«Es fundamental estar en los pueblos, la gente lo agradece»

Roberto Vegas en un momento de la entrevista en Gallegos de Argañán. /S. G.
Roberto Vegas en un momento de la entrevista en Gallegos de Argañán. / S. G.
Roberto Vegas - Cura Gallegos Argañán

Además de estar al frente de cuatro parroquias de la diócesis de Ciudad Rodrigo, compagina esta tarea con las clases en el Seminario

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJOGallegos de Argañán

Es uno de los sacerdotes más jóvenes de la diócesis de Ciudad Rodrigo y hace ya más de 10 años que el anterior obispo, Atilano Rodríguez, le encomendó estar al frente de las parroquias de Gallegos de Argañán, Villar de la Yegua, Villar de Argañán y Serranillo. Desde el primer momento lo tuvo claro y se trasladó de su Ciudad Rodrigo natal a vivir al lado de sus feligreses.

–¿Hay curas de pueblo y de ciudad?

- Hay párrocos a secas, da igual la parroquia donde estés en ciudad o en pueblos.

–Pero sí que tienen que existir diferencias entre ejercer el ministerio sacerdotal en un pueblo o en una ciudad.

-Antes de venir aquí, en la época de pastoral, de aprendizaje, estuve en la parroquia de San Cristóbal de Ciudad Rodrigo y no puedes comparar la vida de una parroquia de ciudad, aunque sea Ciudad Rodrigo que no es una gran capital con la de un pueblo. Hay mucha más gente, mucha más actividad, muchos más grupos de personas mayores que se reúnen, grupos de jóvenes, la vida es mucho más ajetreada, hay más cosas.

-¿En qué se resume su día a día?

-Fundamentalmente en estar en los pueblos. Considero que es lo más importante. La gente, al final distingue cuando un sacerdote que es párroco de unos pueblos se va a vivir a los pueblos en los que es párroco o se queda en la ciudad y se desplaza a los pueblos para cumplir el expediente, la gente no lo recibe igual. La primera decisión que tomé cuando don Atilano me nombró párroco de estos pueblos fue la de venirme a vivir aquí aunque yo soy de Ciudad Rodrigo porque considero que lo principal es estar aquí. Luego estando ya aquí, el día a día de las parroquias son las misas de los domingos, alguna misa en los días de diario porque no hay misa todos los días en todos los pueblos, los días de diario voy rotando. También tengo celebraciones religiosas, una vez al mes tenemos la reunión de formación con las catequesis que se preparan desde la vicaría de pastoral que nos prepara José Manuel Vidriales y que él llama las catequesis de la comunidad y luego, acompañar a la gente, visitar enfermos, que en los pueblos hay mucha gente mayor, gente con mucha necesidad de ser escuchada y la gente agradece esas visitas. En el caso de las catequesis de niños, aunque hay poquitos, les doy catequesis porque aunque haya catequistas, considero que el párroco a algún grupo tiene que darle esa formación para no perder la onda de los jóvenes y quedarse aislado.

–Hablando de jóvenes, ¿cómo se trabaja con ellos, con los pocos que van quedando en los pueblos?

Tratando de hablar, de estar con ellos, salir algún día juntos e irnos a Salamanca al cine o a ver alguna exposición, o aquí en el pueblo, presentarte en plan sorpresa en su casa el día de su cumpleaños...

–Vive en Gallegos de Argañán desde febrero de 2006, ¿se considera un vecino más?

-Yo lo intento, me gustaría serlo más, porque no es lo mismo cuando un cura, como el anterior que llevaba solo un pueblo estaba aquí de continuo, pero yo tengo que compaginar ser el párroco de Gallegos con otros tres pueblos: Villar de la Yegua, Villar de Argañán y Serranillo y a mayores, durante el invierno las mañanas las paso en el Seminario de Ciudad Rodrigo dando clases de Lengua y de Historia del Arte.

–Usted conoce bien el Seminario porque allí cursó sus estudios y ahora como dice, imparte clases, ¿cómo es la vida en el Seminario?

-Buena. Allí estuve de seminarista y cuando llevaba cinco años de cura me pidieron volver para dar clases y lo agradezco porque también a través de las clases con los chavales mantienes contacto con jóvenes, adolescentes y te ayuda a estar al día de su mundo y de sus inquietudes, a conocer de primera mano lo que les gusta y les interesa.

–¿Se nota ya en las misas que es verano y que la gente regresa a los pueblos?

-Claro, en los días de invierno en las misas de diario nos podemos encontrar cinco, seis, siete y ocho personas y en verano, sobre todo en agosto, vienen más. En invierno un domingo te encuentras 60 o 70 personas y en verano se multiplica porque en invierno, los pueblos están vacíos, sobre todo los que están pegando a la raya portuguesa, paseas por calles que están totalmente cerradas, nadie viviendo en calles completas y en verano se multiplica casi por tres y hay mucha más gente. Te alegra porque ves niños corriendo y gritando que en invierno no les hay.

–¿Da la misa con más alegría cuando hay más gente?

-Agradezco que haya más gente, que haya niños. El año pasado en un pueblo vino un matrimonio joven que traía niños pequeños con carrito y empezaron a llorar en misa y me miraban desde los bancos cómo diciendo: a ver qué hacemos. Hicieron el amago de irse y cuando vi que se iban paré y les dije que no, que por favor se quedaran pues los niños lo que tienen que hacer es llorar así que nos aguantamos todos y añadí: ya me gustaría a mí durante todo el año oír más niños llorando en la iglesia, que no los escucho.

–Quien le conoce más de cerca sabe de su gran afición a la música que en ocasiones, incluso, traslada a sus homilías.

-Son aficiones pero nada extraño, a cada uno nos gusta una cosa. Sí que les llama la atención porque en algunas homilías suelto alguna frase. El día de la colecta de Cáritas hablando del dar y del compartir les solté la frase esa del ‘Corazón partío’ de Alejandro Sanz, de «dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir sino dar limosna». Lo que se trata es de compartir todo, nuestra vida y no solo nuestro dinero. A veces utilizo alguna canción. Este año, por ejemplo, el día de la fiesta cité la frase del Despacito que al comienzo dice: «Vi que tu mirada ya estaba llamándome. Muéstrame el camino que yo voy» y yo la llevé a mi terreno, les dije que Dios es el que nos mira pero cómo miramos nosotros a Dios, cómo nos comportamos con él, si somos capaces de seguir el camino que el nos muestra. Yo lanzo mi mensaje pero me valgo de otras cosas para que el mensaje llegue y además,

se les queda.

–¿Cómo se acoge a las personas que no acuden habitualmente a la iglesia y llega la fiesta del pueblo y no falta nadie porque la iglesia se llena?

-Lo primero, no juzgando porque es verdad que las iglesias se llenan el día de la fiesta, el día de los entierros, da igual la hora que sea, la más insospechada, aunque la pongas a la cuatro de la mañana la iglesia se llena en los entierros y en las fiestas lo mismo. Lo primero que intento hacer es no juzgar porque si encima les echo la bronca ese día y no vienen el resto, pues no vienen nunca. Entonces lo que hago es algo que nos dijo Juan Pablo II en 2003 en un encuentro de jóvenes en Cuatro Vientos, en Madrid. El Papa había venido del Este, había sufrido la II Guerra Mundial, había estado en campos de concentración y nos dijo: «Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen sino que se proponen» y a mí aquello se me quedó grabado. Cuando tengo gente en misa lo que intento es con un lenguaje sencillo, lanzar un mensaje de acogida, de que el Señor está aquí, que nos escucha, que nos perdona, que es misericordioso con nosotros. Tres o cuatro cosas claves de la fe cristiana pero a nivel propositivo, nunca impositivo y que al menos esos días llegue y ellos piensen.

–¿Qué retos tienen las parroquias rurales?

-El más importante es seguir anunciando a Jesucristo en nuestra tierra. Otro reto importante pero que los curas aquí podemos hacer poco, es la despoblación, cómo trabajar en pueblos que cada vez van viniendo a menos y lo que intentamos es lo que decía hace un rato, hacernos presentes en todos. Siempre digo que el Señor que está en el sagrario es el vecino más fiel, cuando todo el mundo se va de los pueblos es el que permanece y los curas de pueblo debemos hacer lo mismo, intentar permanecer, que la gente nos vea, acompañar, seguir proponiendo el mensaje, intentar mantener esto, hacer de vez en cuando alguna cosa. Este año, por ejemplo, hemos hecho la restauración del retablo de la iglesia de Gallegos de Argañán, que la gente siga viendo que hay vida en el pueblo y en las parroquias.

–Si establece algún tipo de estadística, que proporción ocupan los bautizos o cuál es el lugar de los entierros, por ejemplo.

-En el año 2016 cogí el cálculo que tenemos que presentar todos los años en el obispado de número de bautizos, confirmaciones, bodas, entierros y aquí en Gallegos salía un bautizo por cada cuatro entierros. Si a eso le añadimos que los bautizos que se hacen, la mayoría son de gente que desciende de los pueblos pero que viven fuera y vienen a bautizar en verano con lo cual los niños aquí no están con lo cual, ahí se ve muy bien el tema de la despoblación que está pasando en nuestra zona, en este medio rural.

- Usted también es el delegado de Pastoral Juvenil de la diócesis de Ciudad Rodrigo, ¿cual es su tarea en ese caso?

-Intentar coordinar el trabajo en la pastoral juvenil en las distintas parroquias y ofrecer materiales. Este año hemos ofrecido catequesis que se han repartido por las parroquias cada mes, las hemos elaborado desde la delegación para que en cada parroquia, en cada institución, por ejemplo, Seminario o colegio religioso, se hicieran esas catequesis. Ahora lo que estamos haciendo es algo que nos pidió don Raúl, nuestro obispo, sacar uno o dos jóvenes de cada arciprestazgo e intentar hacer una mesa diocesana de Pastoral Juvenil. Ya tenemos alguno, estoy esperando respuesta del resto de arciprestes y si no con los que hay, formar ya este verano la mesa diocesana y hacer una programación seria para la pastoral juvenil para toda la diócesis, que no se quede en la ciudad porque al final lo que ocurría es que la pastoral juvenil quedaba en la ciudad pero no se hacía nada en los arciprestazgos entonces tenemos que hacer una programación y que se cumpla. También estamos en estos meses rellenando el cuestionario que nos han mandado desde Roma para preparar el Sínodo de los obispos de 2018, que tratará sobre el tema de los jóvenes. Hemos mandado los cuestionarios a las parroquias para ser rellenados por los jóvenes y los responsables de los grupos de jóvenes.

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