Los tratamientos de última generación ya llegan a todos los afectados de hepatitis C

Exteriores del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, donde se atienden a los pacientes con hepatitis C./ANTORAZ
Exteriores del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, donde se atienden a los pacientes con hepatitis C. / ANTORAZ

El hospital ya ha incorporado a los pacientes del grado F0 y F1 tras su aprobación estatal

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

Los pacientes afectados de hepatitis C de los grados F0 y F1 del Complejo Asistencial de Salamanca ya están recibiendo los últimos tratamientos del mercado que consiguen curar la enfermedad, según informan fuentes hospitalarias.

Este acceso universal a las terapias farmacológicas fue aprobado el pasado 21 de junio en el Consejo Interterritorial de Sanidad que tuvo lugar en Madrid y en el que participan todos los responsables de Sanidad de las Comunidades Autónomas. De hecho, en algunas zonas ya se ha anunciando públicamente el inicio de los tratamientos para estos dos grupos de afectados de hepatitis C, y en algunos hospitales de Castilla yLeón ya se están realizando también, además de Salamanca.

Este importante paso fue la razón de ser de la creación de la Plataforma de Afectados de Hepatitis C de Salamanca, en enero de 2015, que tras conocer la puesta en marcha de estos tratamientos a los primeros pacientes recuerda que su lucha era «que nadie tuviera problemas para acceder a lo último del mercado», y consideran que la aprobación hace justo un mes «supuso ganar la batalla», en palabras de la portavoz de la plataforma, Esther Mate.

Más inmediato

Al respecto, considera que una vez aprobado en el Consejo Interterritorial este tratamiento ya universal para todos, «al día siguiente tenían que haber salido todos los consejeros a anunciar que ya se ponía en marcha en sus hospitales, como alguno sí han hecho», subraya. Tras la aprobación, como remarca Esther Mate, el siguiente paso es instaurar un protocolo para todos los hospitales.

Hasta ese momento, los afectados de estos dos grados no podían recibir las terapias, salvo casos muy excepcionales, como los coinfectados o en mujeres que querían quedarse embarazadas. A partir de ahora, como han confirmado desde el Complejo Asistencial, los especialistas ya están dando tratamiento a a los F0 y F1, con prescripción médica, según cada genotipo les indican unos u otros de los existentes en el mercado.

Con los últimos tratamientos, en tres meses ya no hay rastro del virus

En Salamanca, se estima que existe cerca de 500 afectados de estos dos grados de la enfermedad. Estos tratamientos han bajado de precio de forma progresiva, y como subraya la portavoz de la Plataforma, «han pasado de un coste de 90.000 a unos 3.000», según la marca.

Por otra parte, Esther Mate insiste en que aunque la primera «batalla» está ganada, que es el acceso universal al tratamiento, la lucha continua ya que como reconoce, hay que detectar a la población que está contagiada y no lo sabe, «y apostar por los programas de prevención». La estimación que manejan desde la Plataforma es que un 85% de las personas que tienen en la actualidad esta enfermedad no lo saben.

La hepatitis C es una enfermedad silenciosa y consideran que hay que incrementar las medidas para detectar a todos los afectados, «sería importante la implantación de un cribado que detecte nuevos casos desde Atención Primaria. De hecho, esta Plataforma ya está trabajando para solicitar planes de acción en los centros de salud de Salamanca, y tiene previsto reunirse con sus responsables.

La población de mayor riesgo de contagio es la nacida entre los años 1955 y 1972

Cabe recordar que la diferencia entre la hepatitis B y la C es que la primera tiene vacuna y está dentro del calendario infantil, y apenas se dan casos.

La idea de centralizar la detección precoz en Primaria es porque se trata de la puerta de entrada del paciente al sistema sanitario. Para Esther Mate, el sistema de detección debería de centrarse en la población de riesgo, en concreto, las personas que han nacido entre los años 1955 y 1972, de entre 45 y 67 años. En esas décadas no existía ningún control de contagio por vía sanguínea porque el virus de la hepatitis C no se descubrió hasta el año 1989. Según argumenta Esther Mate, en esos años, se pudieron infectar a través de transfusiones de sangre, hemodiálisis, inyecciones con agujas no esterilizadas o incluso al hacerse un tatuaje o un tratamiento dental.

A partir del año 1991 se establecieron medidas y protocolos para evitar este tipo de contagios. De hecho, recordar que un 75% de los infectados de hepatitis C ha tenido su origen de infección en el sistema nacional de salud, con una vida normalizada y sin síntomas de haber sido contagiados.

Esther Mate precisa que el médico de Atención Primaria puede hacer una gran labor al respecto con una especial atención a esa posible población de riesgo, y bastará con preguntar sus antecedentes, como por ejemplo, si han recibido una transfusión de sangre en esos años sin ningún protocolo, etc., «y con un análisis de sangre donde se incorpore la prueba de hepatitis C se puede detectar si padece o no dicho virus». Y en el caso de dar positivo, que se active el protocolo para derivarlo a la AtenciónEspecializada, en concreto, a los médicos del Aparato Digestivo (hepatólogos), quienes realizan el diagnóstico y tratamiento definitivo.

Ese será el siguiente reto de la Plataforma y para ello hablarán con los responsables sanitarios e iniciarán una intensa campaña informativa con dípticos y carteles (que se costean ellos mismos, ya que nunca han recibido ninguna subvención), para poder detectar a un mayor número de afectados de hepatitis C que todavía no lo saben.

Por otra parte, lamentan que pese a estar muy presentes en la sociedad, en especial estos dos últimos años y medio, los ciudadanos todavía no conocen bien en qué consiste la enfermedad y sus posibilidades de contagio: «Esto hace que siga siendo un estigma para los afectados». Como argumenta Esther Mate, en algún estudios que se han publicado reflejan que un importante porcentaje de la población responde que no contrataría a una persona afectada o no viviría con él, cuando el contagio tan solo se produce de sangre a sangre, y es complicado.

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