El Norte de Castilla

Un otoño calentito..., también en lo ambiental

Masas forestales de pinos y sabinares en la provincia de Segovia.Tanarro
Masas forestales de pinos y sabinares en la provincia de Segovia.Tanarro
  • OPINIÓN

  • «Dignifiquemos la figura del ganadero para que sea un oficio más atractivo, como fuimos y estamos siendo capaces de hacerlo con el resinero»

Comienza el mes de octubre y seguimos en campaña media de alerta de incendios forestales; el acelerado cambio climático nos azota con fuerza: veranos muy calurosos prolongados e inviernos de llegada brusca, muy fríos y cortos. Los árboles de hoja caduca tardan más tiempo en secar el pedúnculo que ha de permitir la caída de la hoja. En el caso de los pinos que pueblan nuestra tierra segoviana, esta cae aproximadamente cada siete años, coincidiendo con el inicio del mes de agosto. Curioso es que en este año, ante nuestra sorpresa, la hoja ha caído en la mitad del mes de agosto. Suele coincidir esta caída con una parada ‘técnica’ del árbol que deja de fluir resina por completo, extendiéndose en el periodo de dos semanas; después todo finaliza y el árbol continúa dando al resinero el preciado líquido amarillo necesario para su supervivencia.

Estrés en las planta de hoja caduca; estrés en las plantas de hoja perenne; estrés en la capacidad de los embalses necesitado de lluvias; estrés en los animales y en el ser humano. Estrés, sin duda, en el operativo contra los incendios forestales de nuestro país pues lo normal, tiempo atrás, era que el grueso del mismo se desactivara al finalizar septiembre, cosa que hoy  es materialmente imposible por las condiciones a las que nos enfrentamos desde hace ya varios años.

La naturaleza se acerca a los escenarios de aquellos tiempos en que el C02 y otros gases de efecto invernadero colmaban la atmósfera y hacían a esta inviable para la vida animal y, en algunos casos, vegetal. No es para menos el escenario que hemos provocado pues extraemos aquellos combustibles fósiles del subsuelo que se encontraban sepultados, no por casualidad, sino gracias a la sabiduría de la tierra para que nuestra especie, animal y otras pudieran desarrollar la vida en su faz. Y mientras despreciamos ese proceso natural ‘tirando cantos sobre nuestro propio tejado’. No será necesario que venga ningún cometa o meteorito a exterminarnos, como así dicen los expertos que les ocurriera a los gigantes terciarios. Nosotros, los humanos racionales, somos muy nuestros para que otros vengan a destruirnos: tenemos dilatada experiencia en ello y lo sabemos hacer muy bien solos.

Hace unas semanas otros dos gigantes, de nuestra época, EE UU y China, causantes del 38% de las emisiones globales, ratificaron con el apretón de manos de sus dos principales líderes políticos el acuerdo Internacional alcanzado en la cumbre de París, dentro de la XXI conferencia de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que yo digo acelerado o súper acelerado. Un acuerdo que no será jurídicamente vinculante ni incorporado al Derecho de los Estados hasta que sea ratificado por 55 países que produzcan más del 55% de los gases de efecto invernadero. Se trata, ahora sí, por primera vez en la historia, de un acuerdo universal para reducir las emisiones; se pretende que antes de concluir este año más de 55 países tengan ratificado en sus Estados el Acuerdo, entre los que se encuentran grandes emisores como Brasil; Argentina; Japón, etcétera. El Acuerdo será aplicado a partir de 2020 superando la meta de reducir progresivamente entre un 40 y un 70% las emisiones hasta el 2050 limitando el aumento de temperatura a 1,5 grados. Acuerdo que en el fondo buscaría un nivel cero de emisiones entre el 2030 y el 2050, lo que sería un objetivo muy ambicioso.

Acuerdo que ha de ser ponderado con la adaptación progresiva de los usos y prácticas industriales humanas a los nuevos escenarios: el sostenimiento y la dependencia de las comunidades humanas de los usos actuales de los países firmantes debe corregirse paulatinamente, diversificando y adaptando el empleo, el sustento de las familias, a los nuevos escenarios necesarios de transformación y producción industrial menos contaminantes entre otros.

Sin embargo, las cosas están como están y difícilmente vamos a poder modificar a corto plazo los impactos climáticos en el mejor de los casos a tenor de los elevados niveles de GEIS contenidos en la atmósfera; por ello debemos trabajar codo con codo para mitigar los efectos perniciosos de esta situación.

Y aquí cada uno ha de poner su grano de arena en ello, no solo reduciendo con nuestro esfuerzo y trabajo personas esas emisiones en la medida que podamos, sino que intentando proteger los sectores que mejor conozcamos y en los que podamos aportar ideas y propuestas que ayuden a ello.

Los espacios forestales son algunos de los ejemplos donde está situación incide con más virulencia entre otros (si bien estos espacios a la vez son parte de la solución): periodos de ausencia de precipitaciones; aumento de las plagas; incendios, reducción de la posibilidad de corta en bosques maderables; daños directos a la biodiversidad; aumento de la profundidad de la capa freatica; lluvias torrenciales que hacen desarrollar el sistema radical más somero y luego le castigan a seguido con la sequía rompiendo las expectativas del equilibrio radical; etc.

Y decía que son la solución por su doble aspecto mitigador como sumidero del dañino carbono, por lo que, por un lado, ahora más que nunca debemos implementar soluciones que pasen por el desarrollo de nuestros bosques; y por el otro olvidarnos, como acertadamente se hace desde cuatro años, de solucionar y maquillar el problema a base de meter la mano en la cartera y derrochar miles de millones en derechos abstractos de emisión.

Los bosques precisan de gestión ahora más que nunca y esa gestión no solo ha de reducirse a la producción maderera; los imprescindibles tratamientos selvícolas; las medidas estructurales de protección o el fomento de la producción no maderera directa.

Todas ellas son medidas vitales muy importantes en lo referente a la necesaria y preventiva contra los incendios forestales. También son vitales en la fijación y secuestro del C02 que luego guardamos en nuestros usos madereros de la manera más permanentes posible. Pero defiendo y propongo que sean gestión silvícola que necesariamente han de complementarse con las prácticas ganaderas, principalmente extensivas, imprescindibles sobre las masas forestales.

La ganadería extensiva, cada día más ausente en nuestro medio rural o inexistente en muchos de nuestros pueblos, apaga incendios no solo en invierno como la selvicultura, sino todo el año. Es esta la verdadera realidad de la historia de las masas forestales que han llegado hasta el siglo XIX. Me refiero a las salvadas de la desamortización, cuando se creó el necesario, eficaz, tenaz y conservador de nuestros bosques Servicio Forestal Español. Con una adecuada y ordenada ganadería el monte se verá reducido de los muy competidores pastos en el uso el escaso agua y  que, creciendo a su libre albedrío, forman un escalón privilegiado para el ascenso de las llamas al ramaje; con la consecuente pérdida del tiempo necesario que media entre la ignición, la alerta y la llegada de los medios de extinción.

La ganadería extensiva es por ello, y por otras muchas más razones que ahora no vienen al caso, fundamental en esta lucha de todos contra el fuego y el necesario aporte de biodiversidad a los espacios forestales.

No podemos entrar en el siglo XXI, siglo de la tecnología plena, pensando como lo estamos haciendo mientras leemos estas líneas, en el ganadero extensivo del morral y el zurrón. ‘Doctores tiene nuestra iglesia tecnológica y de las ideas’ para solventar los problemas que tiene una profesión como esta. que lo es de luna a luna, para adaptarla a las comodidades y dedicación, en la medida de lo posible, que caracteriza al siglo XXI. Soluciones que deben pasar por el convencimiento de todos de que la ganadería extensiva es fundamental en nuestro medio rural.

Dignifiquemos la figura del  ganadero para que sea un oficio más atractivo, como fuimos y estamos siendo capaces de hacerlo con el oficio resinero. Adaptemos sus prácticas, modos y singularidad a los tiempos presentes. Todo ello sin quitarle mérito, que lo tiene y mucho a la ganadería estabulada, de la cual no me he olvidado en absoluto y de la que hablaremos en otro momento pues el medio rural siempre hay mucho que hablar..., y que solucionar.