Sicarios del narcotráfico colombiano cumplen condena en la cárcel de Topas

Vista exterior de las instalaciones del centro penitenciario de Topas.
Vista exterior de las instalaciones del centro penitenciario de Topas. / WORD
  • Acribillaron a balazos en un hospital de Madrid a uno de los grandes capos de la cocaína de su país

El centro penitenciario de Topas cuenta entre su población carcelaria con reclusos especialmente peligrosos, que no se circunscriben únicamente a dirigentes y activistas de la banda terrorista ETA, como el sanguinario Santi Potros, y a reclusas femeninas detenidas por sus veleidades yihadistas. En sus módulos cumplen también largas condenas despiadados sicarios al servicio de las bandas de narcotraficantes que operan en Colombia. Este último bloque está encarnado por dos violentos criminales especialmente brutales.

El acceso a las fichas carcelarias de estos dos reclusos, especialmente temibles y condenados por el asesinato de uno de los principales capos del narcotráfico colombiano, Leónidas Vargas, permite determinar su identidad. El primero se llama Jonathan Andrés Ortiz y fue al autor material de este asesinato, dado que acribilló a balazos al narcotraficante colombiano en enero del año 2009 cuando este último se encontraba hospitalizado, aquejado de una enfermedad terminal, en el Hospital 12 de octubre en Madrid.

El segundo sicario encarcelado en Topas fue, en realidad, el principal cabecilla del grupo que ideó y perpetró el asesinato, cuya ejecución material corrió a cargo de Jonathan Andrés Ortiz. Este segundo sicario responde al nombre de José Jonathan Fajardo Ospina. Ambos han dormido a la sombra en la cárcel salmantina de Topas aunque, en realidad, propiamente no han llegado ni a compartir celda ni a coincidir temporalmente en los módulos salmantinos, pese a que les une una criminal complicidad en este escabroso asesinato, fruto de un ajuste de cuentas de las organizaciones del narcotráfico que operan en Colombia.

Jonathan Andrés Ortiz, según los datos recopilados por este diario, estuvo cumpliendo condena en la cárcel de Topas hasta diciembre del pasado año. Fue entonces cuando Instituciones Penitenciarias ordenó su traslado a la cárcel de Castellón.

En cambio, su correligionario José Jonathan Fajardo Ospina lleva poco tiempo confinado en Topas, a donde fue reubicado el pasado mes de marzo procedente de la prisión de Zaragoza.

El crimen por el que ambos acabaron siendo recluidos en Topas acaeció, exactamente, en un frío y desapacible 8 de enero de 2009. Jonathan Andrés Ortiz apenas tenía 24 años cuando cometió el monstruoso asesinato. Había residido en las Islas Canarias, a donde emigró procedente de su Medellín natal. En el Archipiélago canario trabajó en el sector de la hostelería, pero posteriormente se desplazó a Madrid.

Sin embargo, su trayectoria vital experimentó un escalofriante y radical giro, cuando contactó con una banda organizada de sicarios y aceptó cometer un encargo especialmente arriesgado, como era acabar con la vida de Leónidas Vargas, uno de los grandes capos del narcotráfico colombiano, en una operación que se encuadraba dentro de un evidente ajuste de cuentas entre las grandes mafias del tráfico de drogas que actúan en Colombia.

Repercusión mediática

El asesinato, que generó un gran revuelo mediático con amplias referencias informativas en los medios de comunicación españoles y colombianos, causó todavía un mayor impacto por las particulares circunstancias que lo envolvieron, dado que se produjo, nada más y nada menos, que en una habitación del Hospital 12 de octubre en Madrid.

En realidad, en dicha estancia hospitalaria se encontraba ingresado Leónidas Vargas, que fue detenido por agentes del Cuerpo Nacional de Policía en el año 2006 por su relación con un cargamento con más de 500 kilos de cocaína. Estuvo encarcelado desde aquel año en nuestro país, pero finalmente la Audiencia Nacional decidió mitigar su prisión preventiva y se apiadó de él debido a su delicado estado de salud.

Leónidas Vargas fue trasladado al domicilio que tenía entonces en Madrid a la espera de que se celebrara el juicio y se sentara en el banquillo por su amplio historial delictivo relacionado con el tráfico de drogas a gran escala, especialmente de cocaína. Sin embargo, la vista oral nunca llegó a escenificarse ni se pudieron esclarecer los numerosos hechos delictivos que se le imputaban, dado que fue asesinado a balazos en la cama de su habitación del Hospital 12 de octubre por Jonathan Andrés Ortiz.

Crónica del crimen

Al parecer y según el relato que ha trascendido de aquel crimen tras la correspondiente investigación policial, el joven colombiano entró en el Hospital 12 de Octubre ocultando una pistola entre su indumentaria. Posteriormente se encaminó hacia la planta del área de Cardiología y accedió a la habitación donde reposaba Leónidas Vargas, que compartía estancia con otro paciente.

Jonathan Andrés Ortiz se dirigió al otro paciente y le preguntó si, efectivamente, era Leónidas Vargas. El hombre le respondió que a quien buscaba descansaba en la otra cama, lo que supuso, de hecho, la ejecución del crimen. El joven colombiano no titubeó, sacó la pistola que mantenía guardada entre su indumentaria y disparó con una absoluta frialdad contra el cuerpo de Leónidas Vargas, que pereció en el acto. Posteriormente salió del hospital, se subió a un coche que le estaba esperando y se dio la fuga.

Las pesquisas policiales que se desplegaron tras el impactante crimen cosecharon finalmente el objetivo deseado. Meses después Jonathan Andrés Ortiz era detenido en la costa alicantina. Fue juzgado y condenado y hasta hace unos pocos meses permaneció recluido en la cárcel salmantina de Topas cumpliendo parte de su condena.

Las investigaciones del Cuerpo Nacional de Policía permitieron descubrir que Jonathan Andrés Ortiz no operó en solitario. Fue reclutado para consumar la siniestra misión por otro grupo criminal, que encabezaba el también colombiano José Jonathan Fajardo Ospina. Tanto Fajardo Espina como los otros miembros de su banda fueron detenidos posteriormente. Y ahora se le puede localizar en los módulos de la prisión salmantina de Topas.