‘Vacaciones en Paz’ lejos de los 52 grados del desierto

El grupo de 23 niños sahararuis que llegaron ayer a Salamanca. / LAYA

Un total de 23 niños saharauis llegaron ayer de los campamentos de Tinduf para ser acogidos por familias salmantinas

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

El cansancio tras un largo viaje desde los campamentos de Tinduf no fue obstáculo para manifestar la emoción por el reencuentro de los niños sahararuis con sus familias de acogida. En esta ocasión, de los 23 pequeños que participan en el programa ‘Vacaciones en Paz’, ocho lo hacían por primera vez, mientras que el resto repetía experiencia, aunque en algún caso con una nueva familia. De hecho, como precisaba ayer la presidenta de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Salamanca (Ampusasa), María Ángeles Giménez Maderal, «contamos con 10 familias nuevas».

Esta iniciativa tiene lugar cada verano desde el año 1997, con el objetivo de los niños que viven en los campamentos de refugiados de Tinduf no tengan que convivir con la dureza del desierto durante los meses de julio y agosto. «Allí ahora mismo estaban a 52 o 53 grados, hay que vivirlo, sin apenas agua, sin aire acondicionado en sus casas, cuyo tejado es una chapa», relataba la responsable de esta asociación. Durante el periodo de acogida, de dos meses, estos pequeños niños saharauis disfrutan de forma especial de las piscina o del hecho de comerse un helado.

El vuelo charter que les ha traído desde Tinduf llegó al aeropuerto de Villanubla sobre las nueve menos cuarto de la mañana, y de allí, fueron trasladados hasta Salamanca, donde esperaban con emoción las familias de acogida. María Ángeles Giménez reconocía que ojalá no existiese ‘Vacaciones en Paz’ porque este pueblo viviera en libertad, y no en campamentos de refugiados desde hace 42 años. Además de la intensa emoción por abrazar a sus familias de acogida, los saharauis también notaron la diferencia de temperaturas respecto a su lugar de origen. En cuanto a su adaptación, con el idioma no tienen ningún problema porque además, desde los siete años estudian español en los campamentos:«Y cuando llegan aquí, en 15 días ya se defienden», subrayaba la presidenta de Ampusasa. Por otra parte, confirmaba que se trata de niños sanos pero que pasan por alguna revisión médica para descartar pequeños problemas de salud que les causa vivir en el desierto, con el oído por la arena. Por delante tienen dos meses de diversión.

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