«La figura de Jesús de Nazaret es un modelo de actitud ante la vida»

Blas Rodríguez en las instalaciones de Calatrava en Salamanca./M. J. G.
Blas Rodríguez en las instalaciones de Calatrava en Salamanca. / M. J. G.
Blas Rodríguez - Sacerdote

Párroco de ocho pueblos, es el director del colegio de La Inmaculada de Armenteros, profesor en el instituto de Guijuelo y presidente de la Asociación del Camino de Santiago-Vía de la Plata

M. J. GUTIÉRREZ / WORDSalamanca

Natural de Beleña y ordenado sacerdote el 1 de junio de 1985, se podría decir que Blas Rodríguez siempre quiso ser cura, desde su más tierna infancia, cuando ya le llamaban el ‘Papa Blas’ porque le gustaba predicar el Evangelio. Pero su tarea pastoral ha ido mucho más allá y actualmente es, además de párroco en ocho pueblos, profesor en el instituto de Guijuelo, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago-Vía de la Plata y director del colegio La Inmaculada de Armenteros. De todas estas facetas y de su día a día nos habla en esta entrevista.

-¿Cuándo recibió la llamada de Dios? ¿cuándo supo que su vida estaba destinada a ser sacerdote?

- Quise ser cura desde la más tierna infancia. Siempre sentí una gran admiración por el cura de mi pueblo, vi que era una tarea apasionante el poder estar con todo el mundo y sobre todo el trasmitir el mensaje del Evangelio, algo que desde pequeño me apasionó. Después lo fui consolidando con el contacto con la gente del campo. En verano trabajaba como gañán primero y después como jornalero en los campos de regadío con gente de pueblo muy auténtica, y ya con 12-13 años les predicaba el Evangelio, que llevaba siempre metido en el pantalón corto y aprovechaba la ocasión para predicarles en cualquier momento, teniendo mi propia ‘parroquia’ con todos los labradores de la zona de la ribera del Tormes y Santa Teresa, Sieteiglesias y todos esos pueblos, y mi sorpresa era que cada día tenía más ‘clientes’ y que la gente cada vez me solicitaba con más insistencia que les predicara el ‘Papa Blas’, porque ya me llamaban ‘Papa Blas’.

-Tras convertirse en el ‘Papa Blas’, ¿cuál fue su formación y cuándo comenzó a ejercer como sacerdote según los cánones oficiales?

-Mi formación fue en los Reparadores hasta segundo de Teología y después pasé a la Diócesis a estudiar tercero de Teología. En la época de los Reparadores estuve en Novelda, Venta de Baños, Alba de Tormes, Salamanca y Madrid. En Madrid tuve una experiencia muy bonita de vida comunitaria donde compaginábamos el trabajo dando clase a los chavales con la vida de comunidad; fue una aventura muy intensa y positiva y Madrid me cautivó en ese sentido, pero siempre me siguió llamando el trabajo en el mundo rural, que es un tema que me apasionó; aunque al incorporarme a la Diócesis de Salamanca el primer servicio que me encomendaron fue colaborar como educador en Calatrava, durante dos años, después estuve un año en Villamayor y pasé a la etapa pastoral en Sando, Santa María de Sando, Villasdardo y La Cabeza, de donde tengo un recuerdo muy entrañable, por la hospitalidad y el cariño que recibí en estos lugares. Después volví como formador al Seminario de Calatrava, estuve 7 años y fue una experiencia inolvidable, muy positiva. Y después me destinaron a Fuenterroble de Salvatierra, Casafranca y Los Santos, donde llevo 25 años y después se fueron añadiendo Frades, Navarredonda de Salvatierra, Monleón, Endrinal y Casas de Monleón, ocho municipios en total.

-Con tantos pueblos, ¿no supone una complicación a la hora de desarrollar su tarea pastoral?

-Sí que lo es, porque tienes que estar constantemente en carretera y el problema es que muchos de esos pueblos son muy pequeñitos y llevar una vida pastoral ahí, sobre todo en invierno, queda reducida a la mínima expresión.

-¿Cómo se las arregla para decir misa todos los domingos en los ocho pueblos?

-En este momento cuento con la ayuda de un diácono permanente, don David. Lo que hacemos es concentrar la vida pastoral en los núcleos más poblados como Los Santos, Fuenterroble y Endrinal, donde hay niños y jóvenes.

-¿Los niños y jóvenes se siguen acercando a la Iglesia o en la sociedad en la que vivimos es difícil llegar a ellos?

-Los niños en lo que toman la Primera Comunión y los jóvenes en lo que se confirman, más o menos participan. Después muchos se van a estudiar o ingresan en el mundo laboral y hay que hacer actividades más esporádicas para que participen. De momento todavía tengo la suerte de llegar a los jóvenes, pero después se hace más complicado por diversos motivos como educativos, laborales o sociales, porque ahora no está muy de moda estar metido en cosas de la Iglesia.

-Otra de sus facetas es la de formador en el instituto de Guijuelo, ¿eso le ayuda a llegar mejor a los jóvenes?

-Sí, porque en el instituto me encuentro con mis chavales todos los días y el seguimiento es más cercano y cotidiano. La relación es continua y además los controlo. Para mi es una gran ayuda; y tengo suerte, por mi carácter, porque no tengo dificultad para contactar con ellos. Pero es una pena que a veces no tengo el tiempo suficiente para dedicarles el tiempo que ellos se merecen. Una actividad importantísima sería con los matrimonios jóvenes, que van surgiendo sobre todo en Los Santos y Fuenterroble, y queda reducida a una actividad de vez en cuando, cuando necesitarían una atención constante y permanente.

-En esos pueblos entonces no es difícil que haya una vida religiosa continua, porque en otros municipios sólo es gente mayor la que se acerca a la Iglesia.

-Sobre todo en Los Santos hay gente con muchas posibilidades, pero la asistencia a la eucaristía es más complicado, se queda reducida, limitada por diferentes motivos. Y en el resto de pueblos... apenas hay gente, no hay escuela y los matrimonios jóvenes se van marchando, son pueblos con los días contados.

-Hablábamos de su labor como profesor en Guijuelo, ¿qué cursos da y cómo describiría esa experiencia?

-Imparto clases en Secundaria y Bachillerato. Se trata de una experiencia enriquecedora, que te obliga a estar siempre en sintonía con ellos, entendiendo cómo el chaval va cambiando de un modo vertiginoso de un día a otro. Sus actitudes y comportamientos son un continuo y un constante cambio por las modas, las costumbres, las tecnologías y los medios de que disponen. Un chaval de ahora se parece muy poquito a uno de hace 20 ó 10 años, pero también tiene su riqueza, porque cada momento tiene su aspecto positivo y también su visión desconcertante. A veces te das cuenta que en muchos temas los chavales están demasiado ‘pasaos’, desconcertados. El sentido del trabajo, de la responsabilidad, del respeto, de las relaciones humanas a veces están desbordados por los cambios tan vertiginosos que se están produciendo en cada momento. Y ahí la única dinámica que se puede utilizar es la cordial, hay que entender que al chaval hay que quererlo para podértelo ganar y sacar todo lo positivo que tiene. Porque todo lo que es disciplina y es orden y es autoridad, hoy está en crisis, y tú al chaval no lo puedes dominar por la autoridad ni la disciplina porque saltan todos los parámetros y con lo que realmente le puedes conducir es con la cercanía, la comprensión, el afecto y desde ahí la exigencia, no permitirle ni consentirle todo lo que él desea sino convencerle para ahondar en valores mucho más profundos. Esa es la misión que tengo yo en el instituto con los chavales, que se den cuenta que hay algo más que la pura fama, gloria y ansia de poder; y cultivar todo lo que es la humildad, la sencillez, la solidaridad, y por encima de todo, la verdad. Y todo dentro de una relación de libertad, que el chaval se sienta libre pero también que sea responsable de lo que se trae entre manos. Es una tarea apasionante. Tener unos conocimientos de la religión, la moral y la historia puede servirles de gran apoyo.

-Es decir, usted les habla de valores a través de la religión.

-Todo va unido. Por ejemplo, la figura de Jesús de Nazaret es todo un modelo de actitud ante la vida y de comportamiento consigo mismo y con los demás. Desde ahí vamos viendo cómo los grandes hombres de la religiosidad y de la espiritualidad nos ayudan a entender que no sólo de pan vive el hombre sino que necesitamos unos valores que den sentido a la vida y nos ayuden a convivir como hermanos y sobre todo a amar y respetar la naturaleza que hemos recibido en herencia y debemos saber trasmitir a las generaciones venideras. Todo eso se va consolidando en lo que es el conocimiento y la cultura de la ética, la moral, la religión y la historia. La historia de alguna forma es la síntesis de todos los valores que dan sentido al conocimiento humano. Si te limitas a dar matemáticas y conocimientos científicos queda un vacío muy grande que hay que llenar. El progreso a veces a lo que nos ayuda es a tener miedo de que ese progreso un día nos pueda aniquilar a todos. Hay que dar una visión de que todo es bueno cuando hay un fundamento sólido, bueno, solidario, cuando la verdad, la libertad, la humildad y la paz son los pilares en los que podemos apoyar toda nuestra existencia. Por ello es una tarea muy interesante, puesto que la filosofía, la moral, la ética, la religión, la historia, la literatura, que son las ciencias humanistas, te pueden ayudar a que el hombre crezca no solamente en estatura y en sabiduría sino también en gracia ante Dios alimentando la vida espiritual como fuente que puede saciar esa sed de trascendencia que el hombre siempre lleva dentro, de búsqueda del absoluto, de encontrar aquello que necesita para poder vivir, y ante los hombres con esos valores humanos que son vitales.

-Usted además es presidente y coordinador de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago-Vía de la Plata (Acasan), una asociación a la que está unido desde su fundación. ¿Cuándo se creo?

- El próximo año cumpliremos el 25 aniversario, para lo que realizaremos una serie de actividades especiales, como el campamento por el Camino de Santiago por Baviera (Alemania) del 16 al 27 de julio, tendremos una fiesta especial en torno a San Miguel con conciertos, conferencias, exposiciones… Y seguiremos en la misma línea del calendario de actividades que se repiten cada año, con el ciclo de la Navidad con el concurso de belenes, después las jornadas populares de la matanza, después vendrían las espirituales con la celebración del Vía Lucis y otra serie de actividades pastorales con motivo del Año Jubilar Teresiano para potenciar los caminos teresianos de Alba de Tormes con los arrieros y los peregrinos, después tendremos otras actividades arrieras con los campamentos y los cursos de verano. Y seguiremos con las actividades culturales con el objetivo de potenciar todo lo que significa el camino de la Vía de la Plata como Patrimonio de la Humanidad, trabajando y uniéndonos a todas las instituciones y movimientos para que se reconozca el tesoro que tenemos en nuestra provincia y que está un poco descuidado.

- ¿Qué balance realizaría de estos 25 años? ¿qué es lo que más satisfacción le ha dado en este tiempo?

- El curriculum llevado en estos 25 años es muy enriquecedor, sobre todo como catalizador de ilusiones y de proyectos no sólo de las gentes de Fuenterroble sino de toda la comarca, de la provincia y de parte de España, porque los socios son de todos los lugares de España. Y lo que más satisfacción me ha dado son las marchas peregrinas y arrieras que han servido para que gente de nuestros pueblos que nunca habían salido de su entorno haya convivido, compartido y conocido lugares para ellos inimaginables, como Roma, Oslo, Noruega, Jerusalén, Alemania… Han servido para abrir ventanas al mundo y hacerles ver que el mundo es tan rico en valores culturales, humanos, sociales y espirituales que nos ayudan a ensanchar el corazón y la mirada y ser así mucho más universales, mucho más hospitalarios, más abiertos a todo lo que en este mundo estamos viviendo. En ese sentido somos privilegiados, porque hace unos años esto no se podía hacer. Para mi es una gran satisfacción que la gente haya podido salir, haya podido ver, conocer, porque eso deja un poso y va creando una idiosincrasia mucho más abierta y universal.

- Su tarea de sacerdote ha impregnado todas las facetas de las que hemos hablado. Pero, en todo este tiempo, ¿qué ha sido para usted lo más duro, la experiencia que más le ha marcado?

-Lo más duro es sufrir con dolor que nuestra gente se nos muere y no hay relevo, que nuestros pueblos se van agotando y las energías se van consumiendo. Esa sensación te duele porque es tu gente, es tu tierra, es tu pueblo, es tu vida. Y lo mismo pasa en la vida espiritual y religiosa, se nos van muriendo verdaderos testigos de la fe y el relevo generacional es mucho más pobre, más débil, menos consistente porque las raíces tan hondas que la gente sencilla tenía hoy ya no las tenemos; vivimos en la superficialidad y en la inconsistencia, en la debilidad. No tenemos la capacidad que ellos tuvieron de ser fieles, de mantener su fe, su tradición y su historia con verdadero tesón. Cada uno que se nos muere es una enciclopedia que se nos pierde.

-¿Y lo más gratificante?

-Lo más gratificante ha sido que en la casa parroquial siempre están las puertas abiertas y es un hogar donde pueden encontrar cobijo todos los que llegan y que se pueden sentir como en su casa. Las conversaciones al amor de la lumbre son la salsa sabrosa que condimenta la vida diaria. Que por la casa de Fuenterroble pase gente de todos los países, condiciones y edades es una experiencia muy enriquecedora, positiva y jugosa; y esto para mi ha sido un don y una gracia porque siempre te sientes acompañado, enriquecido por todas sus experiencias y mucho más sensibilizado con las distintas circunstancias de cada uno. Hay gente con una vida agradable, muy rica y notable pero también hay gente muy perdida, rota, débil y limitada; y el tener la experiencia compartida de unos y otros te ayuda a crecer en sensibilidad, en humanidad, en generosidad; en definitiva, en solidaridad. Y eso para mi es una experiencia muy importante, muy viva, muy necesaria porque vale la pena.

-¿Hacia donde camina la Iglesia?

-La Iglesia siempre está en camino como peregrina que es y debe estar atenta a las señales del camino porque esas señales a veces son engañosas pero otras veces son muy claras. Hay alguien que va marcando el ritmo como es el Papa, te trasmite sensación de confianza y te hace pensar que esta Iglesia en la que estamos, con sus limitaciones y con su debilidad, siempre tiene bien claro que su tarea y su misión, que su camino y su meta, tiene sentido y vale la pena. Por encima de todas las limitaciones que pueda haber, la Iglesia camina siempre en esperanza. Yo creo que estamos viviendo en uno de los mejores momentos de la Iglesia, porque la gente que estamos aquí metida es porque queremos, sin estar tan preocupados por los privilegios económicos ni culturales ni sociales. Hoy yo soy cura porque quiero y porque creo en lo que hago, sin estar condicionado por el apoyo social, por el prestigio social, por los honores que antes suponía ser el cura del pueblo. Hoy el cura es uno más y a veces hasta un poquitín ninguneado. Pero por encima de todo, el que hoy es cura es porque quiere y eso para mí es una garantía de calidad y de autenticidad.

-Pero las vocaciones, cada vez son menores...

-Hay que reconocer que una de las causas puede ser la superficialidad, la comodidad y la rentabilidad en la que vivimos. Éste es un campo y una experiencia tremendamente distintos y no puedes esperar ni rentabilidad ni comodidad ni prestigio. Aquí lo que hay que tener claro es la capacidad de entrega, de generosidad y sobre todo de confianza absoluta en quien sabemos que nos podemos fiar, que es Jesús. No hay vocaciones porque mucha gente, por desgracia, con tantos auriculares y cascos puestos no tiene tiempo para escuchar la voz interior que les invita a metas más altas; sin embargo, hay que reconocer que la espiritualidad y la religiosidad en estos momentos es muy abundante. El que no haya ahora vocaciones no quiere decir que no las vaya a haber, son ciclos, son momentos.

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