«Del cáncer de mama se sale, hay que lucharlo porque nadie puede levantarse por ti»

María José Sánchez, junto al emblema del Día Mundial. /WORD
María José Sánchez, junto al emblema del Día Mundial. / WORD

Hace dos años y medio recibió el diagnóstico y cuando perdió el pelo hizo una fiesta del pañuelo con su hija pequeña

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

Detrás de una mesa informativa en la plaza del Liceo y ataviada con un pañuelo rosa en la cabeza y una camiseta del mismo color donde se podía leer ‘Tu lucha es mi lucha, estaba María José Sánchez. Hace dos años y medio recibió un diagnóstico que nadie quiere: «Tienes un cáncer de mama». Y como ella relata, hasta ese momento, no se había notado nada, fue en una revisión. «Tenía dos tumores en una mama», le dijeron, y en ese momento, recuerda que la sensación es «como si perdieras la consciencia, era incapaz de asimilarlo, tenía que decir que me lo repitieran. Es una sensación como si vieses la vida de otro, tu vida se para».

Y en ese momento, María José Sánchez pensaba en todo lo que iba perdiendo de la vida, «que son muchas cosas», porque, como apunta, «ya no sientes lo mismo que antes, la vida te da un vuelco». Para ella es como renacer en una persona distinta, «la persona que eras se muere».

Al contrario de lo que se puede pensar, para ella, el diagnóstico no es duro, ni la operación, «pero el tratamiento es espantoso por las secuelas que te deja». Y María José relata todo lo que conlleva, lo que dejó de hacer, de vivir y de sentir, como precisa. «En cinco semanas ya estaba operada y en dos meses recuperada, todo va rápido, lo único, que luego empiezas el tratamiento con la quimioterapia que ese es largo». Y ese tratamiento fue muy duro para ella, «porque es lo que te impide moverte y ser tú». Como recuerda, es «durísimo», y en su caso solo puedo aguantar diez sesiones. «Me quemaba por dentro», describe, pese a que los primeros cuatro fueron bien, «que dicen que son los más duros», pero ella sentía que se quemaba por dentro, «no aguantaba el roce de la ropa, el agua, nada, iba desnuda y descalza por casa en invierno, no soportaba nada, me abrasaba todo el cuerpo».

Eran parte de los efectos secundarios. A María José era lo que la impedía ser ella misma, «enfrentarte cada día, porque no puedes moverte, no aguantas andar, es un cansancio horrible, y la pérdida de memoria, no eres capaz de centrarte en nada, no tienes memoria inmediata, y en cuanto te dicen algo te olvidas de todo». En alguna ocasión, por esos despistes, dejaba la cazuela en el honro «y se me quemaba la comida porque no era capaz de apagarla, no tenía capacidad de reacción».

Cambio de vida

Tras el cáncer, María José Sánchez asegura que cuando se empieza a retomar la vida, «ya es otra vida», porque la anterior ya la has perdido. «Antes trabajaba y he tenido que dejarlo». Ella tiene una niña de 9 años que tenía 6 cuando la detectaron el cáncer de mama. «Con niños pequeños tienes que tirar y levantarte aunque no quieras, tienes que sacarlo, atenderlo, y yo había días que estaba mal y llamaba a una amiga para que se la llevara porque era imposible sujetarla», apunta. Y lo que a ella le ayudó era tirar de su vida, «retomarla, y es lo que intento, volver a la normalidad de otra forma».

Y nadie mejor que ella para lanzar un consejo para el paciente que reciba este diagnóstico:«Diría que lo más importante es que tiene que agarrarse a la vida, a su vida, porque a mi me decían que por mi hija, pero mi hija va a seguir viviendo y tengo que agarrarme a la vida y luchar por mí, porque quiero compartir momentos con mi hija, con mi marido, con mi familia. No por ellos, por mí, es un poco ser egoísta, no pensar en los demás».

Su recomendación es que ante esta enfermedad se sea egoísta, «reaccionar como tu cuerpo te lo pida, y tienes que salir cuando quieras, y necesitas momentos de reencontrarte a ti mismo porque sino te metes en un bucle de hacer lo que otros quieren, y no , hay que buscar el camino, y seguir tu lucha, es tuya, nadie puede luchar ni levantarse por ti, tienes que esforzarte cada día». Esta mujer precisa que se sale de esto, «hay que lucharlo y tener ganas».

Y tras el proceso, ella ve la vida de otra forma, «aprecias cosas que antes no, y cosas que antes dabas mucha importante dejan de tenerla, porque algo bueno es que sales de ello muy fuerte». María José ha aprendido que hay que aprovechar la vida «y vivir cada día como si fuera el último». Cuando perdió el pelo fue un momento «durísimo», para ella, «el peor día, porque te enfrentas a la enfermedad y se la enseñas al mundo». Ese día hizo una fiesta del pañuelo con su hija de 6 años entonces, «por todo lo que puede suponer para una niña pequeña ver a su madre sin pelo».

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