El día que la ciudad vieja renació

La Unesco nombró Patrimonio de la Humanidad a Salamanca hace ahora 29 años

Placa conmemorativa del XX aniversario de Salamanca como Patrimonio de la Humanidad. /Víctor Antoraz
Placa conmemorativa del XX aniversario de Salamanca como Patrimonio de la Humanidad. / Víctor Antoraz
DANIEL BAJO / WORDSalamanca

Hace exactamente 29 años Salamanca se despertó con otro aire. A miles de kilómetros, en Brasilia, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de la Unesco (Icomos) había dado el visto bueno definitivo para declarar a la ciudad vieja Patrimonio de la Humanidad. Salamanca se unía así a un club selecto en el que ya había ciudades españolas como Cáceres, Toledo, Ávila o Segovia.

Icomos tiene seis criterios de selección para elegir a los monumentos o entornos que aspiran a ser Patrimonio de la Humanidad y los candidatos deben cumplir al menos uno. En el caso de Salamanca fueron tres: cuenta con «una obra maestra del genio creativo humano»; atestigua un «importante intercambio de valores humanos» dentro de una zona cultural y, finalmente, es un ejemplo de algún tipo de «edificio, conjunto arquitectónico, tecnológico o paisaje» que ilustra una época de la historia humana.

El informe de Icomos detallaba cómo cumplía Salamanca con esos tres criterios. En cuanto al primero, citaba a la Plaza Mayor como «logro artístico único del Barroco». Para el segundo, recordaba a la «dinastía de arquitectos, decoradores y escultores» de los Churriguera, sus obras y su «considerable influencia» en España y América. Y para el tercero, destacaba el «patrimonio arquitectónico admirable» surgido en torno a la Universidad, que conforma «un grupo de excepcional coherencia».

Fueron los tres criterios que, a juicio de Icomos, merecían un titulo de Patrimonio de la Humanidad. Desde entonces, la ciudad ha sabido aprovechar el tirón de este nombramiento y de otros acontecimientos de calado, como la Capitalidad Cultural Europea en 2002, el 250 aniversario de la Plaza Mayor en 2005 y (esperemos) el VIII Centenario en 2018 para reinventarse como un destino turístico y cultural de interior.

Deberes pendientes

Es verdad que el nombramiento no ha impedido que algunos restos arqueológicos y culturales como el Botánico o el Colegio de Pan y Carbón sigan deteriorándose. Y es cierto que hubo algunos tirones de orejas por parte de la Unesco cuando algunas entidades e instituciones públicas propusieron construir un auditorio en el solar de las Adoratrices o excavar un aparcamiento subterráneo en la plaza de Los Bandos, pero no cabe duda de que la ciudad se merecía el nombramiento y de que esas ideas peregrinas, que hace décadas habrían tenido tirón, hoy en día son inaceptables. Y por si acaso, hay organizaciones como Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio que vigilan para que a nadie se le ocurra hacer tonterías con la historia común de la ciudad.

Declaraciones

Como en 1988 sólo había dos cadenas de televisión y Google no era más que una palabra absurda, no es fácil saber qué opinaban los salmantinos de a pie de aquel nombramiento como Patrimonio de la Humanidad. Por si sirve de algo, ‘El País’, recogió unas palabras del alcalde, Fernando Fernández de Trocóniz, en las que aseguraba que «la declaración supondrá para Salamanca una promoción turística importante tanto dentro como fuera de España» pero «también significará una mayor concienciación y responsabilidad del Ayuntamiento y de los ciudadanos». Han transcurrido 29 años y podrían pasar por declaraciones de ayer mismo.

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