Acasife descubre los secretos del Camino de los Prodigios y Miranda

Los participantes en la Marcha Arriera ayer por el Camino de los Prodigios entre Villanueva del Conde y Miranda del Castañar./Marjés
Los participantes en la Marcha Arriera ayer por el Camino de los Prodigios entre Villanueva del Conde y Miranda del Castañar. / Marjés

Una veintena de socios y simpatizantes de la agrupación participaron ayer en la duodécima Marcha Arriera por la Sierra de Francia

MARÍA JESÚS GUTIERREZMiranda del Castañar

Una veintena de socios y simpatizantes de la Asociación de Amigos del Camino de los Arrieros de la Sierra de Francia y Entresierras (Acasife) participó ayer en la duodécima Marcha Arriera que eligió como destino el Camino de los Prodigios, entre Villanueva del Conde y Miranda del Castañar, ampliando así al entorno las marchas que se iniciaron por el propio Camino de los Arrieros.

Como en ocasiones anteriores, Juan Manuel Ballesta -miembro de la gestora que se formó en la última asamblea extraordinaria y que será uno de los que dirija las riendas de la agrupación hasta el mes de enero cuando vuelva a haber una asamblea para elegir a la junta directiva-tuvo ayer un papel importante, puesto que fue quien se encargó de explicar a los participantes el contenido de los lugares que visitaron.

La marcha se inició en Villanueva del Conde, junto al Ayuntamiento, donde se reunieron personas llegadas desde Salamanca, Béjar, Colmenar de Montemayor, Peromingo, Valdefuentes de Sangusín, Valverde de Valdelacasa, Fuentes de Béjar y hasta de Horcajada de Ávila. Todos ellos iniciaron el camino hacia Miranda del Castañar, haciendo varias paradas para disfrutar del paisaje y de las obras de arte en la naturaleza instaladas en el recorrido.

Una vez en Miranda del Castañar visitaron la ermita de la Virgen de la Cuesta, donde el mirandeño Pedro Cenzual Curto le abrió las puertas y le contó la historia de este lugar, erigido muy cerca del olivo en cuyo tronco se encontró «la imagen de la Virgen de la Cuesta, una talla románica del siglo XII de unos 70 centímetros de altura», como recordaba después Ballesta. La ermita primitiva es del siglo XII, que es la parte del altar, donde está entronizada la Virgen, y ésta después se amplió en el siglo XVI, creándose en 1700 la Cofradía de Nuestra Señora de la Cuesta, que se hacía cargo del antiguo hospital de peregrinos, a lo que Ballesta añadió que aunque en 1700 estuviese en pleno auge con la creación de la cofradía, este hospital era anterior y posiblemente de la Orden de los Templarios, que estaba ubicada en la zona, donde tenían una botica con todas las hierbas que había en el lugar para curar.

Este dato histórico y otros muchos fueron los que Juan Manuel Ballesta fue desgranando a los senderistas mientras recorrían el casco histórico de Miranda del Castañar, hablándole de la muralla, de las cuatro puertas de la misma -al sur la Puerta del Postigo, al este la Puerta de San Ginés, de estilo gótico, al oeste la Puerta de Nuestra Señora de la Cuesta y al norte, la Puerta de la Villa-, de la Casa del Escribano, la antigua carnicería real del siglo XIII, la cárcel real que posteriormente fue escuela, la casa del cura, la torre exenta de la iglesia que se utilizaba como campanario y torre vigía, la iglesia, los dos paseos de ronda, la historia ligada al castillo...

Tras esta visita tan documentada, la comida se realizó en el paraje de las Fuentes, del siglo XVI, de Miranda del Castañar.

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