La perspectiva atmosférica de la joya de Ribera pintada en Nápoles

El inicio de la proyección sobre el cuadro de La Inmaculada, de José de Ribera, organizado por el grupo de Fe y Arte. /Víctor Antóraz
El inicio de la proyección sobre el cuadro de La Inmaculada, de José de Ribera, organizado por el grupo de Fe y Arte. / Víctor Antóraz

El grupo Fe y Arte dedica el inicio de su curso al cuadro de La Inmaculada, en la Purísima

EVA CAÑAS/ WORDSalamanca

Lo único que estaba iluminado en el altar mayor de la iglesia de La Purísima era el inmenso cuadro de José de Ribera, La Inmaculada (1635), minutos antes de que el grupo de Fe yArte arrancara su inicio de curso, donde persigue evangelizar a través del patrimonio de los templos.

Su convocatoria llenó los bancos del templo en el día de la Solemnidad de La Inmaculada, el 8 de diciembre, para poder admirar con otros ojos el cuadro de tan ilustre pintor. Como recordaba ayer uno de los impulsores de Fe yArte, el sacerdote diocesano Tomás Gil, «La Inmaculada de Ribera es el gran lienzo de la década prodigiosa de Ribera, la mejor época , porque abandona el tenebrismo y empieza a inundar de luz sus sombras». Y a modo de ejemplo precisa que es como si abriera en su estudio de Nápoles las ventanas para que entrara la luz.

De esa genialidad de Ribera, Tomás Gil se queda con lo que se llama perspectiva atmosférica, «que es la que envuelve a la obra y aquí en La Inmaculada lo consigue». Como también indica este sacerdote, es la manera de representar que María ha sido concebida sin pecado, «la rodea de la luz de Dios y la envuelve en la atmósfera de esa luz, en la que nos introduce también a nosotros», y para Gil, es lo bonito de Ribera, «que hace que la obra nos atraiga a nosotros y nos haga partícipes de esa luz divina, de esa gloria de Dios, comoMaría, para también sea limpiado nuestro pecado, y entrar en una vida nueva contemplando esta imagen». En esta obra, insisten, se ve a María como la mujer nueva, la nueva Eva, «que sirve de ejemplo para que los cristianos entren en esa vida de Santidad que Dios propone por medio de su HijoJesús». Para Tomás Gil, eso es en el fondo lo que quiere representar el lienzo y lo que explicó en la tarde de ayer.

Otro dato significativo de esta obra de José de Ribera ubicado en La Purísima es que el eje del cuadro es la mano derecha de María. «Todos vamos a mirar su rostro pero el cuadro está concebido como un círculo, y si se contempla bien, entre la nube de abajo que están los ángeles y el brazo extendido de Dios padre (arriba), se ve que tiene su eje precisamente en la mano de María sobre el corazón», aclara este responsable de Fe yArte. Porque para Ribera es el corazón del hombre donde está la limpieza o la oscuridad, el pecado o la gracia, «y en María es un corazón limpio, y es donde él quiere representar La Inmaculada Concepción, no es el aspecto exterior sino el interior, por eso tiene las manos cruzadas, pero sobre todo, la mano derecha que se apoya fuertemente sobre el corazón».

Otro detalle a tener en cuenta es que el cuadro es un rectángulo con unas medidas muy especiales, denominado rectángulo áureo, como indicaba Tomás Gil, «una proporción armónica que ya se utiliza desde Grecia o Roma, sobre todo para hacer representaciones que tienen encerrado un misterio, para conseguir belleza, y se hace a través de esas medidas, de un tres por dos». En este cuadro de José de Ribera también suele pasar desapercibido el paisaje de abajo, «un amanecer que hace referencia a Cristo y María es la estrella de la mañana que anuncia la llegada del alba que es Cristo, la luz que va a terminar con la oscuridad del pecado». Fe y Arte proyectó ayer un vídeo de 30 minutos sobre este cuadro y como sorpresa final contaron con la interpretación del Ave María de Schubert a cargo de la soprano, Virginia Sánchez.

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