El Norte de Castilla

El lugar de estudio de los universitarios

Iglesia románica de la Trinidad, recién restaurada.
Iglesia románica de la Trinidad, recién restaurada. / Antonio de Torre
  • La calle Trinidad albergó durante décadas el colegio Domingo de Soto, donde cursaron sus carreras varias generaciones

Pasear por la calle Trinidad es redescubrir parte del pasado de la ciudad. Quizás no es una calle muy conocida para los turistas, pero para los segovianos es una parte fundamental del barrio de Los Caballeros, entre la calle Valdeláguila hasta la plaza de Guevara.

Es una calle estrecha, con sus recovecos, de un solo sentido, donde apenas hay espacios para aparcar. Sus aceras, escasas en la gran parte del recorrido, hacen que los peatones tengan que hacer verdaderas virguerías en determinados tramos de esta calle debido a su estrechez.

Pero sin duda, es una calle señorial, donde desde antaño han estado ubicadas casas de gran porte, en el corazón de la ciudad. Una de ellas es el conocido como Palacio de los condes de Mansilla, que muchos han podido contemplar hasta hace apenas unos años.

Aglutina una diversidad de estilos y épocas. Los más antiguos datan del siglo XIII, de estilo románico, entre los que destacan columnas, arcos, muros y sobre todo un espacio abovedado con una serie de arcos de piedra y ladrillo de estilo plateresco así como un patio porticado, todo ello correspondiente a la primera mitad del siglo XVI.

El palacio sufrió transformaciones en siglos posteriores. Por ejemplo, durante el barroco, a lo largo del siglo XVII, estos espacios primitivos se vieron seriamente alterados, añadiéndose un jardín, el pórtico de acceso al mismo, y la fachada principal, de sillares de granito con remate heráldico entre bolas herrerianas y frontón, que se puede ver hoy en día.

En la década de los setenta del siglo pasado por el arquitecto Julio Roldán, tras ser adquirido por la entonces caja Segovia. Tras las obras se instaló allí la sede principal del Colegio Universitario Domingo de Soto. Este hecho hizo que el espacio contara con una importante vida juvenil durante más de tres décadas, donde varias generaciones de segovianos recuerdan haber cursado allí estudios de derecho o publicidad.

Ahora, y después de ese ajetreo, sus puertas de madera llevan varios años con el cerrojo puesto a la espera de un nuevo dueño, tras haberse construido el campus público de Segovia de la Universidad de Valladolid. Muchos de aquellos estudiantes seguro que contemplaban al salir, casi enfrente, unos pequeños jardines donde se encuentra el busto del escritor y dominico segoviano, Domingo de Soto. La figura, sobria, está puesta en un pedestal de granito, cuya obra está firmada por Ortega y data de 1962.

Caminando unos metros más adelante por esta vía, también se puede contemplar la Casa de los Campo, con el escudo heráldico de sus fundadores. La portada es de piedra berroqueña y su construcción «debió de realizarse en los primeros años del siglo XVI, para el matrimonio formado por Pedro del Campo y doña Francisca de la Trinidad», según recoge el libro ‘Las calles y Plazas de Segovia y sus barrios incorporados’ de Juan Antonio Folgado.

Iglesia románica

Justo enfrente de este espacio, se encuentra el monumento más destacado de toda la calle y el que da nombre a la vía: la iglesia de la Santísima Trinidad. Es una de las iglesias menos conocida por los turistas pero que tiene todo el sabor del románico segoviano, por ser uno de los más genuinos. Los primeros documentos que citan la iglesia de la Santísima Trinidad datan de 1240, aunque fue construida con anterioridad, en el siglo XII. Incluida en la declaración de Patrimonio Mundial que ostenta la ciudad desde 1985, la cabecera del templo es la parte más primitiva de este edificio, de nave única cubierta con bóveda de cañón, y en cuyo crucero se alza una torre defensiva con arquerías de arquivoltas. En su interior destacan sus ventanales y la capilla de los Campo, construida en 1513, con un retablo renacentista de pinturas de influencia italiana. Exteriormente llama la atención el atrio románico que se encuentra en el sur, porque estuvo tapiado hasta el año 1940, cuando se descubrió con motivo de la Catorcena.

La iglesia luce ahora con todo su esplendor, después de que el año pasado finalizaran los trabajos del proyecto de restauración integral a la que fue sometida. Las obras han permitido que el templo recupere su estabilidad y prestancia propia del medievo. Entre lo más visible se encuentra la recuperación del color de las policromías, en tonos rojos y negros, de dos elementos singulares, unas ménsulas, colocadas en el arranque de los arcos de refuerzo de las bóvedas, construidos entre el final de la terminación del edificio románico y una intervención renacentista.

Frente a esta iglesia, y a escasos metros, la puerta que conduce a iglesia-convento de Santo Domingo. El edificio es una antigua casa fortaleza, ejemplar típico de la arquitectura civil del siglo XII, donde destaca la Torre de Hércules, que le da nombre, construida hacia el siglo XI. En su interior conserva en los frisos pinturas murales realizadas por los árabes de la aljama segoviana que lo convierten en el más acabado ejemplar románico-mudéjar. La iglesia conventual es propia del barroco segoviano del siglo XVII y está presidida por un retablo dorado, que ocupa el testero. Hace ya quinientos años que las dominicas se establecieron en este vetusto edificio.