Medio millar de personas de diversa procedencia participan en el Vía Lucis

Parada en Pedrosillo de los Aires durante la peregrinación de ayer./ACASÁN
Parada en Pedrosillo de los Aires durante la peregrinación de ayer. / ACASÁN
BELEÑA - FUENTERROBLE DE SALVATIERRA

La XXII edición de esta peregrinación misionera por la Vía de la Plata cuenta con seis imágenes en el recorrido

MARÍA JESÚS GUTIÉRREZ / WORD

Unas 300 personas en el camino y medio millar en el encuentro participaron ayer en la vigésimo segunda edición del Vía Lucis, una peregrinación misionera de la Pascua por la Vía de la Plata, promovida por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago-Vía de la Plata (Acasan), con un recorrido de unos 30 kilómetros, desde Beleña hasta Fuenterroble de Salvatierra, y nueve paradas.

Llegados de lugares tan dispares como Sevilla, La Bañeza (León), Madrid, Cáceres, Arévalo (Ávila) y la propia provincia de Salamanca, entre otros, los peregrinos se dieron cita a las nueve de la mañana en Beleña en una jornada en la que el tiempo respetó, aunque estaba nublado, algo que -como señaló el párroco de Fuenterroble y presidente de Acasan, Blas Rodríguez- «se agradece, porque evita que nos quememos con el sol», como ha ocurrido en alguna ocasión.

En el recorrido de este año, que llevaba por título 'Siguiendo los pasos del Resucitado', participaron cuatro carros, dos tractores y varias plataformas, así como 6 grandes tallas, las más resistentes, y el resto permanecieron a la espera en Fuenterroble, «ya que sufren mucho en el camino y están en proceso de consolidación, necesitan una restauración», especificaba Rodríguez.

De esta forma, y según el orden que llevaban durante el recorrido, se podían ver las imágenes de Cristo Resucitado, la Virgen del Encuentro, Santiago, San Juan, Santo Tomás y Cleofás, uno de los discípulos de Emaús. Mientras que en Fuenterroble se les unieron María Magdalena, San Pablo y San Pedro.

Respecto al Vía Lucis señalar que, en la edición de ayer, se centraba en la naturaleza, en el respeto al medio ambiente; mientras que las paradas realizadas fueron nueve, cada una con su propio simbolismo.

La primera de las estaciones tuvo lugar en la iglesia de Beleña y ésta se centraba en el sol, en Cristo Resucitado, «luz que ilumina, lucero que no conoce ocaso» y representación de la resurrección a una nueva vida.

La segunda, una vez iniciada la marcha, fue un canto a la naturaleza, en el «corazón de la dehesa salmantina, belleza extrema», con María Magdalena, que es «la belleza y todo se reviste de ella para acogerla». Parada que se realizó en Sanchituerto, a las 12:30 horas, y donde se tuvo lugar una comida popular y de convivencia.

La finca de Sayaguente fue el lugar elegido para la tercera estación, la del encuentro de María con su Hijo. El símbolo utilizado en esta ocasión fue una rosa con espinas, una flor «bella que ha tenido que pasar por el sufrimiento para florecer». Esta parada significó un canto al amor, a la vida, a la entrega y al sacrificio, cuya recompensa es el triunfo de la vida sobre la muerte.

La cuarta estación llegaría en Pedrosillo de los Aires, donde se escenificó el encuentro con Santo Tomás y se realizó un canto al aire limpio que permite ver el horizonte y respirar más hondo, que despeja dudas y miedos, «aire limpio frente al aire contaminante que impide ver con claridad», señalaba Blas Rodríguez.

En Fuensanta (Navarredonda de Salvatierra), el símbolo fue el agua pura, limpia, que es vida y bendición para la tierra seca de días anteriores. Aquí se realizó la renovación de las promesas bautismales. Y la figura destacada fue la de San Pedro (que negó tres veces a Jesús), porque «no importa el pasado sino el presente y futuro», afirmaba Rodríguez, que apostillaba «si antes me fiaba de ti, Pedro, ahora me fío más, dijo el Señor».

El encuentro con Santiago tuvo lugar en la sexta estación, en el Camino de Santiago (entre Casafranca y Palacios de Salvatierra), donde se recordó el camino duro, las piedras y los tropiezos de la vida, pero «lo importante es seguir adelante, hay que ser capaces de llegar, de hacer un mundo mejor, porque la meta está en la eternidad». Una estación en la que se entregaron las credenciales del peregrino.

Sin prisa pero sin pausa se llegó a la séptima estación (sobre las 21:00 horas en Fuenterroble de Salvatierra), centrada en San Juan, que es capaz de descubrir quién es el Señor, de ver y admirar y contemplar lo que otros no ven. «Lo esencial escapa a los ojos, sólo se ve con el corazón, que es capaz de descubrir los tesoros en la naturaleza, en el arte, en las relaciones humanas», afirmaba Blas Rodríguez. El símbolo utilizado fue una piedra dorada como si fuera una pepita de oro que se ha descubierto en la mina, en señal del tesoro que llevamos dentro, que hay alrededor.

El encuentro con San Pablo, también en Fuenterroble, centró la octava estación y recordaba que una vez conocida la semilla (Jesús Resucitado), hay que darla a conocer, «hay que evangelizar». Por ello, se entregó el Evangelio del año a cada una de las parroquias participantes, para que lo propaguen.

La última estación, la novena, se centró en Cleofás, discípulo de Emaús, y como elemento: el pan, fruto de la tierra y símbolo de compartir, en una jornada de convivencia, de amistad y un camino compartido. Y el Vía Lucis finalizó con la entrega de diplomas a todos los participantes.

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