El Norte de Castilla

La promoción de Magisterio de 1966 celebra sus bodas de oro

Miembros de la promoción, a las puertas de la Catedral. M. M. G.
Miembros de la promoción, a las puertas de la Catedral. M. M. G.
  • «Nuestro querido compañero Emilio de Diego, hoy cargado de títulos y honores, eminente historiador, resaltó como caló en su vida y trayectoria esta época tan bella de estudiante en la Normal y su vivencia inolvidable de la Residencia»

Día emotivo, sin duda, el vivido como miembro de esta promoción de maestros en el 50 aniversario de finalizar la carrera. Después de muchos años sin reunirnos (la última vez que lo hicimos fue hace 25), el sábado lo hicimos en una jornada emotiva e inolvidable.

Estudiamos en la vieja Escuela Normal de la plaza de Conde Cheste. Allí convivimos en esos años 60 durante tres años asistiendo a sus clases y muchos de nosotros conviviendo más estrechamente en la Residencia de Estudiantes que nuestra promoción inauguró en el piso superior de la Escuela. ¡Fue una convivencia maravillosa que, ahora, transcurridos 50 años, nos parece más idílica!

Jornada, repito, emotiva, llena de recuerdos y añoranzas... las clases, los profesores, las vivencias juveniles, los anhelos, ese vivir ‘en familia’ en esa tan recordada Residencia que pusieran en marcha don Antonio Gómez Galán, entonces director de la Normal y la inolvidable Valentina Arias (Tina), que le sucediera en el cargo, tan excelente profesora como excepcional persona.

La jornada comenzó con un reconocernos en los aledaños de la Catedral, donde se celebró una misa de acción de gracias y en recuerdo de los «que ya quedaron por el camino». Posteriormente ese vino por los bares y terrazas de la Plaza Mayor, tan cambiados y modernizados, pero conservando ese aire provinciano y tan segoviano de siempre y que frecuentábamos en nuestra etapa estudiantil. Bajo los soportales creímos transportarnos a los años 60, cuando chateábamos por la Taurina, el Lago... ¡Segovia tenía y sigue teniendo algo especial!

La jornada continuó en una comida en un céntrico restaurante y con una larga sobremesa en la que no faltaron anécdotas, historias, vivencias... En suma, todo lo que llevamos dentro. Destacar las palabras de nuestro querido compañero Emilio de Diego, hoy cargado de títulos y honores, eminente historiador, quien resaltó como caló en su vida y trayectoria esta época tan bella de estudiante en la Normal y su vivencia inolvidable de la Residencia.

La tarde espléndida de este otoño veranillo segoviano se alargó, como dije, en una dilatada sobremesa y en un saborear nuevamente las terrazas de la plaza Mayor con recuerdos y más vivencias.. El día, aunque expiraba, se nos antojó corto y en todos quedaría como algo especial. Algunos aprovechamos la invitación de nuestro compañero Julio Borreguero, actual presidente de la Cofradía de la Virgen de la Fuencisla, para asistir a un concierto de órgano en la Catedral con motivo del centenario de la Coronación. Y ya por último, no podía faltar ese paseo por la Calle Real ¡Qué recuerdos de entonces! El cine Sirenas, sus tiendas, ya cambiadas y renovadas... ¡Qué época la del cine Cervantes! ¡Qué pena sus puertas tapiadas! Recuerdo las carreras por la estrecha calle del seminario, cuando la película se alargaba y podíamos encontrar la puerta de la residencia cerrada, aunque nos quedaba la solución de trepar por el balcón de mi habitación, que daba a la plaza de la iglesia de San Sebastián y que previsoramente habíamos dejado entornado.

¡El Cervantes! Recuerdo esos cine-forum de muchos martes de invierno, con sus excelentes coloquios. No sé quién tiene la culpa, a quién compete, pero Segovia y los segovianos no se merecen que este teatro en el centro de la ciudad siga cerrado. No es una pena... es una vergüenza.

Y ya, pasar por la librería Cervantes, tan como siempre. Lugar emblemático de la ciudad, donde recuerdo la adquisición de los libros de texto de Bachillerato y de Magisterio. Pasar ahora por su escaparate y viajar al pasado es todo uno: ahí siguen sus gigantes gomas de borrar sus sacapuntas, sus peonzas, el calendario zaragozano, el taco...Una auténtica reliquia que siempre que viajo a Segovia me obliga a pasar al interior del establecimiento.

Bueno, llegamos al final a nuestro destino, tomar el coche y poner rumbo a la gran urbe, pero con el peso de muchas vivencias y el deso de volver a vernos en fechas más próximas que nos dan fuerza para rejuvenecer y... seguir.