La amenaza de lluvia y el frío empañan la celebración en la calle del Lunes de Aguas

Dos agentes de la Policía Local vigilan al escaso grupo de personas que celebraban ayer el Lunes de Aguas a mediodía. /LAYA
Dos agentes de la Policía Local vigilan al escaso grupo de personas que celebraban ayer el Lunes de Aguas a mediodía. / LAYA

Muchos salmantinos optaron por comer el hornazo en sus casas ante el tiempo desapacible

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

El Lunes de Aguas de 2018 se recordará por el hecho de no haber podido salir al campo a comer el tradicional hornazo que marca esta jornada. Las habituales zonas verdes de la capital donde se suelen congregar cada año miles de personas, durante el día de ayer apenas se contaban por centenas, según los momentos del día.

Desde hace unos días, las previsiones meteorológicas no eran propicias, y aunque la lluvia apenas hizo acto de presencia durante la jornada, aunque si existía su amenaza con un cielo gris plomizo, el suelo tampoco estaba en las mejores condiciones tras una noche en la que si hubo precipitaciones.

Muchos salmantinos optaron por comer el hornazo en sus casas, al abrigo del calor del hogar, ya que las temperaturas en calle fueron desapacibles, y variaron entre los tres de mínima y los nueve de máxima. En los establecimientos si se respiraba un ambiente más acorde a un Lunes de Aguas, con el trasiego de este producto gastronómico salmantino, que según los comensales así era su tamaño.

Pero bastaba con recorrer otras zonas verdes de la capital, como La Aldehuela, el parque Fluvial o Huerta Otea para comprobar que parecía un lunes cualquiera, sin presencia de grupos de amigos o familia reunidos en torno a una mesa de camping o una manta en el suelo. Y no solo comiendo hornazo, porque a este se suma otros productos, como embutidos, la tortilla de patata, etc.

La escasa afluencia en las zonas verdes de la capital se notó en el tráfico rodado

Y el hecho de que la tarde fuese festiva y no se abrieran los establecimientos, tampoco animó a salir a festejar en el campo. Entre los que se animaron a cumplir con la tradicional destacaban los jóvenes estudiantes, que ya sin clase y ataviados con ropa de abrigo si se acercaron por grupos al cobijo del Puente Romano.

Cabe destacar que el Ayuntamiento de Salamanca había organizado un despliegue de tráfico y de seguridad ante el Lunes de Aguas, y junto a esta zona del río Tormes si estuvieron presentes varios agentes de la Policía Local. A primera hora de la tarde la afluencia era escasa y eran pocos los que optaban por sentarse sobre una manta, casi todos los allí presentes permanecían de pie, con bebidas en la mano.

La intensidad de tráfico tampoco fue la prevista para un Lunes de Aguas, y las retenciones fueron las habituales de la salida de los centros educativos, entre las 14:00 y las 15:00 horas. Otra de las prohibiciones para esta jornada era la de no realizar barbacoas pero tampoco hubo incidencias al respecto, e incluso en algunos parques de la ciudad que solían llenarse de público en esta jornada, a primera hora de la tarde permanecían vacíos.

De hecho, algunos establecimientos hosteleros que solían cerrar decidieron abrir sus puertas porque algunos clientes optaron por celebrarlo en su interior. El tiempo empañó la celebración en el exterior pero no disminuyó la compra de este producto gastronómico, aunque se vende durante todo el año, incrementa su producción durante estas fechas.

Cabe recordar que el Lunes de Aguas pasados ocho días del Domingo de Resurrección (el segundo lunes de Pascua), y que rememora una fiesta entre la tradición y la leyenda, ya que inicialmente recordaba el paso del Mar Rojo por los israelistas en la adaptación de la Pascua judía a la cristiana, pero que en el imaginario colectivo salmantino se instaló como el recuerdo del regreso de las prostitutas a la ciudad en el siglo XVI, tras el periodo de inactividad impuesto cada año por la Iglesia durante los días de Cuaresma, Semana Santa y Pascua.

La tradición se recoge también en un romance:«Lunes risueño y festivo, se bebía, se jugaba, corría el vino a raudales, se comía, se apostaba, que la vida licenciosa a la villa era llegada; terminose la Cuaresma,¡ ¡la vigilia era olvidada!». Y en sus versos también se recoge la degustación del hornazo: «Con productos de la sierra, inigualables viandas, con chorizo y con jamón y lomo de la matanza, preparábase la típica y contundente empanada que con el nombre de hornazo, quedó entonces bautizada».

El origen de esta fiesta popular y pagana se remonta al siglo XVI cuando el rey Felipe II dictó unas ordenanzas que desterraba a las prostitutas que habitaban en la Casa de Mancebía de Salamanca por lo que debían ser trasladadas al otro lado del río Tormes a partir del Miércoles de Ceniza.

La tradición popular dice que el responsable de vigilar, cuidar y atender a estas mujeres durante su exilio era el llamado 'Padre Putas', que se encargaba también de devolver a estas mujeres a la ciudad el lunes siguiente al de Pascua. Pero en esta ocasión, no se pudo celebrar como en años anteriores con mayor afluencia en las zonas verdes, especialmente junto al río, como marca la tradición.

Pero el tiempo desapacible no impidió que se cumpliese con la tradición de comer el hornazo el segundo Lunes de Pascua, del que existen diferentes ingredientes que se pueden añadir a la masa de hojaldre que protagoniza el Lunes de Aguas cada año.

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