal que ayuda mucho. Nos pasa en nuestra vida privada: cuando tenemos un problema, se lo contamos a un amigo o a una amiga y automáticamente se ve de otra manera. Esto no suele ser suficiente para que el problema se solucione, pero parece que uno se ha quitado un peso de encima. Evidentemente, aquí todo queda plasmado en un documento, porque no estamos hablando de cotilleos, de comentarios...

–Y, después de conocer la queja, ¿cómo actúa usted?

–Siempre me quedo con el compromiso de informarme con la otra parte, que es la administración, y entonces se abre un complejo proceso de petición de informes. Es de agradecer que todos los servicios, todos los departamentos, siempre respondan. En ocasiones tienes que insistir, recordarles, claro, pero todos colaboran. Y no hablo ya de concejales, sino de técnicos, que son los que suelen informarme. Una vez recibidos todos los informes, hay un contraste, un estudio, un análisis, y pasamos de situaciones formales o procedimentales a cuestiones más subjetivas. Cuando tengo una opinión muy formada, emito una resolución, muy argumentada, que sustancio haciendo una serie de recomendaciones, de sugerencias o proposiciones hacia un lado u otro.

–¿Recuerda algún asunto que se haya cerrado de manera satisfactoria tras su mediación?

–Todas las resoluciones que emito se mandan, preceptivamente, a la Alcaldía, a la concejalía correspondiente, a los servicios técnicos que han intervenido en el proceso y, por supuesto, a la persona interesada. Cada trimestre hacemos una memoria que enviamos a todas las comisiones del Ayuntamiento, para que estén al tanto de los casos que tenemos entre manos. ¿Casos solucionados? Pues ha habido varios, y espero que haya muchos más a partir de la memoria anual que hemos presentado ahora. Algunos tienen que ver con las tasas, tan conflictivas... En este campo ha habido reclamaciones muy sensatas, e incluso justas, que han sido atendidas, pues se han incluido dos modificaciones, en el proyecto de 2017, a sugerencia de la Defensoría.

–Supongo que, en muchas ocasiones, es necesario agrupar las quejas y proponer soluciones generales.

–Según el estatuto, el Defensor tiene dos vías de actuación: la principal, atendiendo las quejas y demandas de la ciudadanía, pero también puede actuar por iniciativa propia, lo cual no quiere decir por capricho o interés personal, sino en función de que encajen o sumen todos los problemas que va conociendo. Hay muchas personas que acuden a la Defensoría a presentar sus quejas, pero, para mí, el mejor despacho es la calle. La gente te ve, te para y te plantea muchas cosas, y a partir de ahí vas agrupando asuntos y tomas la iniciativa de hacer una propuesta o una sugerencia.

–¿Cuáles son los campos en los que se agrupan esas quejas que recibe?

–Fundamentalmente tres, aunque tienen mil ramificaciones. El primero es la desigualdad. Parece que cuando hablamos de desigualdades estamos hablando de cosas muy abstractas, lejanas, que relacionamos con otras instancias, pero no es así, porque aquí, ahora, a la vuelta de la esquina, hay problemas muy serios, de todo tipo, no solo de carácter económico: problemas de desigualdad económica, de género, de infancia... Problemas que en muchos casos no son competencia nuestra, pero que no podemos dejar de lado. En este sentido, creo que deberíamos ser más conscientes y más activos. Y si no tenemos suficientes recursos o suficientes competencias para abordar determinadas situaciones, debemos exigir a quien las tenga. Otro ámbito que suscita quejas es la accesibilidad. Accesibilidad es un término muy genérico que no solo hace referencia a las barreras arquitectónicas, físicas, porque es cierto que existe una accesibilidad física, cognitiva, visual, pero también una accesibilidad que tiene que ver con los medios (y me refiero a medios como aquello que de alguna forma emite mensajes, propuestas...) ¿Accesibilidad? Claro, porque todos pensamos que oímos, pero no todo el mundo oye; todos pensamos que vemos, pero no todo el mundo ve... Vivir en una ciudad Patrimonio de la Humanidad es un orgullo, pero esta distinción también nos plantea muchos retos. En mi opinión, la accesibilidad es el preámbulo de la inclusión, de la inclusividad; es la condición previa para que tengamos una sociedad más inclusiva, más participativa, más tolerante, más transversal, más justa.

–¿Y el tercer campo?

–Está relacionado con la necesidad de proteger lo público, lo común. Una ciudad no solo es el lugar donde están las casas que habitamos. Una ciudad es ciudad por cómo cumpla, tenga, mantenga, conserve, disfrute y participe de lo público. En una ciudad nos sentimos a gusto no solo cuando estamos a gusto en nuestra casa, sino cuando salimos a la calle y seguimos sintiéndonos a gusto. ¿Cómo cuidamos lo público? ¿Cómo cuidamos lo común? Es una cuestión compleja y delicada en la que encontramos mil problemas; problemas de tránsito, de movilidad, de mobiliario urbano, de señalización, de limpieza, de ocupación de espacios, de ruidos... Si los agrupamos todos, llegamos a la conclusión de que hay que mantener, hay que cuidar, hay que ser tolerantes, flexibles, humanos.

–¿Algún caso que le haya llamado especialmente la atención?

–Las quejas por ruidos, por ejemplo. Es un asunto cuyo fondo denota nuestra forma de vivir, nuestros talantes sociales, culturales... Y entra de lleno en el terreno de los derechos, de las libertades, del respeto, de la tolerancia, de la ciudadanía, de la educación. No se trata de reprimir a nadie, de intentar que la gente se quede en casa, ni mucho menos, pero una cosa es que haya libertad para salir y divertirse, y otra muy distinta que no haya libertad para estar en tu casa de una manera cómoda.

–¿Qué barrio plantea más quejas?

–Suele pensarse que el recinto amurallado, por todos los condicionantes que tiene, y es verdad que soporta la presión del turismo y presenta importantes problemas de accesibilidad, tránsito o movilidad, pero no es el único. También hay muchas quejas referentes a la movilidad y a la urbanización en barrios de reciente creación, como Nueva Segovia o Comunidad de Ciudad y Tierra. Existen problemas asimismo, y de muchos tipos, en lo que yo llamo la ciudad media, es decir, en barrios como San Millán o Santa Eulalia, en calles como José Zorrilla, Constitución o Conde Sepúlveda, donde la ciudad creció de manera muy desordenada, caótica. En estas áreas el nivel de urbanización es muy deficitario y los problemas derivados de ello, muchos y muy diversos.