Cáritas detecta un aumento de la pobreza en familias que tienen trabajos precarios

Uno de los repartos diarios que realizan en el Comedor de los Pobres. /LAYA
Uno de los repartos diarios que realizan en el Comedor de los Pobres. / LAYA

Esta organización invierte 380.000 euros en necesidades básicas durante el primer semestre

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

Tener un trabajo ya no garantiza hoy en día cubrir las necesidades básicas de una familia. Así lo confirman desde Cáritas Diocesana de Salamanca, donde han notado un incremento de personas que solicitan ayuda pese a tener un empleo. Cuando en la calle se habla de una remontada de la crisis económica sufrida estos últimos años, e esta organización hablan de una pobreza que se empieza a «cronificar», con mayores desigualdades en la población y la desaparición de la denominada clase media.

Lo atestiguan dos de las responsables del servicio de acogida y atención primaria de Cáritas, Oliva Martín y Mercedes Prieto, quienes viven de cerca la realidad de cientos de familias que demandan ayuda a diario.

Durante los primeros seis meses del año, de enero a junio, la organización diocesana atendió a 1.100 familias, prestando 2.204 ayudas y una inversión de 380.346 euros. La mayor inversión es el apoyo en materia de vivienda, con 1.268 ayudas y un desembolso de 268.431 euros, que incluye el respaldo para el pago del alquiler y de los suministros básicos, como la luz o el gas.

«El 65% de las personas que atendemos está en edad laboral pero o bien no tiene empleo o tiene uno precario ya sea de media jornada o completa pero que no le permite tener suficientes ingresos», subraya Oliva Martín.

A diferencia de los años iniciales de la crisis, en Cáritas han detectado una disminución de las familias que llegan sin ningún tipo de ingreso, sin embargo, alertan del incremento de aquellas cuyos trabajos precarios no les llega para cubrir todas las necesidades básicas de la familia. «Ha empeorado mucho la situación laboral, los ingresos que vienen del trabajo, con convenios muy básicos que no les permite cubrir ni los gastos de su vivienda», advierten estas trabajadoras de la organización diocesana.

Al respecto, aseguran que la vivienda nunca debería de superar el tercio de los ingresos de una familia. El alquiler medio en Salamanca nunca baja de 300 euros y el salario mínimo es de 700 euros, que es lo que perciben una gran cantidad de trabajadores en Salamanca.

«El trabajador ‘pobre’ es uno de los perfiles que más ha crecido en el servicio de acogida de Cáritas, que viene a pedir ayudas y es una situación que se puede cronificar», advierten. Hasta ahora, como argumentan Oliva Martín y Mercedes Prieto, «toda la vida se consideró el trabajo como la fuente de vida y hoy en día, el trabajo no garantiza esa situación ni que puedas tener una vida digna a ningún nivel».

Las familias tienen que enfrentarse a los gastos de la vivienda, como el pago del alquiler y de los suministros básicos como el gas o la luz, ya ellos sumar los de alimentación, farmacia o en el caso de tener hijos, los del colegio.

Por ejemplo, en Cáritas también confirman el aumento de las ayudas de farmacia, «porque cuando no hay dinero, salvo que sea una situación grave, es una de las cosas donde dejas de gastar», subrayan. Otra de las causas del incremento es que cada vez hay más medicamentos que no entran por la Seguridad Social y los trabajadores tienen que costearlos.

En este sentido, Oliva Martín insiste en la importante brecha que se ha abierto en cuanto a la desigualdad social:«Se ha incrementado con la crisis, de hecho, España es uno de los países donde más se ha agudizado ese nivel, incluso con la desaparición de la clase media, la más dañada», detallaMercedes Prieto, que realiza su labor dentro del servicio de acogida en la zona trastormesina, en concreto, los barrios de San José, El Zurguén, Tejares y Chamberí.

Muchas de las familias que atienden se ven abocadas a cambiar de trabajo con mayor frecuencia, con lo que pierden la estabilidad, o incluso, tener más de un empleo para completar sus ingresos. Por otra parte, han detectado la transmisión de la pobreza,«y atendemos a nietos de usuarios anteriores que siguen en la misma situación».

El mayor gasto de este servicio de Cáritas es el relacionado con la vivienda, con la ayuda para el pago de alquiler y suministros. «El tema del trabajo es esencial, pero que permita cubrir todos los gastos básicos y vivir con dignidad», coinciden ambas trabajadoras de Cáritas. En este sentido, esta organización insiste en fomentar la educación y la formación en las familias,«y mínimo, hay que tener el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO)», porque de otra forma se complican las oportunidades de empleo.

Personas solas

El perfil de las familias suele ser con hijos, seguido de personas solas, es decir, que han roto los lazos familiares, y por último, las monoparentales, «hace unos años éstas estaban por delante de las solas, pero eso ha cambiado». Si algo tienen claro es que cada persona que pide ayuda en esta organización, «tiene una situación y hay que estudiarla porque no siempre lo que demandan es lo que más necesitan, a veces sí, pero no siempre».

Un de las pautas que siguen en el servicio de acogida y atención primaria es comprobar que las familias que piden ayuda para cubrir sus necesidades básicas ya hayan acudido previamente a los cauces de los servicios sociales, que conozcan su situación y puedan beneficiarse de las prestaciones oficiales, como la Renta garantizada de Ciudadanía, entre otras.

Por otra parte, además de ofrecerles ayudas específicas de dinero, Cáritas también hace un estudio de la situación para tratar de solucionar el problema económico más allá, por ejemplo, mejorando la formación de sus integrantes, incluyo con el apoyo para que obtengan el título de la ESO, o entrando a formar parte de la bolsa de empleo.

Otra de las organizaciones que espalda a las más familias con más dificultades económicas es Misioneros Amigos delSilencio, el Comedor de los Pobres, donde también han detectado un estancamiento de la gente sin recursos, sobre todo, por las dificultades para encontrar un empleo, como señala su responsable, Rocío Ledesma. En la actualidad, atienden a cerca de 500 personas y unas 80 familias, a las que reparten 180 comidas diarias en su sede del paseo de la Estación, de lunes a viernes. Además, les dan un lote mensual de alimentos para cubrir otras comidas importantes del día, como el desayuno o la cena, así como los fines de semana.

La media de ingresos de sus usuarios varían entre 500 y 700 euros, con una edad media de entre 40 y 50 años, con varios hijos a su cargo. Ledesma subraya el gran número de mujeres que están solas con varios hijos a su cargo porque también detectan la ruptura de parejas con la crisis económica de la familia. Toda esta labor es posible en gran parte por la colaboración de los voluntarios que ayudan tanto en la elaboración de las comidas como en su distribución. De los demandantes de la ayuda, un 20% son extranjeros, y la filosofía de esta organización «es tener las puertas abiertas a todo el que necesite ayuda».

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