«La imagen está integrada en un color franciscano»

Fernando Mayoral, durante el tallado del Cristo, en su taller./H. Franciscana
Fernando Mayoral, durante el tallado del Cristo, en su taller. / H. Franciscana

El escultor Fernando Mayoral repasa lo que ha supuesto crear su primera obra para la Semana Santa de Salamanca

EVA CAÑASSalamanca

Fernando Mayoral suele observar sus obras como uno más, entre la gente, donde hace su propia crítica en base a lo que digan los demás. «Pienso que gustará», relata este escultor a menos de una semana de que salga en procesión la imagen que ha tallado para la noche del Sábado de Pasión, el Cristo de la Humildad de la Hermandad Franciscana.

Mayoral sabe que los ocho hermanos que cargan su obra lo llevarán en una posición inclinada, «que rompe la tradición de un Crucificado, de pies, que se ve por detrás, pero lo he visto en la iglesia, en una prueba y bien». Desde su taller de La Vellés confirma emocionado que será la primera vez que lo vea en la calle, «y pido que no llueva, que tengan la suerte de que haga un día normal para que puedan procesionar». Tras haber tenido la talla durante tantos meses en el taller, confirma que nada tiene que ver la imagen allí que en la iglesia, al culto, «cambia, es como un hijo pequeño que se ha hecho mayor y se marcha de casa, pierdes su propiedad, la propiedad de tus hijos, de tu obra, es distinto». Mayoral añade que «ya no te pertenece, no lleva firma, ya no está señalizada con mi nombre, porque interrumpiría una talla limpia, un cuerpo humano, no hace falta».

En cuanto al momento que refleja el Cristo de la Humildad, su escultor apunta que está vivo, en los últimos momentos, y que se basó en lo que le dijeron desde la hermandad, «yo no había hecho nunca un Cristo vivo, los cinco que tengo todos están muertos, con la cabeza caída, el cuerpo en reposo... y este está queriéndose levantar de la Cruz, tiende a elevarse».

La pieza está tallada en madera de cedro, que como Mayoral apunta, no le ataca la termita, y siempre se ha utilizado en la imaginería religiosa, «con un sabor amargo, que cuando la tallas la notas». Este escultor hablar sobre este tipo de madera, «fácil de labrar, que no tiene nudos, de un color agradable, muy pura», aunque de todo el proceso reconoce que en este tipo de cuestiones, «siempre luchamos contra el tiempo, no haces una obra sola, al mismo tiempo sueles hacer varias cosas, y una distrae a la otra». Como él mismo calcula, han sido entre seis y siete meses de trabajo, «es un proceso lento». En cuanto a sus fases, de la maqueta a escala reducida pasó al barro y su modelado, después al proceso de vaciado, de reproducción, para hacerlo en resina o escayola, «una materia más definitiva antes de pasar a la talla en madera», que como adelanta, se hace por sistema de puntos, «porque hoy en día hay máquinas copiadoras que reproducen lo que tu has hecho de una manera bastante exacta, y evita un trabajo duro, de desgaste».

Y después, a base de gubia se acercó cada vez más a la forma, «sin pasarse porque hay un punto que sabes que hasta aquí has llegado, y si te convence lo dejas, no sabes la causa, es una intuición, ya no necesita más». Mayoral dice de su obra que es sobria de color, «no hay abuso de anécdotas populistas, de poner sangre, lágrimas, o cosas más reales... está integrado en un color franciscano, un marrón oscuro, las encarnaciones no son brillantes, son muy mates, muy sólidas, que aunque aparentemente sin matices, sí existen, ya lo verá el pueblo».

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