El Norte de Castilla

«Es bueno que los restauradores ofrezcan cerveza local»

Ignacio Vacchiano y Eduardo Riaza, con los productos que elaboran de la cerveza de La Granja.
Ignacio Vacchiano y Eduardo Riaza, con los productos que elaboran de la cerveza de La Granja. / El Norte
  • Ambos andaban rumiando por separado la idea de abrir una microcervecera cuando un amigo común les presentó. No pararon hasta poner en marcha en La Granja la cervecera Goose, donde se hace la cerveza que les gusta, la ‘pale ale’

Ignacio Vacchiano (45 años) y Eduardo Riaza (27 años) compartían la pasión por la cerveza y ambos llevaban un tiempo dándole vueltas a la manera de convertir esa afición en profesión. Eduardo llevaba materializando sus propias recetas desde que comprara un kit casero en el año 2007, mientras estudiaba Ingeniería Geológica. «Fue por curiosidad, sobre todo –dice–. Pero la primera me salió muy bien». Ignacio, veterinario reconvertido en consultor financiero, había estado en Estados Unidos y comprobó que allí lo de las microcerveceras era un boom, que cada estado y cada ciudad tenía las suyas. «Entre todas venden ya tanto como la más famosa, la Budweiser», explica. Un amigo común les presentó cuando ambos andaban dándole vueltas por separado a la idea de poner en marcha su propia fábrica de cerveza artesana y ésa fue la génesis de la ‘pale ale’ segoviana Goose, elaborada con orgullo desde La Granja.

Con el lema inicial «vamos a hacer la cerveza que nos gusta» estuvieron cerca de año y medio haciendo los trámites necesarios. Aprendieron una ocupación, la de emprendedor, que era nueva para ambos. Eligieron La Granja («más dinámico y turístico que otros sitios», según Eduardo) porque los dos, madrileños de nacimiento estaban enamorados de Segovia: Ignacio llevaba en Torrecaballeros desde 1980 y Eduardo tenía familia y pareja segoviana.

Para la financiación tiraron de amigos y familia, un clásico del emprendimiento que en su caso les ha llevado a crear una sociedad en la que participan 14 personas, de las que solo dos, ellos, toman las principales decisiones y sacan adelante el día a día del negocio. Para conseguir la inversión, reunieron a sus allegados y les pusieron ejemplos de fábricas que ya estaban funcionando. Todo lo acompañaban con una cerveza, la suya. La prueba de producto y los casos de éxito son otros dos sistemas habituales de las rondas de financiación.

Los comienzos, en 2013, fueron discretos. Empezaron con una producción de 5.000 litros que se ha ido incrementando hasta los 20.000 litros del 2015. Para este año ya han superado esa cifra en septiembre y esperan crecer un 25 por ciento más hasta final de año. «Al principio teníamos poca cerveza y nos costaba venderla por el miedo a quedarnos sin. Por ese miedo fuimos aumentando la producción y mejorando el equipo, ampliando nuestro rendimiento y gestionando mejor el tiempo y los recursos», cuenta Eduardo. «Vas tejiendo la red y el producto gusta. Al principio era un producto más desconocido y ahora ya está más en boga. Es muy bueno que el restaurador ofrezca cerveza local, porque a la gente le gusta probar productos locales cuando va a un restaurante», señala Ignacio.

«Una de las cosas que nos diferencia es que estamos en los bares. Tenemos distribuidores, pero sobre todo vendemos nosotros. Yo, en Segovia e Ignacio, en Madrid», cuenta Eduardo. «Haciéndolo nosotros mismos, llegas mejor al comprador, porque les transmitimos la pasión con la que hacemos la cerveza», explica Ignacio. «Se funciona un poco con el boca a boca, pero ese boca a boca lo generas tú. También las redes sociales van bien y, además, hemos salido en recomendaciones de medios locales y nacionales», dice.

Otro de sus canales de venta es Internet. «La tienda de Internet, que está ligada a nuestra web, nos la puso la Diputación junto a los Alimentos de Segovia. Así, estamos llegando a toda España y de otra forma no lo hubiéramos podido hacer», dice Ignacio. «El servicio de Promoción Económica nos avisa continuamente cuando hay ferias y catas, siempre cuentan con nosotros. Además, formamos parte de Tierra de Sabor», expone Ignacio en relación a su manera de comercializar su producto.

«El agua del Guadarrama, más pura y sin tantos minerales, es una de las cosas que distinguen a Goose, además de los ingredientes, como los lúpulos americanos», dice Ignacio. «Otra característica de nuestra cerveza es que como hacemos lotes de 200 litros los vamos ajustando, mejorando con cada lote”, expone Eduardo. «Lo importante de esta cerveza es que sea fresca. Dura un año, pero lo ideal es beberla en 6 meses, cuando conserva todos los sabores y aromas. Es un producto muy fresco, un elemento vivo», añade.

Sobre su reconocible imagen, con un ganso presidiendo las etiquetas, Eduardo cuenta que «nosotros queríamos una imagen clásica, elegante y bonita. Algo cuidado, algo elaborado y artesano. La gracia de ser tantos socios es que cada uno sabe de una cosa y nos hemos dejado aconsejar por los que más saben. Pero hasta que llegamos al logo, pasamos por muchos bocetos de varios ilustradores».

La evolución de la cerveza artesana en España va en ascenso. En este sentido, Ignacio lo compara con lo que se ha vivido en Estados Unidos. «Allí florecieron muchas microcerveceras en los 80, muchas desaparecieron en los 90 y ahora han vuelto a surgir comiéndole cuota de mercado a las industriales. El consumidor de cerveza se ha hecho más especializado y busca productos de más calidad. Es un reflejo de lo que está pasando ahora en España y de lo que puede pasar. Si en España hacemos la analogía con el vino, si llegaras al bar y te dijeran que sólo hay un grifo de vino la gente no lo entendería. Es posible que evolucionemos hacia eso, aunque todavía estamos muy lejos», relata Ignacio.

La experiencia de los promotores de la cerveza Goose como emprendedores les ha enfrentado a «muchos baches en el camino», en palabras de Eduardo, «pero poco a poco se va llevando». Para Ignacio, el principal problema es la presión fiscal inicial. «No hemos tenido subvenciones porque no las hemos conseguido, pero, mejor que las ayudas, estaría bien que se hiciera una rebaja fiscal inicial a los emprendedores», afirma.

«Emprender ha sido para mí como un master. Tienes remuneraciones que no son económicas, estás creando una marca y un proyecto. Te vas a encontrar muchos problemas, pero las satisfacciones pueden más que las dificultades. Lo importante no es hacerse millonario, los emprendedores americanos de internet en principio no querían forrarse, querían crear algo», añade. «La empresa tiene que ser un proyecto sostenible, que se pueda mantener, pero no puedes mirar solo el dinero. Y sobre todo, hay que trabajar. Hay una frase que dice que en el único lugar donde el éxito está antes que el trabajo es en el diccionario», concluye.

«Si es lo que te gusta, ve a por ello, pero tienes que tenerlo muy claro porque no es un camino de rosas precisamente», apostilla Eduardo.