El Norte de Castilla

«Los niños tienen una voz, solo hay que escucharles»

Susana Plaza (a la izquierda) y Cristina Leyva, en la piscina de bolas.
Susana Plaza (a la izquierda) y Cristina Leyva, en la piscina de bolas. / El Norte
  • emprender en el pueblo

  • Cristina y Susana decidieron aplicar su pasión de madres a su trabajo y crearon en San Cristóbal Imaginautas, un espacio de juego, creatividad y cultura para niños en el que los padres tienen su hueco

«Los niños son un poco los olvidados de la sociedad. Lo típico es decirles ‘niño, calla, que están hablando los mayores’. Pero los niños tienen una voz y cuanto más les escuches más vas a ser capaz de criarlos y educarlos. A veces, aunque nos esforcemos, no les entendemos, pero ellos te dan las pautas, solo hay que darles espacio y bajar a su altura emocional y física. Tienen que aprender límites y fórmulas de respeto, pero una vez hecho, hay que tenerles el mismo respeto que a un adulto. Sus opiniones son válidas como las mías, solo hay que traducirlas». Quien defiende esto es Susana Plaza, una de las dos socias de Imaginautas, que resume así la filosofía del espacio infantil que fundó junto a Cristina Leyva en enero de este año.

Imaginautas está en San Cristóbal y fomenta la creatividad y el juego con un buen número de actividades cada fin de semana, desde cuenta cuentos a yoga en familia. Y todo lo hacen con ideas tan revolucionarias como facilitar que los padres jueguen con los niños en lugar de aparcarlos. A pesar de tener una visión tan clara, Cristina asegura que sus actividades, diferentes a las habituales, «no destilan pedagogía». «Lo que hacemos es divertido y creativo, simple y sencillo», asegura.

Cristina y Susana son dos madrileñas de 39 y 40 años respectivamente. Hace años que estaban hartas de su vida en Madrid, decidieron alejarse de la capital y coincidieron en Ortigosa. Allí se hicieron amigas después de encontrarse en una asociación que trataba de obtener fondos para un comedor escolar. Ambas se sorprendieron de la afinidad de las ideas que les rondaban por la cabeza. Cristina es historiadora del arte especializada en gestión cultural y Susana, química reconvertida a auxiliar de clínica y profesora de yoga. Pero las dos coincidían en su deseo de crear un proyecto de dinamización de la comunidad, algo, quizás, relacionado con los niños o las familias.

Esta idea difusa fue el germen de su proyecto, que se materializaría cuando encontraron un local perfecto en San Cristóbal. Para entonces ya tenían el logo, el nombre y las actividades muy definidas. «Estábamos buscando sitios de Segovia donde poder hacer las actividades, como la cárcel, al aire libre o en nuestro propio pueblo –cuenta Susana–. Pero al final nos hemos adaptado a este local, que venía con un extra con el que no contábamos: el parque de bolas y los cumpleaños». «Además, había espacio para los padres. Lo arreglamos a nuestro gusto, queríamos que fuera acogedor, que te apeteciera ir a tomar café con un bizcocho casero en invierno o una limonada fresquita en verano mientras los peques juegan», añade Cristina.

El proceso de creación de la empresa fue más sencillo de lo que habían pensado. «En Segovia nos hemos encontrado a mucha gente dispuesta a ayudarnos, gente que se sienta y te explica las cosas. Los tramites no se hacen larguísimos y se ayudan unas administraciones a otras. La sensación es la de que la gente se ha volcado», señala Cristina. Por su parte, Susana está convencida de que es más fácil montar una empresa aquí que en Madrid «porque te relacionas con personas». «Yo he podido hablar directamente con la diputada Sara Dueñas, de la Diputación Provincial. Ella misma nos ha contado lo que hay, y ahora sabemos cuáles son los programas de la diputación para niños y cómo podemos legar a ellos. En general el proyecto ha sido bien acogido», explica.

Imaginautas abre sus puertas definitivamente el 9 de enero de este año y, desde entonces, no han parado de organizar actividades, su intención inicial. «La idea es convertirnos en un espacio de referencia que compartir con los hijos, que cada fin de semana los padres digan: vamos a ver qué hay hoy en Imaginautas», expone Cristina. Para comprobar si lo han conseguido nada mejor que echar un vistazo a su agenda de este mes. Hoy mismo tienen programados cuentacuentos y truequecuento (dejas un cuento y te llevas otro) a las 19 horas. Para el sábado 24 organizan un yoga en familia. En palabras de Cristina, «la gente piensa que los niños se van a aburrir con hora y media de yoga, pero traemos una profesora especializada en familias e infancia que hace que los niños viajen a India, a la selva o a Australia. Se convierten en animales, hacen posturas y bailes… Hasta los de 4 años aguantan, porque no paras».

Otra de sus actividades habituales es el Pequecuento, dirigido a niños de 0 a 3 años. El próximo lo tienen programado para el domingo 25. A pesar de la edad, los niños lo siguen con interés. «Son cuentos especiales, cortitos, con mucha escenografía, con partes del relato muy repetitivas… Los niños se enteran de la parte visual y además les pedimos a los papás mucha colaboración, como por ejemplo el guardar silencio, porque si no, los niños se salen», relata Susana. El programa de vuelta al cole lo completan con dos conciertos, el de No hay manera, el mismo 25 y el de Yo soy Ratón el 1 de octubre. «Este es un superevento con un personaje muy especial. Es un pedagogo que trabaja con las mejores escuelas de Madrid. Hace música infantil que le pone voz a los niños y sus problemas. Una especie de canción protesta, con temas que dicen ‘mamá, no me lleves a la escuela’ o ‘me estoy haciendo caca’, pero también con canciones divertidas que hablan de colores y otras cosas», señala Susana con entusiasmo.

Cristina y Susana son madres de dos niñas de 5 y 7 años respectivamente y ambas coinciden en considerar un privilegio enriquecedor el poder trabajar con niños. Uno de los momentos con los que se quedan es el de pintarles la cara para los cumpleaños. «Estamos de frente y empiezan a contar cualquier cosa que no tiene que ver con el cumple, es como el confesionario, que su abuelito está mal, que se han ido de vacaciones…», dice Susana, que asegura que ha aprendido «millones de cosas» con ellos. «He aprendido sobre todo a tener empatía con ellos, a saber en qué momento están, conocer sus ritmos y su energía y entender cuáles son aquí sus motivaciones. Aquí están dos horas nada más, pero esas dos horas dicen mucho de ellos. Verlos en grupo es muy curioso. Ves quién lleva el grupo y con quién te puedes aliar para que los otros colaboren al proponerles juegos. Incluso cuando hay grupos rebeldes, les propones cosas, les haces caso y se vuelven cariñosos. Porque son niños. No necesitan más que atención, cariño y escucha».