Memoria y Justicia baraja instalar placas o estatuas junto a las fosas del franquismo

Homenaje en el monolito en memoria del alcalde Casto Prieto Carrasco. / Víctor Antoraz

Se plantean crear «lugares de memoria» allí donde no se puedan exhumar o identificar restos

DANIEL BAJO / WORD Salamanca

. La Asociación Salamanca Memoria y Justicia continúa pensando actividades e iniciativas para hacer justicia a los cientos de represaliados durante la Guerra Civil y la dictadura que aún reposan en prados y descampados de toda España.

Aunque su intención siempre ha sido la de localizar, identificar y exhumar a los fusilados para entregar los restos a las familias, no siempre es posible. La Guerra está cada vez más lejos en el tiempo, los testigos directos van desapareciendo y la información escrita no siempre es fiable o no existe. En algunos casos no hay familia que reclame el cuerpo, no hay forma de contactar con ella para pedirle permiso y rescatar los huesos o el dueño del terreno no quiere saber nada del asunto. O simplemente no hay fondos para acometer tantos trabajos de excavación e identificación, por muy buen ánimo y esfuerzo que pongan los voluntarios.

Así las cosas, la Asociación ha empezado a estudiar otras opciones para asegurarse de que se respeta la memoria de los desaparecidos y la sociedad salmantina recuerda lo que sucedió. La presidenta de la Asociación, Luisa Vicente, explica que «va a ser imposible» exhumar a todas las víctimas de Salamanca (en torno a un millar) «a menos que cambie la política que lleva el Gobierno de no conceder ayudas a la memoria histórica o que el Estado asuma los trabajos, pero de momento es bastante complicado exhumar».

Con este panorama, la idea que ronda en la Asociación es tratar de identificar «lugares dela memoria» donde haya cuerpos que «no se puedan exhumar» para que «la gente pueda saber» que allí hay restos de represaliados. La puesta en práctica de esta idea supondría colocar «placas, monolitos o esculturas» en dichas zonas, para identificarlas como lugares de memoria.

Según Luisa Vicente, el mirador de la memoria en El Torno (Cáceres) podría ser un buen ejemplo de sus ideas. Explica que en algunas áreas en las que se sabe que hay personas enterradas han colocado estatuas o esculturas explicativas para que todo el mundo lo sepa.

Por el momento es «un proyecto» que tienen en mente, pero prefieren no adelantar plazos. Lo prioritario es acometer nuevas exhumaciones en fosas comunes para rescatar los restos. Tampoco se les escapa que instalar objetos que recuerden a las víctimas «implica un gasto económico». La asociación sale adelante gracias a la colaboración de sus socios «pero la situación es la que es y siempre estamos limitados por eso». No saben cuándo o cómo podrán poner en marcha esta idea, pero sí saben por dónde podrían empezar y por qué deberían acometer el esfuerzo.

Posibles ubicaciones

La Asociación Salamanca Memoria y Justicia tiene identificados en torno a un centenar de enterramientos en Salamanca.

La Orbada, explica Luisa Vicente, es «un punto primordial» y el día que la iniciativa se ponga en marcha, podría hacerlo por allí. Según la presidenta de la Asociación, La Orbada fue «muy significativa» para la represión franquista. Tienen constancia de que hay «seis o siete» cuerpos en un paraje del término municipal «pero no sabemos quiénes son. Hubo sacas en la cárcel, en los domicilios, gente traída desde Valladolid... Hubo mucho movimiento de gente y resulta muy complicado saber quién está ahí». En La Orbada también han registrado peticiones de familiares para exhumar los restos de sus parientes, pero a veces son incapaces de ubicar dónde están dichos restos. La idea de los lugares de memoria cobra sentido en casos así, en los que es prácticamente imposible identificar a nadie o no hay forma de saber en qué punto exacto están los huesos.

En la Asociación creen que en situaciones tan complejas una placa, un monolito o una estatua en el paraje donde descansan los restos podría compensar en cierta forma a los familiares. Según la presidenta, muchos quieren «que se reconozca» lo que pasó allí. «Muchos enterrados no tienen ni nombre y así al menos se sabría dónde están. La mayor satisfacción para los familiares es saber que sus antepasados están allí. Sería un reconocimiento para las víctimas y una forma de saber dónde fueron asesinadas o depositadas. Y eso para los familiares vivos es un mundo».

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