«Los sacerdotes que están aquí tienen un trabajo muchísimo más duro y complicado»

El padre Manuel durante su última visita a Salamanca hace unos días/S. G.
El padre Manuel durante su última visita a Salamanca hace unos días / S. G.
Manuel Hernández- Misionero en Malaui

Entiende que en África «te enfrentas a la pobreza pero la riqueza espiritual es muy grande» pero aquí, «la gente está alejada de Dios»

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJOCiudad Rodrigo

Su vida como misionero comenzó en Londres, cuando estaba estudiando inglés y vivía en un colegio de la orden de Mill Hill. «En aquel momento, me invitan dos chicos que estudiaban Teología a ir como voluntario a Kenia», explica el padre Manuel, «estuve un par de meses, me gustó la experiencia; repetí otros tres meses y después decidí quedarme, primero como voluntario y luego estudié Filosofía y Teología y me ordené sacerdote allí».

Natural de Serradilla del Llano, cursó en el Seminario de San Cayetano de Ciudad Rordigo la Secundaria pero «en vez de continuar con la posibilidad de ser sacerdote, me fui a Salamanca a la Universidad y la vocación surgió después, para mí es un proceso de maduración y en aquel momento la cosa no estaba madura».

Una vez ordenado sacerdote en Kenia, el obispo le fue encomendando varias tareas y desde hace cinco años desarrolla su labor en Malaui.

-¿Cómo surgió la posibilidad de marcharse de Kenia a Malaui?

-Nos ofrecieron ir a cuatro diócesis diferentes pero tuvimos que elegir una. Ya en la archidiócesis de Lilongwe habría tres posibilidades: una era trabajar en la ciudad, otra en la zona interior, prominentemente católica, y otra era trabajar donde estamos ahora, al lado del lago, en una zona muy bonita pero donde se mezcla mucho la religión musulmana, la protestante que es predominante, y la católica.

-¿Cómo es la Kenia a la que usted llegó y la que dejó hace cinco años?

-En Kenia ha habido un cambio increíble, ahí sí que puedes ver un cambio en cuanto a educación, en cuanto a evolución, no tiene nada que ver con la Kenia de hace 20 años. Se nota muchísimo, la gente está muy bien preparada.

-¿Cómo ha influido el turismo en ese sentido?

-El turismo es una de las patas del desarrollo, pero también el gobierno ha invertido mucho en educación y la gente está muy bien preparada y Nairobi se ha convertido en el centro para todas las empresas en el África del Este. Eso tiene una repercusión muy positiva en la economía del país.

-¿Y cuál es la realidad de Malaui?

-En Malaui vivimos 30 años por detrás de Kenia, está prácticamente como cuando yo llegué a Kenia hace 20 años, o menos. La salud es muy precaria. Para que te hagas una idea, hay dos médicos otorrinos en todo el país, encuentras tratamientos si vas a hospitales privados o tienes un buen seguro pero para la gente, lo más mínimo o básico es difícil de encontrar. La educación está muy deteriorada y ahora se está haciendo un gran esfuerzo en intentar volver a reflotarla; es un país muy pobre, se basa solo en la agricultura, una agricultura de subsistencia y hay mucha pobreza.

-¿Cómo se aprende a vivir con esa realidad?

-Cambias el chip y simplemente cuando la gente va allí te lo calcula todo en euros y yo te lo calculo todo en kwacha (pronunciado, guachas) que es la moneda de allí, porque mi mente piensa en kwachas y en el nivel de vida que la gente tiene. Si piensas en nuestro nivel de vida de aquí te parece todo baratísimo y que todo es muy asequible, en cambio, cuando ves allí los sueldos de la gente, de 60 u 80 euros al mes, todo te sale relativamente carísimo cuando algo te cuesta dos euros. En cambio, aquí no ganas 80 euros y dos euros es muy poquito, más o menos esos son los parámetros en los que te tienes que mover. Para poder cambiar tu mente y pensar con los parámetros de allí, necesitas estar un tiempo en el país.

-Cuando uno llega, ¿cree que va a cambiar el mundo?

-Cuando llegamos a Malaui veníamos con la mente de Kenia pero cuando uno llega por primera vez y tras mi experiencia con los muchísimos voluntarios que recibimos constantemente, es que al principio están un poco descolocados, poco a poco te vas ambientando. Al principio todo te parece nuevo y la sensación que te da cuando están un mes y se vuelven es que cuando empiezan a coger el gusto a la cosa y ya se tienen que marchar. Yo creo que es más sorpresa porque por mucho que hayas visto de televisión, reportajes o te hayan contado, hasta que no estás en el terreno no te haces una idea de lo positivo y de lo negativo, porque no todo es negativo y pobreza, hay cosas muy, muy positivas, que es una riqueza muy grande que ellos tienen.

-¿Cada cuánto tiempo regresa a España o a Salamanca?

-Normalmente vengo una vez al año y a España es un decir. Vengo a Europa y paso por España. A veces, por alguna circunstancia especial, vengo pero es muy poco tiempo, una semana o 10 días para hacer algo: una boda, un compromiso, pero normalmente, suelo venir en noviembre cuatro o cinco semanas, de las cuales estoy en España varias.

-¿Le produce un choque lo que va encontrando cada vez que vuelve?

-Cuando voy a Serradilla tengo recuerdos de la niñez y como lo ves ahora todo como un adulto, te parece muy diferente, lo ves con un prisma diferente a lo que tienes en tu mente. Cuando vienes a España te das cuenta de que es una sociedad muy diferente a la que vivimos nosotros y se produce un choque, dijéramos cultural y de cosas que no entiendes en general o, entiendes, pero en cierta manera no compartes. Ese choque está ahí porque vives fuera todo el año y ves cosas de cómo la gente ha cambiado, la cultura, casi todo, el materialismo, todo eso te das cuenta.

-Después de tantos años fuera de Serradilla del Llano, de Salamanca, ¿usted de donde se considera?

-Yo me considero de allí. Allí está mi vida, mi gente y todo el mundo me considera de allí. Ahora de Malaui. En Kenia me siento como en casa, porque he estado viviendo muchos años y conozco a muchísima gente pero en Malaui me considero en casa y mis parroquianos me quieren, allí la connotación de ser el pastor está ahí, la gente está muy pendiente de ti y tú tienes un papel a jugar en la sociedad y eso es muy importante, te sientes parte de ellos, no ven si eres blanco o negro, hablas su idioma también. En cierta manera pensamos en cosas de diferente manera, pero como entiendes la cultura y la compartes, me siento integrado, nunca me he sentido como de fuera, y te sientes así con cualquier cosa que pasa, cualquier fiesta, cualquier funeral, la gente te hace partícipe de ello.

-Ustedes son religiosos pero desempeñan, además, una labor asistencial, ¿cómo se conjugan los distintos aspectos?

- La pastoral que se hace allí es integral, no es solo pastoral religiosa ni hacer desarrollo, las dos se combinan de una manera armoniosa y trabajamos en las dos. Trabajamos en la parroquia y a veces con gente que no son católicos y a veces mucha de esta gente acaban viniendo y haciéndose católicos, y no porque le des algo sino simplemente porque entienden nuestra manera de trabajar y hacer la pastoral como algo muy integral y que está abierto a todo el mundo. Si predicas el amor de Dios y de Jesucristo por los hombres y tú lo manifiestas y das ejemplo de ello, la gente lo entenderá mejor, no hablas solo de teoría, la teoría se materializa en la práctica.

-Tengo entendido que tienen lista de espera para los voluntarios.

-Julio y agosto suelen ser muy complicados porque hay demasiada gente que quiere venir. En los últimos cinco o seis años es cuando más se ha despertado el interés y ahora realmente tienes que poner ‘numerus clausus,‘ que digo yo, y es que más de esto no se puede y no se puede. Los dos últimos años, cada vez tenemos más gente que se viene durante el año y no son precisamente jóvenes estudiantes sino gente que está trabajando y que se quiere tomar un mes o dos meses para conocer aquello y tener una experiencia de misión que yo creo que acaba tocando y cambiando, en cierta manera, muy positivamente siendo parte de la persona.

-¿Se siente respaldado desde esta parte del mundo? No solo me refiero al respaldo económico.

-Tenemos organizaciones y gente con la que trabajamos mucho y acaban siendo muy amigos tuyos. Te hablo desde Manos Unidas, de Llamaradas, al final no es lo material sino que acaban siendo amigos y parte de ti. El problema es cuando vienes y solo tienes dos semanas y tienes 50 personas esperando a que les llames o que les vayas a ver.

-A medida que se han ido asentado las nuevas tecnologías, entiendo que eso ha permitido un mayor contacto con la familia.

-Con la familia y con los parroquianos que me envían whatsapp constantemente porque en África, la gran revolución de los últimos cinco años es que la tecnología móvil es accesible al 80% de la población, diría yo. Te preguntan si hay una reunión, si vienes a esto o a lo otro, es el whatsapp para todo porque las llamadas son muy caras y en el caso del contacto con España, lo mismo. Otros lo harán también a través de redes sociales pero a mí solo me da tiempo a contestar correos y whatsapp y ya es suficiente.

-¿Cuánto tiempo tiene pensado permanecer en este destino?

-Este proyecto que hemos comenzado es una parroquia y seguirá en el tiempo. Yo estoy aquí como ‘fidei donum’, mi obispo me permite venir porque yo pertenezco a una diócesis de Kenia. En octubre se cumplieron cinco años y volví a renovar por otros cinco, por lo que si no pasa nada y Dios quiere, estaré hasta 2022. En nuestro caso, los obispos lo que hacen es formalizar, por decirlo de alguna manera, pero eres tú el que te tienes que ver con ganas, a no ser que haya una necesidad muy concreta y tu obispo te reclame para algo.

-¿Hay veces que las circunstancias superan?

-Allí la vida cotidiana no tiene dos días igual, siempre es diferente, pero hay días que sí, que uno acaba muy cargado o que te tocan momentos duros, que los hay. Me imagino que como en cualquier sitio, uno puede encerrarse en cierta manera, reflexionar, rezar, intentar entender la voluntad de Dios. Aveces son momentos duros pero nunca me he visto en esos momentos duros porque sea misionero sino que entiendo que los hay en cualquier experiencia o circunstancia de la vida que uno lleva.

-¿Cómo cree que ve la gente a los misioneros?

-Mucha gente nos dice que hacemos un gran sacrificio estando allí y que es algo muy bonito y duro y yo lo considero al contrario, un regalo y es muy fácil porque veo que los sacerdotes que están aquí tienen un trabajo muchísimo más duro y complicado que nosotros.

-¿Por qué dice eso?

-Porque en nuestro caso, quizás te enfrentas a la pobreza y a la dificultad material, que es verdad que la hay, pero hay una riqueza espiritual y una alegría, una frondosidad en todo lo que es la religión y vivirla, que aquí es como un campo quemado. Hay tanto materialismo y la gente está tan lejos de Dios, es todo individualismo, y llevar el ministerio sacerdotal aquí es muy difícil y encomiable, para mí es un gran sacrificio y gran trabajo.

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