El circo Strada brinda en la villa un homenaje a la historia del títere

Jordi Bertrán y Litus Codina, durante el espectáculo de títeres.
Jordi Bertrán y Litus Codina, durante el espectáculo de títeres. / Saray Suárez
  • Un abarrotado convento de San Francisco disfruta de Titirimundi con la compañía Jordi Bertrán

Titirimundi paró de nuevo en Cuéllar en la antesala del festival que se desarrollará la próxima semana en Segovia capital. Hasta la villa cuellarana llegó la compañía Jordi Bertrán con el espectáculo circense Strada. Había ganas de títeres en la villa y más de 300 personas llenaron la nave central del convento de San Francisco. Los niños fueron los grandes protagonistas de una tarde calurosa en la que las marionetas y los payasos hicieron el resto.

Titirimundi hace tiempo que decidió abrir sus fronteras y ofrecer representaciones por la provincia y en otras comunidades, pero en Cuéllar el público demanda más de un espectáculo, ya que el éxito está garantizado. Jordi Bertrán y Carles ‘Litus’ Codina ofrecieron un viaje hasta los orígenes de la marioneta. En eso consiste Strada, un espectáculo de circo que se acerca a maestros como Chaplin, Tati, Fellini, Colombaioni, Tozer, Roser o Pepe Otal. Y es que esta compañía rinde homenaje al mundo de los títeres desde hace más de cuatro décadas, y la fascinación de las marionetas y su capacidad de comunicación no les ha impedido seguir mostrando un teatro de calidad y prestigio.

Los galardones y los premios que han ido cosechando son pasajeros, pero las sonrisas de los espectadores –principalmente niños– quedan como algo perpetuo. Esta compañía y Titirimundi han ligado su trayectoria desde hace años con espectáculos como ‘Ofelia’, ‘Poemas visuales’ o ‘Supermonstres’, que han calado hondo en el público segoviano.

Variedad

Pero volviendo al espectáculo que representaron, destaca la amplia variedad de marionetas que aparecen durante el espectáculo. Desde Fratello y Titina, dos payasos funambulistas que arriesgan su vida en la cuerda floja para mostrar lo que sienten el uno por el otro; a Birugi, un hombre esquimal muy abrigado; a Toti Titó, un payaso de carne y hueso, titiritero, mago y poeta; al domador de mariposas salvajes, haciendo el más difícil todavía; a Mustafa Otal, el encantador encantado, en un homenaje a Pepe Otal; al hombre más fuerte del mundo, Phil Litlehand; a Charlot, en una escena inspirada en ‘Tiempos modernos’, o a Raquel, la musa que habita en sus sueños, personaje de la violetera de la película ‘Luces de la ciudad’.

Tanto el veterano Jordi como Litus Codina cuidaron el más mínimo paso o gesto de estos títeres para seducir a un público entregado a estas historias. Alguno de los niños se marchó a casa pensando que eran personajes reales, y ahí reside la magia de estos hilos que son pura ficción. Fueron 45 minutos intensos de teatro de títeres, con algún número de circo entre medias, y que dejaron al público de Cuéllar maravillado.