Emotivo y caluroso ofertorio a Nuestra Señora de la Cuesta en su día

Tanto chicos como chicas bailaron los paleos ante la Virgen y la multitud de público asistente. /M. J. Gutiérrez
Tanto chicos como chicas bailaron los paleos ante la Virgen y la multitud de público asistente. / M. J. Gutiérrez
Miranda del Castañar

Danzarines, mozas y mocina del ramo y bobo de la danza, todos dedicaron sus relaciones y sus bailes a la patrona

M. J. GUTIÉRREZMiranda del Castañar

Como cada año, el ofertorio a Nuestra Señora de la Cuesta de Miranda del Castañar es uno de los momentos estelares de las fiestas patronales de esta villa serrana y también uno de los más emotivos. Ayer no fue distinto, y las seis mozas del ramo -este año había dos menos que de costumbre-, la mocina del ramo, junto a los ocho danzarines, el bobo de la danza y el tamborilero consiguieron arrancar los aplausos del público congregado en la plaza de la Iglesia, en una jornada en la que las altas temperaturas se hicieron sentir, haciendo aún más caluroso si cabe este acto.

La eucaristía en honor a la Virgen de la Cuesta dio paso, como es costumbre, al ofertorio, sin procesión, pues esa ya se había realizado el día antes, al subir a la patrona desde su ermita a la iglesia. Tras la misa, la talla se colocó a la puerta y comenzó el ofertorio con los danzarines yendo a buscar a las mozas del ramo, que se encontraban a la entrada de la plaza, donde dedicaron una canción a la patrona. Una vez colocados todos ante la imagen, comenzaron las relaciones, empezando la mocina del ramo, Andrea, una niña de 8 años de Salamanca que, entre otras cosas pidió a la Virgen salud para su familia. Le siguieron las otras seis mozas del ramo, jóvenes de Miranda del Castañar, Córdoba, Barcelona y Salamanca, que recordaron quienes son sus abuelos, para que todos supieran quiénes eran. Entre sus peticiones, las más comunes: salud y trabajo para sus familias, y paz y alegría para Miranda.

Los danzarines les siguieron con sus relaciones, también emotivas, en las que las bromas se mezclaban con las peticiones y en las que no olvidaron pedir a la gente que pague la Peña del Toro o que otros jóvenes se animen para servir a la patrona.

La emoción y los nervios se dejó sentir en las relaciones de todos estos jóvenes, tanto en chicas como en chicos y hasta en el bobo de la danza, lo que hizo que en algún momento olvidaran sus poesías, a lo que el público respondía con un fuerte aplauso animándolos a seguir.

Acabada esta parte importante del ofertorio llegaron las danzas, con la Cruz, los Paleos y el Ramo, para continuar después con la entrega de las ofrendas, entre las que había bollos maimones, hornazos, rosquillas... y también un lomo y un jamón, productos todos ellos que fueron subastados, alcanzando precios como 250 euros, el jamón; 200 euros, el lomo; 70 los roscones; 80 los hornazos o 60 las rosquillas, cantidades que se sumaron a los donativos entregados por los vecinos.

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