El Norte de Castilla

Isabel y Julia, con el Acueducto al fondo. El Norte
Isabel y Julia, con el Acueducto al fondo. El Norte

«Hay que aprender continuamente y no parar de formarse»

  • Isabel y Julia son dos profesoras segovianas que han abierto la Escuela Habla de enseñanza de español. En ella, sacan las lecciones del aula y enseñan el idioma por medio de experiencias como ir al mercado, buscar piso o visitar los pueblos de la provincia

Imagina que, de un año para otro, aumentas tu campo de juego en 500 millones de personas. 500 millones de potenciales amigos, clientes o ligues. Algo así es lo que les pasa por la cabeza a quienes deciden venir a Segovia a aprender español, el segundo idioma más extendido del mundo como lengua materna tras el chino. «Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y China tienen bastante demanda de español», asegura Isabel de Pablos (33 años), que en vista de todo esto, junto con su socia Julia Escudero (31 años), decidió abrir una ademia de español en Segovia, la Escuela Habla.

Isabel había estudiado Traducción e Interpretación y ya antes de acabar la carrera trabajaba como profesora de inglés y alemán. En uno de los cursos que impartía en la Escuela Oficial de Idiomas tuvo como alumna a Julia, licenciada en Filología Hispánica, especializada en Enseñanza de Español y máster de Investigación en Lengua Española. Hablaron de sus proyectos de futuro y se sorprendieron al descubrir que cada una tenía su propio plan de empresa para poner en marcha una academia de idiomas.

La idea más potente, aquella que pretende diferenciar a su empresa, fue la de ofrecer la posibilidad de aprender el español mientras vives otras experiencias: ir al mercado, salir de tapas, hacer una visita turística, contratar una línea de teléfono o ir al médico. «Nosotras hemos vivido fuera y sabemos que para aprender un idioma lo mejor es usarlo en la vida o en situaciones de ocio, pero que si eres extranjero no te atreves. Las clases a veces son aburridas y para el aprendizaje es básica la motivación, mover las emociones de las personas. Por eso, el eslogan que elegimos es ‘Siente el español’», relata Julia. «Los cursos al uso siempre están ahí, pero nuestro valor añadido es la parte real, sentir y vivir el español con situaciones reales, fuera del aula», añade Isabel.

La prueba de fuego de la Escuela Habla empieza con el nuevo curso. La semana pasada hicieron la presentación oficial con una ruta por la ciudad en la que colaboró otra joven empresa segoviana, Castellum, dedicada a los recorridos turísticos. Ambas se promocionaron con una visita guiada que también era una clase de español y que marcaba el tono de lo que quiere ser la academia.

«Haremos una actividad distinta cada semana. Las primeras experiencias las vamos a centrar en las cosas típicas que haces cuando llegas a una ciudad, como abrir una cuenta en el banco o buscar piso. Vamos a los lugares y hacemos prácticas reales con personas. Iremos de ruta gastronómica, al cine y de excursión por la provincia, lo más probable es que empecemos por La Granja», enumera Julia. «También haremos talleres de escritura y lectura y clases de cocina y de baile para que los estudiantes adquieran habilidades o destrezas al tiempo que aprenden español. Son a la vez cursos de lengua y cultura», dice Isabel.

Julia afirma que su sistema se basa en las teorías de los últimos estudios sobre la enseñanza de idiomas, «que suele ir más avanzada que el resto de la educación». «Últimamente se tiende a salir del aula porque las emociones y experiencias ayudan a recordar las cosas. Solo sabiéndose la teoría y la gramática no vas a saber un idioma. Nuestra experiencia nos demuestra que si vas sin ganas a una clase no es lo mismo. Además, las dos, aparte de ser de Segovia, somos personas muy activas, conocemos a mucha gente y estamos al tanto de todas las actividades de la ciudad, así que podemos dar al alumnado esa opción de vivir las cosas», dice.

Su actividad más popular se llama Hablabar. Isabel explica que «es un juego de palabras con el nombre de la escuela». «Son clases de conversación en bares. No son los típicos intercambios, sino una clase con su parte didáctica, solo que más informal. Proponemos un tema, por ejemplo, en torno a un artículo del periódico, y durante una hora charlamos de ello y al final dejamos unos minutillos para el feedback o para comentar los problemas de comunicación», explica.

Los extranjeros que llegan a Segovia para estudiar «no vienen con una idea preconcebida –dice Isabel–. Saben que es una ciudad histórica, que está cerca de Madrid… Luego se sorprenden al descubrir que tiene una vida cultural magnífica con eventos de todo tipo, se quedan maravillados porque tiene más ambiente cultural que otras ciudades más grandes. Además, tienen Valladolid, Madrid y Salamanca a una hora y pueden conocer más de la cultura española sin necesidad de emplear mucho tiempo en desplazarse».

Isabel también pone el énfasis en las garantías de seguridad que ofrece Segovia: «Barcelona sí que tiene fama de que no te sientes muy seguro por la delincuencia y la situación mundial de terrorismo preocupa mucho. Segovia no tiene problemas de ese tipo. La seguridad es algo que el estudiante extranjero valora y que tiene muy en cuenta a la hora de volver o de recomendársela a conocidos o amigos. Funciona mucho el boca a boca para elegir una ciudad o una academia».

Julia opina que la enseñanza de español «puede ser positiva para la ciudad». «Todos sabemos que el problema del turismo en Segovia son las pernoctaciones. El turista de idiomas se queda más de una semana y produce un gasto. Así, fomentas que no solo gasten justo lo que necesitan, sino que vivan en la ciudad y participen en las actividades de ocio. También ayuda a que se conozca la ciudad en el extranjero, porque la mayoría, fuera del Acueducto, no saben mucho, no tienen mucha idea de dónde está», dice.

En cuanto al proceso de creación de la academia ambas coinciden en que lo fundamental era empezar con un plan de empresa bien diseñado. «El plan tenía que ser lo más completo posible: hicimos un estudio de mercado y uno de competencia, investigamos cómo era el perfil del estudiante de español, el que viene aquí y necesita formarse. Y elaboramos un buen proyecto económico», asegura Isabel.

Para terminar de prepararse dieron un curso en común para ver si encajaban. Y lo hacían. «Por ejemplo –dice Julia– a mí me gusta la informática y a Isabel bastante menos. En los temas de redes sociales y en la página web ya me sé manejar con la ayuda de un amigo informático. En los temas de idiomas y en los asuntos institucionales ella está más preparada».

Isabel asegura que ha sido un camino fructífero: «Hemos tenido clases individuales y hemos hecho contactos, hemos aprendido de redes sociales, de promoción y de difusión. En unas jornadas de formación contactamos con el personal del servicio de Promoción Económica de la Diputación, que nos puso en contactos con diferentes grupos de acción local y con asociaciones de mujeres del ámbito rural, además de hablarnos de dos pueblos segovianos hermanados con localidades extranjeras. En general, esa etapa fue una labor más de empresa que formativa. Pero siempre hay mucho que hacer, hay que aprender continuamente y no parar de formarse».