El universo desconocido de Alberto Reguera

Alberto Reguera, en su estudio de Madrid.
Alberto Reguera, en su estudio de Madrid. / A. de Torre
  • El pintor segoviano inaugura mañana, en la Galería Serena Morton de Londres, una nueva exposición

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Las obras del segoviano Alberto Reguera las hemos visto exhibidas como pintura-objeto sobre el suelo, formando instalaciones pictóricas o colgadas en la pared pero invadiendo el muro con un gesto pictórico en fuga lleno de color. Mañana inaugura en Londres una exposición en la que su pintura vuelve al cuadro.

«La mancha, que estaba fuera, la he vuelto a meter en el cuadro y he aplicado el aprendizaje de la pintura tridimensional de mi última década a la pintura plana, dotándola de mayor profundidad, en un formato muy difícil, el circular», explica Reguera (Segovia 1961) en su estudio de Madrid, antes de que las obras viajaran a Londres, un mercado tradicionalmente difícil para los artistas españoles.

Después de irrumpir con fuerza en Asia, Alberto Reguera expone en las salas rectangulares de la Galería Serena Morton de Londres luminosos paisajes abstractos y obras cósmicas en unos formatos que nunca había trabajado, circular y elíptico, un reto contenido en el título ‘El Universo Desconocido’. Son obras encerradas en un circulo, que «no tienen ni principio ni fin debido a la ausencia de esquinas», y a la vez «son obras expansivas porque sugieren un mas allá, lo cósmico, lo interestelar». Londres es un mercado muy ansiado por los artistas, en el que Alberto Reguera, que vive entre Madrid y París, expone desde los años noventa gracias a la complicidad de Serena Morton, una de las primeras comisarias de exposiciones y galeristas que confió en su obra. El pintor se instaló a los 22 años en París, desde donde se ha hecho un hueco en el mundo del arte.

«He ido por libre –dice–. Mi pintura abstracta, en un momento de vuelta a la figuración en España, casaba mejor con el ambiente de París. El empuje de mi carrera viene de Francia, mi primer galerista, el primer premio, los primeros coleccionistas, las primeras exposiciones institucionales, como la de la Place du Louvre en 2012». En 2015 se produjo un punto de inflexión cuando uno de los museos mas grandes de Hong Kong, el UMAG Museum, le dedicó una retrospectiva, la primera de su obra, a la que le siguió la que organizó esta primavera la directora del Museo Esteban Vicente de Segovia, Ana Doldán.

En España recuerda también la exposición ‘Relevos’, en 2002, en el Museo Bellas Artes de Sevilla, para la que Rafael Canogar le seleccionó y la de Arte Contemporáneo en el Palacio Real el pasado año. En París comenzó a exponer con Olivier Nouvellet, su fiel galerista, y enseguida Bruselas y otras ciudades europeas y Washington. A partir de 2007 el mundo asiático. «Singapur coincide con romper las fronteras entre la pintura, la escultura y la instalación, empiezo la pintura expansiva y el espacio es un instrumento más de trabajo como puede serlo el lienzo», explica el artista.

Su pintura huyó entonces del cuadro que la aprisionaba y saltó con energía por la pared o por un lienzo superpuesto. O se independizó del muro y se instaló en el suelo convertida en una obra tridimensional pintada por todos sus lados, pintura-objeto.

Le gusta la definición que de su pintura hizo el crítico Javier Maderuelo: «Dijo que las capas que se solapan en mi obra son también las capas de la historia de la pintura». Desde Turner y Constable a los expresionistas abstractos americanos, Pollock o Rothko, sin olvidar los abstractos líricos franceses.

Paisajes abstractos y obras cósmicas muy matéricas, con superposición de capas y la luminosidad que surge del interior por los pigmentos puros que espolvorea sobre el acrílico aún húmedo, como recordaba Guillermo Solana, director del Thyssen, en un catálogo: azules, naranjas, oro, plata, cobre, con los que intenta conseguir que a pesar de la contundente materia, las obras no pesen.

Tiene obra en la colección CEIBS de Shanghai, en la M.Y. Fondation de Seúl, en la prestigiosa Marc Moyans de Washington, la Phillipe Dalaunay de París, la Fundación Juan March o la colección Testimoni de la Caixa.