«Solo desde el respeto al pasado es posible construir el futuro»

Francisco Somoza, durante su pregón de ayer en el Casino de Salamanca. /LAYA
Francisco Somoza, durante su pregón de ayer en el Casino de Salamanca. / LAYA

El pregonero de la Semana Santa de Zamora en Salamanca,Francisco Somoza, repasa las entrañas de una ciudad que se transforma

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

Para el arquitecto sanabrés Francisco Somoza, pregonero de la Semana Santa de Zamora en Salamanca, volver a la capital del Tormes suponía una doble emoción, ya que vivió en ella su infancia, desde los ocho años, hasta los 18: «En ella pase algunos de los mejores años de mi vida. El colegio, los amigos, los paseos por las riberas del Tormes...», enumeró al inicio del pregón que ofreció ayer en el Casino de Salamanca.

En su pregón, Somoza quiso recorrer, desde la emoción, cada día de la Semana Santa en una ciudad que se vuelca durante esos días: Zamora. Una de las ideas centrales que quiso transmitir a los presentes, es que en los días de Pasión, la capital zamorana se transforma en un gran escenario, «en el que un montón de actores, la población entera, forman parte de esta tradición», precisaba antes de pronunciar el pregón.

Francisco Somoza comenzó su pregón del mismo modo que se anuncia la llegada de la Semana Santa en Zamora, recordando al Merlú, «el toque de corneta roto y prolongado y los golpes secos del tambor que nos parten el corazón, sonidos que todo lo paralizan y lo enmudecen, y así comienza el tiempo de silencios».

Somoza relató los sentimientos que se respiran cada día de Pasión, desde el traslado previo del Nazareno de San Frontis, «quién no recuerda ese olor a ribera cuando la procesión bordea el río y atraviesa el puente que une la ciudad que las aguas divide»; hasta el Domingo de Resurrección, una jornada en la que para el pregonero «vuelve la luz, la vida, después de tanto dolor y tanta muerte, regresa la alegría».

En su pregón se apoyó en los versos de poetas zamoranos como Agustín García Calvo, Claudio Rodríguez o Ángel Fernández Beneítez, porque sin ellos no entiende otra forma de transmitir lo que significa para Zamora la Semana Santa y lo que allí se respira. A los días Santos también les puso color, como el Domingo de Ramos de color fucsia, un Lunes Santo en blanco y negro...«una madrugada en tinieblas más tenebrosas que nunca, se rasgan para que el Cristo de la Buena Muerte recorra las estrechas calles de la ciudad antigua».

Y describe cada imagen, como la del Cristo de las Injurias, que recorre la ciudad «al compás del silencio inmerso entre llamas y rojos. Y no camina Dios camina el hombre, un ser como nosotros, expresión de la entrega absoluta, de la más profunda solidaridad, capaz de dar por los demás hasta su propia vida».

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