El Norte de Castilla

Gozalo afirma que la villa «merece un mañana a la altura de su historia»

Miguel Ángel Gozalo lee el pregón en presencia del alcalde, Jaime Pérez Esteban (al fondo).
Miguel Ángel Gozalo lee el pregón en presencia del alcalde, Jaime Pérez Esteban (al fondo). / El Norte
  • El periodista, que tiene raíces en Santa María de Nieva, abre con su pregón las fiestas de la Virgen de la Soterraña

El pregón del periodista Miguel Ángel Gozalo abrió la noche del martes una nueva edición de las fiestas en honor de Nuestra Señora de la Soterraña. Ante una plaza abarrotada de público, el exdirector de la Agencia Efe, con raíces en la localidad, reivindicó la noble historia de Santa María la Real de Nieva, una historia –dijo– que «merece un mañana a la altura de su ayer».

«Ese ayer –continuó el periodista– arranca en 1395, hace ya más de 600 años, cuando el rey Enrique III de Castilla peleaba con los moros y su esposa, Catalina de Lancaster, rezaba a la Virgen de la Soterraña, que había aparecido enterrada bajo lo que después sería nuestro pueblo. Santa María la Real de Nieva es hija de un milagro y de un impulso soberano, de una devoción y de una voluntad de supervivencia. El rey anunciaba exenciones fiscales para impulsar el crecimiento de la población y que se estableciesen aquí fábricas de paños, cerámica y trillos, y la reina mostraba su piedad en el Monasterio. Los papas ponían las indulgencias y los monarcas los maravedíes. Nobles y abades, labradores y artesanos, funcionarios y paisanos sortearon las dificultades fundacionales con pocos impuestos y muchos rezos. Esta villa, con los catorce pueblos que conforman su comarca, ha heredado todo eso, todo ese pasado, todo ese impulso en una larga batalla hacia la modernidad, bajo el magisterio exigente de los dominicos, en esa Castilla serena y perdurable que, aunque se pudiera percibir así en otro tiempo, ni vive envuelta en sus harapos ni desprecia cuanto ignora».

Recuerdos

Gozalo también evocó la Santa María de su infancia: «La última vez que vine a Santa María, a cuyas fiestas me traían de crío, para vivirlas con el deslumbramiento de un niño, al que sentaban en la carroza de la Virgen, me di una vuelta por el pueblo. ¡Qué reencuentro emocionante! Santa María la Real de Nieva estaba como siempre y donde siempre. Fue como volver a mi infancia, ese paraíso que, gracias a Dios, nadie nos puede arrebatar y nunca perderemos del todo. Allí estaban el Ayuntamiento, esta plaza que es el centro de todo –y donde hoy nos reunimos para vivir este estimulante paréntesis de las fiestas–, la Calle Mayor, la Media Luna, las casas de mis familiares, los cipreses del jardín de los frailes, la ermita, el claustro, la plaza de toros de pizarra, el paisaje recio...»

La proclamación de la reina de las fiestas y sus damas de honor, el izado de banderas y el desfile de peñas completaron la primera de las cinco noches festivas.