Los cementerios se llenan para recordar a los difuntos en el Día de Todos los Santos

Uno de los pasillos del cementerio San Carlos Borromeo lleno de personas que fueron a visitar ayer a sus difuntos. /ANTORAZ
Uno de los pasillos del cementerio San Carlos Borromeo lleno de personas que fueron a visitar ayer a sus difuntos. / ANTORAZ

La tradición se mantiene en la capital, donde se incrementa la venta de flores y dulces típicos

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

En la inmensidad del cementerio de San Carlos Borromeo en un día como el de Todos los Santos sorprende la cantidad de personas que se van y vienen por sus pasillos y pabellones, con claveles, ramos y centros de flores en la mano. Pese al incremento de visitantes, el silencio predomina aunque se reúnan en torno a una sepultura o nicho muchos integrantes de una misma familia.

El 1 de noviembre es momento de honrar a los fallecidos, seres cercanos o no, de llevar flores, de rezar, de recordar...Un año más, ese ambiente es el que se respira en cada campo santo de Salamanca.

El cementerio más antiguo de la capital, el de San Carlos Borromeo, desprende historia en muchos de sus rincones, y etapas del pasado que marcaron un antes y un después en muchas vidas. Miles de fechas, del nacimiento y de la muerte de cada persona que allí descansa, su edad en el momento del deceso, a veces también queda reflejada en la lápida su profesión, o su fotografía. Cuando se pasea por una necrópolis, como ocurre en la de Salamanca, se aprecia el paso del tiempo a través de las imágenes de los panteones y nichos. Algunas en blanco y negro, otras, de color, a veces, de la misma familia pero en diferentes siglos.

Del cementerio de Salamanca se puede destacar algunas zonas donde están enterrados personajes ilustres, como el nicho de Miguel de Unamuno, donde es fácil escuchar a muchos de los que por allí pasan:«¿Es aquí donde está la tumba de Unamuno?». Basta permanecer allí durante algo más de cinco minutos para comprobar la curiosidad de numerosas salmantinos. Una figura a la que siempre se recuerda, de forma especial en el aniversario de su muerte (el 31 de diciembre de 1936). Resaltar también el epitafio de su lápida: «Méteme, Padre Eterno, en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí pues vengo desecho del duro bregar».

Este tipo de inscripciones sobre las lápidas es más habitual leerlas en la parte más antigua del cementerio salmantino. Entre los mensajes se puede leer alguno que dice:«Hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno». En otros casos es fácil identificar el motivo de su muerte, como el caso de un joven de 17 años:«Murió gloriosamente por Dios y por la Patria en diciembre de 1936 en el frente de Brunete», en plena Guerra Civil Española.

Y precisamente de esa etapa de la historia de España está dedicada una de las zonas del cementerio salmantino, en uno de sus rincones más alejados de la entrada principal, donde se levanta un monolito en memoria de las víctimas del franquismo en homenaje a sus familias. Además, junto a este monumento de piedra está una escultura de hierro que representa a un cuerpo (sus huesos), tras recibir el tiro de gracia (que se daba en la cabeza para rematar a quien había sido fusilado).

En esa zona se encuentra un listado de nombres y a veces de su procedencia, que empieza por los primeros fallecidos por su forma de pensar el 19 de julio de 1936, en la Plaza Mayor. Y entre los fusilados se encuentra el del alcalde republicano Casto Prieto Carrasco.

Sobre una pared cercana al memorial se puede leer en una placa un poema de Miguel Hernández al respecto de esas y otras muertes similares:«Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños».

A escasos metros se encuentra la zona que tiempo atrás se destinada a enterrar a los niños, con tumbas sobre la tierra de pequeño tamaño, ya abandonadas muchas de ellas por el paso de los años, desierto y sin apenas flores que los recuerden.

De forma especial honraban ayer a sus muertos la etnia gitana, en silencio y respeto, llenando sus tumbas y nichos de flores y el calor de familias al completo.

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