Atilano Soto: «He sido muy escracheado»

Atilano Soto, en una de sus últimas comparecencias públicas ante los medios.
Atilano Soto, en una de sus últimas comparecencias públicas ante los medios. / Antonio Tanarro
  • El que fuera presidente de Caja Segovia vive con alivio y la lógica satisfacción el archivo de la causa de las prejubilaciones millonarias, aunque «ahora estoy a otras cosas»

Habló ante los jueces y muy sucintamente con los periodistas a la salida de los tribunales. Solo unas palabras, lógicamente teledirigidas por su abogado, para repetir someramente y casi a la carrera lo que había declarado minutos antes ante los magistrados. En este tiempo, Atilano Soto ha sido citado en el caso Bankia; ha tenido sus cuitas judiciales a raíz de la gestión de Segovia 21, y sobre todo ha tenido que encarar las acusaciones de administración desleal, apropiación indebida y falsedad documental en los frentes abiertos por los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción número 2 y número 5 que investigan su actuación al timón de la extinta Caja Segovia.

El titular del primero, sobre las retribuciones millonarias de altos cargos de la desaparecida entidad de ahorro; y el segundo centrado en dilucidar la responsabilidad de Caja Segovia a la hora de hacerse cargo de la deuda tributaria de Navicoas Asturias y que desembocó en la hipoteca del Torreón de Lozoya.

Atilano Soto se autoimpuso el voto de silencio cuando en los albores de noviembre de 2013 se supo que la Fiscalía Provincial había pedido al Juzgado número 2 la comparecencia de antiguos miembros del consejo de administración y del comité de retribuciones de la ya disuelta Caja Segovia. Tras casi cinco años de diligencias, «el sobreseimiento libre y archivo definitivo –según reza el fallo del auto conocido el martes– por la atipicidad penal de los hechos denunciados e investigados» supone un leve alivio para el que fue presidente de Caja Segovia en su etapa más convulsa.

«Perdono, pero no sé si olvidaré»

A pesar del fallo favorable, Atilano Soto quiere mantener la prudencia y cautelas exhibidas en este tiempo. Admite sentir «satisfacción» por la decisión judicial; pero su sentimiento «no es de alegría, ni de descontento». Repite una y otra vez que ahora «estoy a otras cosas». Son los menesteres familiares en los que dice cobijarse y ocuparse. Sus hijos, sus nietos... Y por ellos insiste en mantener un mutismo que solo rompe para dejar claro que ahora su «pasión es el silencio y la paz que me he prometido a mí mismo».

Asegura que «no estoy en las mejores condiciones» para responder, evaluar o explayarse sobre el frenesí judicial en el que se ha visto inmerso en los últimos cuatro-cinco años.

Sin embargo, su tono desprende una cierta amargura que disimula la supuesta dulzura del archivo del caso de las prejubilaciones millonarias. A lo largo de este tiempo «he sido muy escracheado por algún ámbito social». No generaliza, discrimina sin concretar. «Hay personas que se cruzaban conmigo y no me miraban desde luego con simpatía», pone como ejemplo Soto, quien más allá de la harina judicial concluye que «yo perdono, pero no sé si olvidaré».