Charlas divulgativas para disfrutar de las Lágrimas de San Lorenzo

Jorge Hernández imparte una conferencia sobre astronomía. / WORD

Este fin de semana será visible la lluvia de estrellas, que los astrónomos aconsejan ver alejados de la ciudad o en una zona sin farolas

REDACCIÓN / WORDSALAMANCA

Como cada año por estas fechas llega la lluvia de estrellas más famosa: las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo. Aquellos que quieran disfrutar de ellas tendrán que poner su vista al cielo del 11 al 13 de agosto.

En esta ocasión, como novedad, se impartirán en Salamanca las charlas divulgativas ‘Las lluvias de estrellas, a tu alcance’, en las que se dará una introducción a las lluvias de estrellas, cómo observarlas, y cómo colaborar mediante la aplicación gratuita ‘¡He visto una!’, apuntan sus organizadores.

Las lluvias de estrellas se producen cuando la Tierra, en su órbita alrededor del sol, atraviesa una nube de escombros dejada a su paso por un cometa. En estas nubes hay diminutos fragmentos rocosos provenientes del cometa que, cuando entran en la atmósfera de la Tierra a velocidades muy altas, producen el fenómeno de las estrellas fugaces.

Asociado a cometas

A lo largo del año se dan diferentes lluvias de estrellas asociadas a diferentes cometas. La lluvia de estrellas de las Perseidas se debe al cometa Swift-Tuttle, y se da cada año por estas fechas. El máximo de la lluvia está previsto para la noche del 12 al 13 de agosto, cuando se podrán ver decenas de estrellas fugaces por hora.

Tradicionalmente, a esta lluvia de estrellas se la ha conocido como las lágrimas de San Lorenzo, porque su máximo es sólo dos días después del día de San Lorenzo, que fue quemado vivo en una parrilla. El nombre de Perseidas es por la constelación de Perseo, que es de donde parecen venir todas las estrellas fugaces de la lluvia, por efecto de la perspectiva.

Para observar la lluvia de estrellas de las Perseidas, o las Lágrimas de San Lorenzo, los astrónomos aconseja alejarse de la ciudad, o en su defecto ir a las afueras de ella, a una zona sin farolas, y tumbarse sobre una esterilla o una tumbona, con un saco o manta para no pasar frío mientras se contempla el cielo.

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