El Norte de Castilla

El antiguo mercado de Muerte y Vida

Imagen de la plaza en los años sesenta del siglo pasado. F
Imagen de la plaza en los años sesenta del siglo pasado. F / oto cedida por el Archivo Municipal
  • La Plaza de Somorrostro albergó durante cuarenta años numerosos puestos de alimentación

Dependiendo de la hora del día, es un lugar de paso por el que apenas hay personas, o donde se escucha una algarabía descontrolada en forma de risas de niños, que acuden allí a disfrutar de las dos zonas de columpios que se instalaron hace apenas cinco años. Es la Plaza de Somorrostro, en el barrio de Santa Eulalia, ubicada entre las calles del Puente de Muerte y Vida, de Buitrago, de Muerte y Vida y de la Independencia.

En los graderíos de uno de los laterales, es habitual ver por las tardes a los padres y abuelos de los pequeños descansar, mientras los niños disfrutan a lo grande cuando suben y bajan de los toboganes, columpios y balancines con diferentes formas de animales que están instalados. No hay peligro para ellos, tanto por el suelo almohadillado como para ir al graderío, por el que no pasan coches. Por eso, cuando va entrando la tarde y las farolas de color amarillo se encienden, todavía son muchos los que resisten a irse.

Junto al parque, pasan con frecuencia numerosos coches que bajan desde la plaza de la Universidad y de la calle José Zorrilla. Además, debido a su cercanía con el Acueducto, del que apenas dista cinco minutos andando, es frecuente ver a numerosos peatones andando por sus aceras en distintas direcciones.

En este espacio, llevan años levantados bloques de viviendas y casas con esgrafiado, además de numerosas tiendas de todo tipo, entre ellas varias dedicadas a los niños. La última en instalarse es la tienda Cuquitos Baby, en el número 11, especializada en ropa para bebé hasta los 24 meses y de puericultura. Una tienda que llama la atención a los viandantes que con frecuencia se detienen en el escaparate para contemplar productos bordados con nombres de los niños, de lo que son especialistas, así como las diferentes canastillas realizadas con pañales, como por ejemplo, un carrito de bebé.

Pero la plaza, además de la apertura de comercios, ha cambiado su aspecto notablemente a lo largo de las últimas décadas. La última transformación hace apenas cinco años, para eliminar unas bancadas grises.

Ha cambiado tanto el lugar que hasta tenía espacio en la década de los años treinta para instalaciones circenses, como el circo Feijóo que llegó a la ciudad en 1933, procedente de Madrid.

Apenas estuvo una semana porque un incendio el 14 de mayo en la tela de la carpa destrozó esa instalación, como recoge la prensa de la época. «Entre el público se veía a los artistas desolados, porque el alcance del incendio que percibían tendría para ellos caracteres de catástrofe económica».

Hoy este suceso apenas se recuerda. Lo que sí permanece imborrable para varias generaciones de segovianos es cómo estaba este lugar hasta 1982, cuando allí se ubicó un mercado de abastos, con numerosos puestos de alimentación.

Hacia 1930

El proyecto comenzó a gestarse hacia 1930, cuando se habían expropiado y derribado varias fincas, para proyectar esa infraestructura. El arquitecto municipal, Manuel Pagola, presentó un anteproyecto en septiembre de 1930, pero la propuesta, como tantas, se quedó en el cajón debido a la falta de fondos. Terminada la guerra civil, el alcalde, Andrés Reguera, retomó el asunto. Pagola elaboró un proyecto más completo y las obras comenzaron en 1941.

El encargado de construir el mercado fue el constructor y aparejador Moisés López Gómez, que terminó los trabajos en agosto de 1942, con un coste final de más de 311.000 pesetas, de las de entonces. Poco a poco, fueron llegando los comerciantes que allí se instalaron. Por ejemplo, Basilio Martín e Isidoro Tordesillas regentaban dos carnicerías, María era la huevera con su cesta siempre debajo del brazo, también estaba la pescadería de Juana, Vitoriano Tejedor y Emiliano Renedo eran los fruteros, Alejandro González tenía una tienda de salchichas o La Tina y La Flora, las hortelanas, que «subían todos los días sus banastas repletas de lechugas, tomas y cebollas desde las huertas de San Lorenzo», según recoge el periodista Carlos Álvaro en su libro ‘Crónicas Retrospectivas II’. «Éramos lo menos treinta en la época de más apogeo», según le explicó Bernardina, una de las comerciantes, al periodista. El mercado funcionó con regularidad durante cuarenta años. Después de un enfrentamiento con los comerciantes arrendatarios, que incluso siguió la vía judicial, el Ayuntamiento emprendió su demolición en 1982. Desaparecido el edificio, el municipio trazó una plaza que llamó de Somorrostro, a petición de la Academia de San Quirce. Lo único que se respetó fue la fuente del reloj. Al parecer, la decisión estuvo motivada por «razones urbanísticas y de tráfico», según apunta Juan Antonio Folgado en su publicación ‘Las calles y Plazas de Segovia y sus barrios incorporados’.

De aquel mercado, hoy todavía puede contemplarse la fuente del reloj en uno de sus lados. El reloj ya no marca las horas. Está parado, mientras los niños, ingenuos y contentos, juegan junto a él sin saber, que durante años, marcó la vida de comerciantes y vecinos que durante años realizaron allí sus compras.