Cerca de 1.200 peregrinos utilizan el albergue en los siete primeros meses

Luigi Trovó y Rosendo García, a la puerta del albergue de La Calera. / LAYA

Más de 2.300 personas partieron de Sevilla a Santiago por la Vía de la Plata en el año 2016

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

¡Ultreia!, que significa ¡sigue adelante! Esta es una de las palabras que hace siglos más se escuchaba entre los peregrinos del Camino de Santiago para darse ánimo y saludarse. Hoy en día, lo más habitual es escuchar ¡Buen Camino! Cada año, más de 300.000 personas recorren la ruta de peregrinación más antigua de Europa a pie, en bicicleta o a caballo y Salamanca es una zona de paso en una de sus variantes, la Vía de la Plata, que tiene su inicio en la ciudad de Sevilla.

Según las estadísticas de la Oficina del Peregrino en Santiago de Compostela, en 2016, solicitaron su Compostela (el documento que acredita al menos 100 kilómetros recorridos a pie o 200 en bicicleta), un total de 2.329 peregrinos que partieron de Sevilla por la Vía de la Plata y que pasaron por Salamanca aunque no hicieran noche aquí. Durante ese año, hasta un total de 413 personas acreditaron haber iniciado el Camino de Santiago desde Salamanca. Otro dato a destacar es el total de peregrinos que se decantaron por la Vía de la Plata, hasta 9.076, que supone un 3,26% del total, aunque el más popular es el Francés.

En Salamanca capital cuentan con un albergue municipal, La Calera, con 18 plazas y ubicado junto al Huerto de Calixto y Melibea. De enero a julio de 2017 ya han pasado un total de 1.157 peregrinos, que suponen 105 más que el año anterior. A ellos hay que sumar otros 49 de los primeros ocho días de agosto. Por meses, en enero y febrero pasaron por estas instalaciones 22 y 20 peregrinos respectivamente, y ya en marzo, la cifra total ascendió a 130, el doble fue en abril (319) o en mayo (338). Ya en junio se produjo un ligero descenso, hasta los 204 y en julio, 124. En 2016, este albergue acogió a un total de 1.708 peregrinos.

En cuanto al perfil de los peregrinos que hicieron noche en el albergue de La Calera en los primeros siete meses de este año, el 71% fueron hombres (833) frente a un 28% de mujeres (324). También destacar que más de la mitad, el 67% (779), son extranjeros frente a un 32% de españoles (378).

Los responsables de recibir a los peregrinos a diario son los hospitaleros, personas voluntarias que proceden de diferentes puntos del país. Los primeros 15 días de agosto ha sido turno de Paquita Rodríguez, una catalana de Terrasa de 68 años que antes de ser hospitalera ha sido en esta vida peregrina, hasta en cuatro ocasiones. Este es el segundo año que hace labores de hospitalera en un albergue y la primera en Salamanca. «Tener al lado el Huerto de Calixto y Melibea es un maravilla», admite. En los días que lleva ella en La Calera, desde el 1 de agosto, ha percibido una mayor cantidad de peregrinos que hacen el Camino de la Vía de la Plata en bicicleta. Para ella, el Camino de Santiago es especial: «Lo que haces en el Camino representa tu camino de la vida». Su cometido estos días es recibir a los peregrinos entre las 12.00 y las 13:00 para que puedan dejar sus mochilas en el albergue, y a partir de las 16:00 pueden entrar a utilizar las instalaciones, y llegar hasta un máximo de las diez de la noche.

Una demanda habitual entre los usuarios de este albergue es un cambio del horario actual, «les resulta incómodo después de caminar 25 o 30 kilómetros tener que esperar desde la una del mediodía hasta las cuatro de la tarde para entrar», apunta la hospitalera tras recibir esta demanda de numerosos peregrinos. Y ellos mismos lo relatan y echan de menos no poder darse una ducha según llegan a Salamanca.

Diversas nacionalidades

En primeros ochos días que Paquita Rodríguez lleva en Salamanca ha recibido peregrinos de distintas nacionalidades, desde Francia, Australia, Bélgica, Japón, Polonia, Alemania, Austria o Italia, entre muchos otros que repasa en sus libro de registro de entradas, desde donde también controla el lugar desde donde iniciaron el Camino de Santiago. Con los que ella ha tratado sobre todo iniciaron la ruta en Sevilla, pero también destaca Mérida y puntos mucho más lejanos, a miles de kilómetros de Salamanca como París o Polonia.

Con ella es fácil repasar anécdotas con los usuarios del albergue, como la de un peregrino belga que hace su peregrinación en bicicleta y que cuando llegó a Salamanca ya llevaba 3.100 kilómetros. Además, esta hospitalera ha creado un bloc de dibujo que inició ella con una acuarela de la entrada del albergue y que cada día anima a los peregrinos que pasan por allí a que le dejen su dibujo o mensaje. «Uno de los dibjos lo ha hecho un peregrino ciego de 37 años que iba junto a un amigo y son dos notas musicales que simulan los pies en el Camino», subraya. De hecho, este dibujo lleva por título:‘El sonido del silencio’. En tan solo ocho días, Paquita ya acumula 33 dibujos, sobre todo con ilustraciones que hace referencia al Camino y a su experiencia en él. De hecho, se puede leer palabras escritas en diferentes idiomas o los que optan por dejar el mapa realizado hasta ahora en un dibujo.

Asimismo, el albergue cuenta con un libro de firmas para todo el que también quiera dejar algo escrito de su paso por Salamanca. De hecho, algunos de ellos hacen referencia al lugar donde está emplazado:«El huerto más bonito en el que he estado en toda mi vida», dejaron escrito.

Para esta hospitalera ser voluntaria«alimenta el alma», y gran parte de su vida la ha dedicado a los demás. «Llevo 27 años como voluntaria de los enfermos que van a Lourdes», relata. A Paquita Rodríguez le aportan más los peregrinos que ella a ellos:«Aprendo mucho de los más jóvenes, sobre todo de nuevas tecnologías».

Desde las cuatro de la tarde que recibe en La Calera a los peregrinos hasta que se van a dormir, sobre las 21:30 horas, tiene tiempo para conversar con ellos, con quien comparte sus fatigas, son dolores de pies o del alma, etc. En las instalaciones del albergue cuentan con un microondas para calentar comida, el aseo con la ducha y una centrifugadora que les ayuda en la tarea de lavar su ropa. En la planta de arriba, por la que se sube a través de una escalera de madera, están las habitaciones, cuatro en total, con varias literas en tres de ellas y una más para la hospitalera.

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