Los pintores Rafael Canogar (i) y Alberto Reguera, ayer, durante el coloquio que mantuvieron en el Museo Esteban Vicente de Segovia.
Los pintores Rafael Canogar (i) y Alberto Reguera, ayer, durante el coloquio que mantuvieron en el Museo Esteban Vicente de Segovia. / A. Tanarro

Canogar: «A Alberto Reguera y a mí
nos une la defensa de la pintura»

  • El coloquio entre ambos pintores añade valor a la exposición ‘El aura de la pintura’, que puede visitarse en el Esteban Vicente

«Friedrich fue el pintor más radical del romanticismo alemán, y Alberto Reguera es un nuevo pintor romántico que reivindica la pintura como alternativa puntual. Reguera no trata de mejorar otros lenguajes actuales, sino de mantener el flujo de los movimientos que renovaron la pintura, pero desde la pintura. Por otra parte, la de Alberto es una pintura de acción: sus cuadros van creciendo con materiales, pigmentos, arrastres de color... Son como mesas de laboratorio en las que van apareciendo paisajes».

La exposición ‘El aura de la pintura’, de Alberto Reguera, que durante estos meses acogen las salas del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, recibió ayer el espaldarazo definitivo con las palabras del pintor Rafael Canogar (Toledo, 1950), miembro fundador del mítico grupo El Paso y uno de los principales representantes del arte abstracto en España. En el marco de la exposición, Canogar mantuvo un interesante coloquio con Alberto Reguera (Segovia, 1961) en el que alabó su obra: «Pertenecemos a generaciones distintas y nuestras obras están dentro de contextos históricos diferentes, pero nos une la defensa de la pintura», señaló. Para Canogar, Reguera es heredero de una generación que quiso abrir nuevos cauces estéticos a la pintura, «pero sin dejar de pintar». «En Reguera –continuó el maestro– vemos ese acto de creación de la obra única. Reguera pinta la naturaleza como un todo sublime y ante sus obras estamos ante la pintura pura, capaz de transmitir emociones. Alberto busca la dimensión trascendental de la naturaleza, del misterio de nuestro entorno».

Rafael Canogar tuvo la oportunidad de visitar la exposición guiado por el propio Reguera. La admiración es mutua. El toledano es uno de los pintores que ha marcado la trayectoria artística del segoviano. Hace catorce años, Canogar eligió a Reguera para participar en una exposición conjunta en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, dentro del proyecto Relevos (2002). Desde entonces, la obra de Reguera ha evolucionado mucho, tal y como pudo comprobar Canogar en la retrospectiva que actualmente luce el Esteban Vicente. «Le felicito», concluyó.

Reguera agradeció las apreciaciones de Canogar y admitió haber recogido el legado de pintores a los que ha admirado: «No me considero un artista que quiera cortar con movimientos anteriores. No me gusta romper con la historia del arte, y efectivamente, Friedrich es uno de mis pintores favoritos. Por otro lado, trato de intervenir mi trabajo: hago instalaciones pictóricas a base de expandir la pintura, de pintar esa parte intangible que no se ve, pero que se siente. Con esas instalaciones pictóricas estoy realizando paisajes de pintura», explicó.

Ahondando en el contexto histórico de ambos, Canogar subrayó la anomalía que supuso crear en una país sin libertad, como lo era la España de Franco, circunstancia que determinó buena parte de su trayectoria, al menos hasta la muerte del dictador, en 1975: «Yo siempre he sido un artista inquieto y he cambiado con frecuencia, pero Picasso lo hizo más que yo. A pesar de las circunstancias, viví un periodo muy creativo que tú no has vivido –le dijo a Reguera–, porque mi generación, en los años cincuenta, quiso conectar, tender un puente con la vanguardia española, absolutamente perdida tras la guerra, y resucitar esa vanguardia a través del informalismo. Por tanto, para mí, esos cuadros informalistas eran la expresión de la libertad; yo quería esa libertad, no solo en mis cuadros, también en mi entorno. Quiero decir que las obras de aquel periodo tenían una dimensión sociopolítica, porque eran la expresión de un deseo de libertad en una sociedad que no era democrática. Después del año setenta y cinco me sentí liberado de esa obligación moral que tenía con mi entorno y volví a la pintura, que es lo que siempre me ha interesado más. Y es en esta defensa de la esencia de la pintura, donde tú y yo estamos muy cerca».

–«¿Sería hoy posible el surgimiento de un grupo como El Paso?» –le preguntó Reguera.

–«El Paso se formó como un grupo de acción. En la España de los cincuenta no había críticos, no había coleccionistas, no había nada, y había que comenzar desde esa nada. Y así fue como nació El Paso. Quizá hoy no haya esas motivaciones tan fuertes, pero sí podría crearse un grupo de grandes artistas para defender la pintura, esta nueva pintura que tú estás defendiendo» –le respondió Canogar.

El coloquio, que concluyó con preguntas de los asistentes, puso el broche de oro a una exposición que todavía permanecerá en el Museo Esteban Vicente hasta el 29 de mayo. Es la primera gran retrospectiva de Alberto Reguera en España, un paseo muy completo por la transformación que, a lo largo de los últimos veinticinco años (1990-2015), ha experimentado en su creación este artista segoviano (Reguera nació en Segovia y vive a caballo entre París y Madrid, aunque últimamente ha incrementado sus estancias en el continente asiático). A través de una selección de cuarenta y ocho obras que Reguera ha realizado durante ese periodo de tiempo, el espectador puede ver la evolución de un artista que hunde sus raíces en su admiración por los pintores de la abstracción lírica francesa de los años cincuenta, aunque también dirige la mirada al expresionismo abstracto americano –especialmente a la corriente Color Field Painting– y a referencias estéticas como Monet, Turner y Claudio de Lorena.