Una gasolinera como germen del polígono de Los Villares

La gasolinera en el año 1969, aunque se inauguró en junio de 1961. / WORD

Hace 56 años, Manuel Calvo levantó su negocio en mitad de la nada, junto a la carretera de Valladolid

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

En junio de 1961, Manuel Calvo cumplió un sueño: abrir una gasolinera. Pero no lo tuvo fácil. La zona elegida no tenía ningún edificio alrededor, y por lo tanto, hasta allí no llegaba el suministro de la luz, algo clave para su negocio.

Este joven emprendedor confió en que la carretera de Valladolid se convirtiese en el sustento de su familia, aunque no lo tuvo fácil. Como relata su hija, Carmen Calvo, tuvo que «pelear» mucho para conseguir que la conexión de la luz llegara hasta el terreno donde quería levantar su gasolinera, al inicio del actual polígono de Los Villares. Por aquel entonces se puede decir que puso la semilla de una zona que más tarde se convertiría durante años en el mayor tejido industrial de Salamanca.

Manuel Calvo tiene en la actualidad 91 años y su deterioro cognitivo le impide transmitir cómo fueron aquellos inicios, pero su hija guarda el legado de recuerdos y su intensa lucha para conseguir ese enganche de luz:la clave de todo.

Tras conseguirlo pudo construir tres depósitos de gasolina y una humilde caseta, que con el paso de los años fue ampliando, hasta el punto de edificar su vivienda justo detrás de la gasolinera.

Uno de sus principales obstáculos fue poder llevar la luz hasta el terreno elegido

«Durante los primeros años mi padre trabajaba en un turno de 12 horas y por la noche tenía un empleado», recuerda Carmen Calvo.

Esos primeros años, su progenitor no tenía coche, se desplazaba en bicicleta, ya que el negocio estaba bastante apartado de la ciudad.

En la gasolinera de Manuel repostaban muchos agricultores, pero en verano, sin duda, sus clientes eran los conductores que viajaban desde Francia a Portugal:«En verano era imposible cruzar al otro lado de la cantidad de vehículos que circulaban», afirma su hija. De hecho, tienen mil anécdotas de la época estival. «Cuando le pedían ayuda estaba el primero, tanto para darles de beber de su botijo, o si tenían que llamar por teléfono por cualquier incidencia». Siendo pequeña Carmen relata cómo su padre subía a casa a los heridos más leves de los accidentes que se producían en frente de la estación de servicio:«Era el primero en atenderles».

Y alrededor de la gasolinera de Manuel Calvo comenzaron a extenderse otros negocios.Los primeros, dos hostales: Ramos y El Quinto Pino, donde también daban comidas. Todos estos negocios vivían del trasiego de la carretera, y a ellos se sumaron un taller mecánico y otro sin fin de empresas de diferentes sectores que se convirtieron en lo que ahora es el Polígono de Los Villares.

Este empresario salmantino fue testigo como de la nada iba surgiendo diferentes empresas, y cómo entre ellos surgió una relación de amistad,«porque todos se conocían y se ayudaban». De hecho, Manuel Calvo siempre se prestaba a echar una mano en lo que necesitasen durante la construcción de lo que más tarde se convertiría en sus negocios.

Durante algunos años fue el presidente de la Asociación de Gasolineras de Salamanca y en la década de los 70 abrió una segunda estación de servicio en Ledesma. Su hija lamenta que su padre todavía no haya recibido el homenaje que se merece por todo lo que significó levantar la gasolinera en esa localización:«Que facilitó la creación del Polígono de Los Villares», sentencia.

Manuel Calvo también fue testigo de la construcción de la A-62, que supuso un cambio en el paso de los vehículos. Durante 34 años estuvo al frente del negocio, pasando de un empleado hasta ocho.

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