«Para nosotros la fe tiene una implicación en la vida diaria, no es un postureo o pasatiempo»

Javier y Maite en su domicilio de Peñaparda.
Javier y Maite en su domicilio de Peñaparda. / Word
Javier Ramos y Maite Sánchez - Delegados de Familia

Están al frente de esta delegación desde el pasado curso y en la siguiente entrevista relatan cómo viven esta experiencia

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJOSalamanca

La diócesis de Ciudad Rodrigo está dando pasos significativos a la hora de que sean los laicos los que se impliquen de manera directa en el trabajo de las diversas delegaciones. En el caso de Adolescencia y Juventud se acaba de nombrar a un laico como cabeza principal y desde hace varios meses, son el matrimonio formado por Francisco Javier Ramos Pascual y Maite Sánchez Alonso los delegados de Familia. Viven en Peñaparda desde el año 2003, localidad de la que es natural Javier, ya que Maite es oriunda de Casares de las Hurdes. El matrimonio, que tiene dos hijos, Lucía (15) y José (13), también está muy implicado con el día a día de su municipio o la promoción de la cultura tradicional de la zona, sin ir más lejos, forman parte de la Asociación del Pandero Cuadrado, una de las más significativas de la localidad. En la siguiente entrevista explican algunos detalles sobre su trabajo en esa delegación de Familia

–¿Qué circunstancias se han dado para que llegaran a estar al frente de la delegación de Familia?

-En los dos primeros años posteriores a la Asamblea Diocesana, la diócesis (el obispo y el vicario de pastoral) inició un proceso de búsqueda de uno o dos matrimonios por arciprestazgo para la delegación de familia y laicos. Este proceso cristalizó en un equipo de seis matrimonios que comenzamos nuestra andadura, con el apoyo de un consiliario, a principios de este año pastoral 2016-2017. En una reunión del equipo el vicario nos preguntó a todos sobre la disponibilidad para ser delegados, unos días después el obispo nos propuso el nombramiento y aceptamos.

-¿Cuál es su tarea concreta en esa delegación de Familia?

-Entendemos que es necesario comunicar la alegría del evangelio a los jóvenes que se acercan a la Iglesia para contraer matrimonio, la preparación próxima a la celebración del matrimonio debe tener ese carácter de anuncio, teniendo en cuenta las distintas situaciones de fe de estos jóvenes pues algunos han podido tener una preparación remota y otros no. Por eso estamos trabajando, ultimando, unos materiales en la diócesis que respondan a estas nuevas necesidades y a las múltiples situaciones. Es necesario vincular el sacramento del matrimonio con los sacramentos de la iniciación cristiana como el bautismo y la confirmación. Es necesario también el acompañamiento pastoral, no sólo en la preparación, sino también en los primeros años de matrimonio, en el principio de ese camino. Para esta tarea en cada arciprestazgo hay ya un matrimonio que forma parte de la delegación de familia, salvo en dos de ellos que aún no se ha encontrado, y vamos a intentar que haya un equipo para cada arciprestazgo, coordinado por este matrimonio.

También es muy importante el acompañamiento en las dificultades, en las heridas y en las situaciones complicadas, y para eso en la diócesis habrá un equipo multidisciplinar. Es importante considerar, animar y poner en valor la actividad de las familias en la propuesta de la fe y en los procesos de iniciación y maduración de la fe. Queremos, en fin, trabajar junto al equipo de la delegación y a los cristianos de esta iglesia local de Ciudad Rodrigo para la evangelización, para la propuesta de la fe en Jesucristo y animar la corresponsabilidad y la sinodalidad.

-¿La Iglesia se ve diferente cuando uno está dentro?

-Nosotros formamos parte de una comunidad de cristianos en nuestra parroquia con los que celebramos, rezamos, crecemos en la fe, son los hermanos con los que caminamos. Con esa comunidad somos Iglesia. Con ellos ya nos sentíamos y nos sentimos dentro de la Iglesia, somos pueblo de Dios, el hecho de ser delegados de laicos y familia sólo es una circunstancia temporal y un servicio que queremos prestar a la iglesia diocesana de la mejor manera posible.

-¿La gente desconoce, verdaderamente, la labor de la Iglesia?

-No, pensamos que la gente sí conoce cierta actividad de la Iglesia en el ámbito social, por ejemplo, otra cosa es que dentro de la Iglesia haya mucha gente con labores muy importantes y no pretenda la propaganda de sus actuaciones y es bueno que sea así.

-¿Las familias están implicadas con la iglesia?

-Bueno, hay una crisis de valores y de instituciones sociales que afecta también a la institución de la familia, sobre todo por una cultura del individualismo y del mercantilismo consumista muy acentuada. Esa crisis afecta también a las familias cristianas que estamos en este mismo mundo y en esta misma cultura. No obstante hay que señalar la importancia de las familias en el aprendizaje práctico de valores éticos, de la vida en comunidad, y en la iniciación a la fe. Las familias, siendo realidades muy diferentes, tienen capacidad de amar y enseñar a amar, como nos dice la exhortación apostólica ‘Amoris Laetitia’ del papa Francisco. También la familia se podría llamar iglesia doméstica. Las familias cristianas pueden ofrecer la fe y responsabilizarse con los catequistas y la comunidad cristiana de la iniciación a la fe de los más pequeños. Y en definitiva las familias cristianas somos corresponsables de esta Iglesia. Nos parece muy importante la participación de las familias cristianas en el acompañamiento pastoral a los nuevos matrimonios y en la iniciación procesual a la fe pues son muy importantes en el anuncio del evangelio. Y hay que destacar el papel de la mujer en las familias para la educación en valores y para la iniciación a la fe pues creemos por tanto que el papel de la mujer en la evangelización es crucial y necesario, es preciso animarlo y reconocerlo.

-¿La fe hay que vivirla primero en familia?

-En la familia los niños pueden aprender a rezar, pueden recibir el primer anuncio, dar los primeros pasos para iniciarse en la fe en Jesucristo. Nuestra fe es comunitaria y las familias son pequeñas células de la comunidad, que necesita vivir su fe integradas en la comunidad parroquial. Al fin la fe hay que vivirla en todos los ámbitos de la vida y con otros cristianos, en comunidad. En el ámbito rural en el que nos encontramos hay un déficit de compromiso político. Creemos que tenemos que animar entre todos la dimensión política de la fe en una diócesis como la nuestra, una zona rural que parece desahuciada, dejada a su suerte, en decadencia poblacional y productiva, en declive en todos los aspectos, envejecida. Es necesario el compromiso político de los cristianos y de la comunidad cristiana.

-¿En algún momento les han cuestionado su implicación en la Iglesia?

-Aunque no la cuestionen directamente, hay gente, cercana incluso, que no entienden nuestra implicación. Pero bueno, el cristianismo en algunos aspectos es contracultural… ¿no lo fue Jesucristo?

- ¿Qué les aporta esta tarea?

-Nos acerca más al plan pastoral de la diócesis, nos enriquece formar parte de un equipo y trabajar con ellos y con otras delegaciones con objetivos comunes. Nos aporta la relación con otros cristianos en la diócesis que sin esta tarea quizá no tratáramos. Nos permite trabajar en común con mucha gente y conocer más de cerca algunas cuestiones de la pastoral que nos implican a trabajar para mejorar en lo que podamos.

- ¿Cómo trabajan la fe con sus dos hijos, Lucía y José?

-Celebramos juntos la fe con ellos en la comunidad, alguna vez rezamos juntos, ellos ven que, con nuestros fallos e incoherencias, para nosotros la fe tiene una implicación en la vida diaria, no es un pasatiempo, o un ‘postureo’.

-¿Qué objetivo se han marcado en esta delegación qué metas quieren cumplir?

-Nuestro objetivo es servir a esta Iglesia y a esta tierra, atender al objetivo pastoral diocesano y al plan pastoral y trabajar con todos en esta Iglesia local para buscar el Reino y anunciar la alegría del Evangelio. Como objetivos más concretos queremos animar la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, como miembros activos de las comunidades cristianas, como Pueblo de Dios. La corresponsabilidad y el compromiso con esta tierra. Desde la consideración de la familia como iglesia doméstica, queremos promover la participación de las familias en la iniciación a la fe entendida esta como un proceso, donde se integran los sacramentos de la iniciación que no son ritos aislados, y su participación también en la iniciación al misterio y a la oración.

La vinculación del matrimonio con los sacramentos de la iniciación cristiana es otra de nuestras metas, además de la conformación de equipos arciprestales de acompañamiento pastoral. De igual modo, estamos en la mejora de materiales para la preparación remota, próxima e inmediata al matrimonio y en la puesta en marcha de un equipo multidisciplinar diocesano que atienda en un primer momento situaciones complicadas o difíciles de las familias.

-Al menos Javier también hace celebración en ausencia de presbítero. ¿Cómo es esa función? ¿Cómo les han acogido los vecinos?

-Las celebraciones en ausencia de presbítero no pueden ser sólo una suplencia motivada por la necesidad sino que han de formar parte de un cambio hacia una Iglesia más ministerial, más corresponsable y donde nazcan nuevas funciones. Hay cristianos que lo pueden ver como una suplencia pero pensamos que muchos cristianos de nuestra comunidad, poco a poco, lo van viendo más como parte del cambio que decíamos.

-¿Las personas viven la fe de diferente manera en el medio rural que en las ciudades?

-Esta diócesis de Ciudad Rodrigo es rural, el núcleo mayor no llega a 13.000 habitantes. La vivencia de la fe es parecida a la de las ciudades aunque hay que decir que tanto en las zonas rurales como en las ciudades hay distintos niveles y formas de vivir la fe, no es algo homogéneo. Otra cosa es que los cambios culturales tardan más en llegar y la secularización de las ciudades va llegando con cierto retardo.

-¿Es real esa lejanía de la que hablan algunos entre sociedad e iglesia?

-Pensamos que la sociedad es diversa y es bueno que lo sea, que la Iglesia tiene cada vez menos poder, y es bueno que no tenga poder, el reino de Dios es como la semilla de mostaza, la más pequeña de las semillas. Entonces no es que haya lejanía sino que son realidades independientes y es bueno que lo sean; y en la Iglesia tenemos la responsabilidad de trabajar con los hombres y mujeres de buena voluntad para mejorar y humanizar este mundo o proponer otro mundo más pacífico y más justo. Es necesario desarrollar la dimensión social y política de la fe.

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