Miles de jóvenes viven su gran noche en la Plaza

Miles de invitados a la Nochevieja Universitaria saltan en la Plaza Mayor minutos antes de las campanadas de medianoche. / LAYA Y ANTORAZ

La lluvia amenazó con aguar la mayor fiesta del año en Salamanca, pero paró justo a tiempo para que la Plaza se llenase y los miles de invitados se comiesen las gominolas

DANIEL BAJO / WORDSALAMANCA

La frase ‘Una imagen vale más que mil palabras’ se inventó para noches como la de ayer. A la espera de que las autoridades y los organizadores hagan hoy balance de kilos de basura, miles de euros vendidos en copas y gominolas, intoxicaciones etílicas y demás variables, lo que quedará en la memoria colectiva de esta Nochevieja Universitaria 2017 son los dos escenarios de la fiesta (la oficial en la Plaza Mayor y aledaños y la 2.0 en el Sánchez Paraíso). Si la Nochevieja Universitaria da tanto de sí como para que haya dos fiestas simultáneas lo sabremos en la edición de 2018.

Hasta entonces basta con contar qué sucedió anoche en el centro histórico de la ciudad. Los miles de visitantes foráneos se dejaron ver a lo largo de toda la tarde. Nadie había venido para buscar la rana en la Universidad, sino a reunirse en la Plaza para bailar, empezar a trasegar y hacer tiempo hasta las campanadas y las gominolas.

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La lluvia también se dio por invitada durante buena parte de la noche. Los estudiantes prefirieron reservar fuerzas en los bares y cafeterías del centro antes que bailar bajo la lluvia y la Plaza no cogió ‘color’ hasta bien avanzada la noche y coincidiendo con la entrada en escena de Fonsi Nieto. A partir de ese momento fue una fiesta como las de los viejos tiempos, con miles de personas saltando, lanzando los gorros promocionales al aire y cantando como si no hubiera un mañana.

La Nochevieja Universitaria ha pasado de una broma entre amigos de clase a una fiesta masiva. El único vínculo que queda con el evento original son las gominolas. Ayer hubo fiestas privadas en los pisos y docenas de autobuses venidos expresamente a la juerga. Es un encuentro multitudinario que hace mucho bien a la hostelería, pero no faltan las voces, y cada vez son más numerosas, que abogan por reinventar la Nochevieja Universitaria antes de que la ciudadanía se canse de ella o de que la idea muera de puro agotamiento. La lluvia influyó, sí, pero ayer había mas huecos en la Plaza Mayor que en las ediciones anteriores.

Mucha policía

Una concentración semejante es una pesadilla logística, aunque por suerte las Fuerzas de Seguridad y los servicios de emergencias están más que acostumbrados a bregar con este tipo de actos.

La Nochevieja Universitaria desplegó a unos 150 policías locales que se ocuparon de controlar los acceso a la Plaza (con aforo limitado a 21.700 personas como máximo) y velar por que nadie tuviera ganas de montar el número. Por supuesto contaron con la asistencia de bomberos (más vale prevenir), la Policía Nacional (80 agentes repartidos en un segundo cinturón en el centro de la ciudad) y la Guardia Civil, con 120 agentes vigilando 27 puntos de control de tráfico. Ayer hubo policías en cada rincón de la Plaza Mayor y alrededores. Literalmente.

En cuanto a los servicios de emergencias, Cruz Roja desplegó a unos 60 voluntarios para socorrer a quien lo necesitase e instaló servicios de asistencia en los alrededores de la Plaza y junto al Sánchez Paraíso. Representantes de Cruz Roja explicaban anoche que cada Nochevieja Universitaria atienden en torno a 44 ó 45 personas, el 80% de ellas a causa de intoxicaciones etílicas.

Sacyl, por su parte, reforzó los servicios de Urgencias de Atención Primaria y Atención Especializada con siete profesionales sanitarios, atentos a lo que pudiera pasar.

Los miles de asistentes a la Nochevieja (la organización calculaba en torno a 35.000 personas) volverán hoy a sus hogares mientras la ciudad recupera su ritmo habitual poco a poco.

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