Este desplazamiento de bloques de sillería ha 'sobrevivido' a las restauraciones en la Catedral de Segovia.
Este desplazamiento de bloques de sillería ha 'sobrevivido' a las restauraciones en la Catedral de Segovia. / El Norte

Los efectos del terremoto de Lisboa siguen visibles en Segovia después de 260 años

  • Expertos estudian los dañosque oroginó aquel seísmo y que todavía están visibles en la Catedral y en otras iglesias de la ciudad

«... Y registrando todo el recinto de este Real Alcázar, se halló que (en la Torre del homenaje, y Plaza de armas del cubo, que mira al Oriente), había arrancado una piedra de su coronación, de peso como de cuatro arrobas y tirándola al foso, y las ruinas de cal y piedra, cayendo al empizarrado, quebrando como doscientas pizarras. Como el que la almena que está al pie del expresado cubo, que es de piedra, se hallaba abierta. Y en el medio de la escalera de dicha torre, se hallaron seis piedras quebradas, caídas al suelo, ruinas de la pared de dicha escalera, asegurando el teniente de esta guarnición, tres soldados y el Médico de este Real Alcázar, que se hallaban a la sazón en la plazuela, que vieron moverse, a uno y otro lado, el expresado cubo, y tres almenas...»

Estas palabras forman parte del escrito que el gobernador del Alcázar de Segovia, Lorenzo Miguel Serantes y Sandoval, elevó el secretario del rey Fenando VI días después de la fuerte sacudida sísmica que Segovia sufrió el 1 de noviembre de 1755, el día en que un gran terremoto destruyó la ciudad de Lisboa y causó miles de víctimas en Portugal, el sur de España y el norte de África.

El zarpazo del llamado 'terremoto de Lisboa', del que este 2015 se cumplen 260 años, se sintió en toda España, también en el territorio segoviano, asentado en una de las zonas con menor actividad sísmica de toda la península. En el Archivo Histórico Nacional se encuentra documentada una encuesta que el rey encargó para conocer de primera mano los efectos que el temblor produjo en las ciudades y pueblos españoles.

Curiosamente, la actual provincia de Segovia fue la que más encuestas envió (se pronunciaron 123 localidades), no porque los efectos del terremoto fueran especialmente virulentos, sino por el empeño y la labor del intendente de Segovia, Pedro Jirón y Ahumada, en palabras del geólogo y científico titular del Instituto Geológico y Minero de España, Andrés Díez Herrero.

Huellas restauradas

El resultado de la encuesta fue abrumador y puso de manifiesto la gravedad de los daños que el terremoto causó en construcciones particulares, catedrales, iglesias y otros edificios históricos, especialmente en ciudades y pueblos de la mitad oeste del país. En Segovia, además del Alcázar, resultó dañada la Catedral, y probablemente el campanario de la iglesia de San Esteban, que un rayo terminaría abocando a la ruina en el verano de 1894.

Antiguo grabado sobre el terremoto de Lisboa.

Antiguo grabado sobre el terremoto de Lisboa. / el norte

En muchas de estas construcciones resulta complicado detectar la huella del terremoto, pues han sido restaurados (es el caso del Alcázar y de la torre de San Esteban, reconstruidos tras el incendio y la descarga eléctrica que sufrieron respectivamente), pero en otras los efectos siguen presentes a día de hoy.

Precisamente, el equipo de geología de terremotos del Instituto Geológico y Minero de España está llevando a cabo un estudio pormenorizado y sobre el terreno de esos efectos que aquel movimiento sísmico –entonces no existían los sismógrafos, pero los científicos estiman que alcanzó una magnitud de 7,3 a 8,5– provocó en edificios como la Catedral de Segovia, donde el cataclismo desplazó bloques de sillería y dejó una enorme grieta en el muro superior de la nave de los Evangelios, aunque las últimas restauraciones la han disimulado mucho. Que estos daños se deben al terremoto de Lisboa es algo que se encuentra documentado en el archivo de la propia Catedral, según Miguel Ángel Rodríguez Pascua, científico titular del Instituto Geográfico Minero involucrado en el trabajo.

«De lo que pasa después de un terremoto no se ha ocupado nadie hasta ahora y resulta vital conocerlo, especialmente para prevenir y determinar el comportamiento que estos edificios tendrían en casos parecidos o más graves. Nunca se sabe cuándo puede volver a ocurrir. La geología determina la magnitud de un terremoto, pero no el momento en que se produce. En la península ibérica los terremotos se espacian mucho en el tiempo, pero esto no quiere decir que no hayan ocurrido o que no vayan a volver a ocurrir», asegura Rodríguez Pascua.

Estos estudios arqueosismológicos permiten definir terremotos que tuvieron lugar en tiempos pretéritos, hasta ahora solo conocidos, como el de Lisboa, a través de las crónicas históricas y la documentación escrita de la época. «En algunos casos, como el de la torre de San Esteban, nos hemos valido de fotografías antiguas, realizadas antes de las restauraciones que se acometieron en los siglos XIX o XX. El rayo de 1894 dejó el campanario herido de muerte, aunque ya estaba dañado, probablemente a consecuencia de un terremoto. En las fotografías se ve que hay algún sillar desplazado», afirma el geólogo.

Bloques de sillería desplazados

En la Catedral, el temblor del 1 de noviembre de 1755 ocasionó desplazamientos en los bloques de sillería de hasta 12 centímetros. Señales similares se han observado en otras iglesias de la capital y de la provincia. No así en el Acueducto, que no sufrió daño alguno, según los expertos.

Las conclusiones del trabajo estarán listas en verano. Será cuando se expongan en un congreso a celebrar en Granada. Todo parte de la preocupación que causó el tsunami de Japón del 11 de marzo de 2011 y de la presentación, en octubre de 2014, del primer catálogo de los efectos geológicos de los terremotos en España, impulsado por AEQUA, asociación científica multidisciplinar que integra a expertos interesados en la evolución climática, paleogeográfica, tectónica, faunística y humana del territorio español durante el periodo Cuaternario.

«A raíz del terremoto de Japón se crea una corriente que pone de manifiesto la necesidad de conocer los efectos geológicos de los grandes terremotos, con el fin de ubicar futuros edificios, como una central nuclear», señala Rodríguez Pascua, para quien el seísmo de Lisboa dejó en Segovia una huella muy evidente.