«La escasez de vocaciones es un tremendo desafío que nos pone Dios por delante»

Edwin Limas Falcón, en primer término, junto al también sacerdote peruano Elquin Eleazar Pérez Santos, en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde ambos se encuentran actualmente estudiando./Laya
Edwin Limas Falcón, en primer término, junto al también sacerdote peruano Elquin Eleazar Pérez Santos, en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde ambos se encuentran actualmente estudiando. / Laya
Edwin Limas Falcón - Sacerdote Peruano de la Congregación de los Oblatos de San José

MARÍA JESÚS GUTIÉRREZSalamanca

Edwin Limas Falcón es otro de los sacerdotes peruanos de la Congregación de los Oblatos de San José que se encuentra en Linares de Riofrío y ayuda los fines de semana a los sacerdotes de Miranda del Castañar y de La Alberca, y el resto de la semana estudia Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Procedente de Perú, del departamento de Ancash de la provincia de Pomabamba, antes de venir a España trabajaba como formador y director de estudios del Estudiantado Filosófico y Teológico Marelianum.

-¿Por qué eligió Salamanca para estudiar?

-En el año 2015, a mediados del mes de septiembre, el superior de mi congregación me había encomendado realizar la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca. Y uno de los aspectos y motivos que me han animado a estudiar en Salamanca es su cultura arquitectónica, su historia, tradiciones y el respeto y la amabilidad de las personas. Y también porque es considerada como una ciudad universitaria por excelencia, con un enorme legado cultural que ha aportado a España y el resto del mundo. Estoy muy agradecido con Dios y con mi congregación de poder estudiar en esta hermosa ciudad.

- ¿Cuánto tiempo va a estar en España y cuáles son sus objetivos?

- En principio estaré un año y medio, ayudando en las parroquias y continuando con los estudios de Derecho Canónico. Y el objetivo principal que tenemos como sacerdotes religiosos es hacer conocer, hacer amar, hacer practicar, la doctrina de nuestro señor Jesucristo.

- Pasa la mayor parte del tiempo entre sus estudios en Salamanca capital y su residencia en Linares de Riofrío junto a sacerdotes de diferentes pueblos, a los que acompaña en algunas de sus celebraciones, lo que le deja apenas sin tiempo libre. ¿Es duro tanto ir y venir y tanta actividad?

-Al principio era un poco complicado compaginar el estudio y el trabajo pastoral. Pero esos pequeños sacrificios, he tenido que sobrellevarlos con mucha alegría y valentía. Yo pienso que es muy importante comprender que el sacerdote es ‘alter Christus’ (otro Cristo) y que participa de la misión redentora de Cristo. Por esto realiza su misión llevando su cruz personal y ayudando a los demás hombres a llevarla como camino ineludible de la vida de cada cristiano. De este modo repara por sus propios pecados y por los pecados de los demás y da un valor sacerdotal a su propio sufrimiento.

Los sacerdotes no pedimos nada para nosotros, sino que ponemos nuestra vida entera a disposición de Dios y de su pueblo. «Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). Así estamos llamados a anunciar que quien pierde la vida por el Señor y su Evangelio, la gana (Mt 16, 25: Lc 9, 24). Quien conoce un poco los escritos del beato don Poppe (1890-1934), recordará lo que él escribía: «Oblatus est, Jesús se ofreció. El me amó, El se inmoló por mí. O Jesús, heme aquí contigo, pegado a la cruz, unido a Ti, hasta la locura de tu cruz. O salutaris Hostia! He aquí que por medio de tu muerte, Tú has engendrado la vida. He aquí el Cordero de Dios… He aquí el buen Pastor que ha dado la vida por sus ovejas y, por medio de la muerte, ha vencido al mundo. Oh Jesús, yo soy feliz de ser tu sacerdote-víctima, muerto y sepultado, resucitado contigo».

- Hasta el momento, del tiempo que lleva en Salamanca y de su deambular por los pueblos, ¿qué es lo más gratificante?

-Lo más gratificante es que Dios nunca me ha abandonado, nunca me ha dejado solo, lo digo como sacerdote joven que soy.

- ¿Y lo más duro?

-Yo creo que lo más difícil es estar lejos de tu país, de tu familia, de tus seres queridos, de tus amigos, de tus compañeros sacerdotes.

- A la hora de acudir a algún pueblo para participar en la eucaristía, ¿ha encontrado alguna dificultad?

-Hasta el momento no he encontrado ninguna dificultad, al contrario me han acogido con mucho cariño, estoy muy agradecido con todas las personas que conozco, les agradezco por su testimonio de vida, por su amor a Cristo y a la Iglesia.

- ¿Qué relación mantiene con los sacerdotes españoles?

-Nos llevamos muy bien, nos ayudamos mutuamente y cada mes nos reunimos para la formación permanente y también para los ejercicios espirituales.

-¿Ve mucha diferencia entre la forma de vivir la religión y la fe en su país y la forma cómo se hace en España?

-La forma de vivir la religión, la fe en Perú es muy variada y profunda, porque tiene una gran cultura religiosa propia de la integración y mezcla de las culturas peruanas que se enriquecieron y tomaron un matiz cristiano con la fe católica traída de España. Es importante tener en cuenta que la fe es un don, un regalo que Dios da a quienes creen no porque los creyentes tengan méritos o sean mejores que los demás, sino porque han descubierto y acogido ese don simplemente como lo que es, algo inmerecido.

En una de las visitas que realizó Benedicto XVI a España les recordaba a los españoles católicos lo siguiente: «Es importante avivar la fe y transmitirla con valentía». Y para mantener encendida la fe en España, yo creo que es necesario renovar cada día nuestra confianza en Dios.

- Tras sus estudios continuará camino en su país o quizás en otros, ¿cómo quiere que recuerden su paso por España?

-Como aquel sacerdote alegre de servir a Cristo y a su Iglesia.

-¿Algo que le haya llamado significativamente la atención al llegar a Salamanca?

-La participación de personas muy mayores en la santa misa y tener que celebrar la eucaristía en 30 minutos. Y la falta de participación y compromiso con las parroquias.

- ¿Hacia dónde cree que camina la Iglesia?

-Yo creo que la Iglesia camina hacia la meta última y maravillosa que es el Reino de los Cielos. Y en este tema el Papa Francisco nos recuerda que «el pueblo de Dios camina con una promesa». «Es importante que tengamos presente en nuestra vida esta dimensión: la dimensión de la memoria». En ese sentido, indica el Papa Francisco que «un cristiano es un memorioso de la historia de su pueblo, es memorioso del camino que el pueblo ha cumplido, es memorioso de su Iglesia. La memoria... la memoria de todo el pasado... Después, este pueblo ¿a dónde va? Hacia la promesa definitiva».

«Es un pueblo que camina hacia la plenitud; un pueblo elegido que tiene una promesa en el futuro y camina hacia esta promesa, hacia el cumplimiento de esta promesa. Y, por ello, un cristiano en la Iglesia es un hombre, una mujer con esperanza: esperanza en la promesa. Que no es expectativa: ¡no, no! Es otra cosa: es esperanza. ¡Esa que no defrauda!

- Usted es una persona joven en una institución arraigada en el pasado, ¿piensa que la Iglesia debería cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos?

-En la Exhortación Apostólica EvangelII Gaudium (49), el Papa Francisco nos insiste una y otra vez: «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos». La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: «No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos». El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama «la cultura del encuentro». Está convencido de que «lo que necesita hoy la Iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones».

- Cada vez hay menos vocaciones, ¿a qué cree que se debe esto?

- La escasez de vocaciones es un tremendo desafío que nos pone Dios por delante, y al que no siempre estamos dispuestos a enfrentar. Cada día hay menos seminaristas, menos curas y muchos de los que van quedando son ya mayores con las consiguientes e inevitables limitaciones que eso lleva consigo. Si queremos vocaciones tendremos que esperar a que vuelvan a existir suficientes familias cristianas que las abonen y las preparen. Mientras, tendremos que orar con perseverancia, pidiendo al Señor que envíe operarios a su mies, como Él mismo nos manda hacer (Lucas 10,2), confiando en que Él ha de inspirar a su Iglesia en la búsqueda de soluciones que lo sean de verdad. Concluyo con esta pequeña oración por la jornada mundial para las vocaciones: «Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización».

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